31 de agosto de 2011

-Bunsen de Jorge Pinto-



-Publicado Previamente en Zona Negativa-

“¿Si encendemos una máquina de improbabilidad cuántica, no podríamos alterar el curso natural del universo?”

Introducción 

El concepto de webcómic es todavía a día de hoy algo difuso y complejo de analizar, un medio que pugna por alcanzar la madurez lleno de ramificaciones y posibilidades cuya libertad y potencial es un aliciente para una gran variedad de autores, con más o menos formación artística, que a su vez tienen formas muy diversas de enfocar sus obras y proyectos. En muchos casos hay aún una cierta tendencia a vislumbrar la publicación en internet como un paso previo al salto al soporte material, el papel y recopilatorio de toda la vida, pero también hay determinados autores, tal vez algunos menos, que no piensan más allá de la “virtualidad” de su obra y que ven el origen y el final de su trabajo en la labor que llevan a cabo en internet sin importarles ese posible mercado del “mundo real”. Estos autores siguen publicando sus trabajos de forma gratuita en la red, al amparo y promoción de las hoy todopoderosas redes sociales, desarrollando sistemas para rentabilizar su esfuerzo y dedicación mediante ingresos en publicidad, merchandising u otro tipo de alicientes que consigan fidelizar a su público. Respecto a esto es interesante mencionar la propuesta que representa un webcómic como Bunsen, “un cómic de ciencia y chocolate” del autor mexicano Jorge Pinto, ilustrador y diseñador freelance que también se ha hecho un hueco en la dirección de arte publicitario y ha trabajado en el desarrollo de software y contenido digital. Bunsen, de la que Jorge Pinto realiza varias tiras cómicas semanales, es un webcómic protagonizado por un par de científicos cuarentones de la Universidad Autónoma de México: el físico y matemático Dr. Adel Ortega y el químico orgánico Dr. Víctor Arroyo; un par de inadaptados sociales, unos geeks y nerds entregados a los designios de la ciencia que se entretienen “martirizando” a sus animales de laboratorio: el ratón maníaco-depresivo Órvil, la idealista emplumada Diana y Niko y su peculiar padre, un par de monos con unas vidas muy humanas.

Bunsen: Una Obra Dinámica

Bunsen es un webcómic orgulloso de serlo que utiliza como trasfondo el mundo de la tecnología y la ciencia, una de las mayores aficiones e intereses de su creador, Jorge Pinto, pero eso, ni mucho menos, provoca que la obra deje der ser accesible a todo el mundo ya que en ella no se manejan complejos algoritmos, ecuaciones o cuestiones científicas de gran magnitud. Podéis respirar tranquilos pues no vais a necesitar desempolvar vuestros conocimientos matemáticos ni refrescar la tabla periódica de elementos para comprender los gags de Bunsen. Más bien al contrario, la ciencia es en Bunsen una excusa para acercarnos a otros temas en los que encontraremos inevitablemente “referencias forzadas a la cultura popular de los 80″, un sentido del humor inteligente y adictivo no carente de ironía así como unos personajes entrañables y carismáticos con los que es fácil empatizar en todo momento. Jorge Pinto define a su creación como una obra dinámica “inmediata e independiente de las limitaciones físicas tradicionales”, un cómic digital en su formato y en su filosofía planteado como “un experimento de comunicación y distribución” (pero esto es algo que contará mejor él mismo en la entrevista que podéis localizar más abajo).

Todo esto encaja con un webcómic en el cual el color amarillo de la piel de sus personajes protagonistas nos recuerda forzosamente a Los Simpsons de Matt Groening y donde Jorge Pinto nos presenta un exquisito apartado gráfico trabajado desde photoshop que, pese a tener como referentes obras como el Peanuts de Charles M. Schulz, la Mafalda de Quino o el Calvin & Hobbes de Bill Watterson consigue separarse totalmente de estos para hallar su propio camino y desarrollar su particular personalidad. Bunsen, como la serie televisiva estadounidense The Big Bang Theory de Chuck Lorre, centra su atención en sus personajes siendo la ciencia y la tecnología un elemento muchas veces anecdótico que sirve como vehículo al humor de la serie, igual que el tratamiento de la cultura popular que en la obra de Jorge Pinto esta bastante diversificado y admite todo tipo de referencias, desde programas de televisión como House o Dr. Who, pasando por videojuegos como Super Mario Bros., World of Warcraft o el ancestral Pacman o películas como la saga Star Wars, Harry Potter o Transformers. No faltan en Bunsen homenajes, dedicatorias y guiños a eminentes miembros del “club científico” como Charles Darwin, Thomas Alva Edison o Carl Sagan ni a escritores de ciencia ficción como Douglas Adams, el autor de la saga que conforma la Guía del Autoestopista Galáctico.



Bunsen se distribuye en un conjunto de tiras cómicas que Jorge Pinto lleva publicando desde 2007 en internet y cuya idea asaltó a su autor en su estancia en Barcelona ese mismo año cuando estudiaba dirección de arte en dicha ciudad por lo que, como él mismo comenta, se podría decir que su obra “es un producto catalán después nacionalizado mexicano”. En sus tiras cómicas Jorge Pinto centra su atención en las relaciones sociales de sus personajes, muchas veces reconocidos como geeks y nerds que hacen gala de sus frustraciones y desavenencias con el mundo actual y real del que suelen refugiarse en su trabajo, en la tecnología y en las redes sociales. Los gags de la serie suelen basarse por ello en hechos cotidianos y habituales, con alguna pequeña trama cercana a la ciencia ficción, y muchos de ellos tienen como protagonistas a los animales de laboratorio y sus habituales reividincaciones sobre su identidad y dignidad. En conjunto, el Bunsen de Jorge Pinto es un recomendable webcómic divertido y lleno de ideas, con un apartado gráfico muy sencillo y atractivo capaz de arrancarnos una sonrisa y hacernos el día a día un poco más llevadero. Como diría el Atomic Robo de Brian Clevinger y Scott Wegener: “Mantengan la calma y confíen en la ciencia” y no olviden, como nos demuestra Bunsen y Jorge Pinto, que también puede ser divertida.

Zona Negativa Entrevista a Jorge Pinto

Zona Negativa.- ¿Hay recopilatorio en papel en tu país de Bunsen? ¿Has recibido alguna oferta o has pensado en autoeditarte?


Jorge Pinto.- No hay libro y no creo que lo haya durante un buen tiempo. Bunsen nació como un experimento de comunicación y distribución. Mi cómic es digital desde el principio, no sólo en cuanto a formato, sino en filosofía. Esto significa que aunque no descarto la posibilidad de imprimirlo en papel algún día, todos mis esfuerzos se enfocan a mejorar la distribución digital.
Cuando terminé la “primera temporada” del cómic, puse a la venta una serie de memorias USB en forma de los personajes (las mandamos a hacer en una impresora 3D, fue un proceso interesantísimo) que incluían los cómics en formato navegable y en versión de alta resolución para que cualquiera pudiera imprimir en casa sus tiras favoritas.
Recientemente saqué a la venta una aplicación para teléfonos móviles que permite leer los comics, compartirlos y guardarlos, pero que además tiene un sistema de navegación hecho a la medida y con contenido extra. Esta aplicación, por ejemplo, permite al lector “entrar” al laboratorio de Bunsen, moverse dentro de él y descubrir pasajes secretos. Tiene acceso a todos los cómics publicados, arte, música original, un mini-juego y cuesta 10 veces menos que un libro común.
Para mí, eso es Bunsen: no se trata de imagenes estáticas en un papel, sino que es una obra dinámica, inmediata e independiente de las limitaciones físicas tradicionales.
Aún así, he recibido un par de propuestas de imprimirlo en papel y las he considerado muy seriamente. Pero al final hubiera tenido que dejar mucho del control creativo y logístico en manos de otras personas. Prefiero vender lo que hago directamente a mis lectores; así el producto es más honesto, más barato y me produce mayores beneficios tanto personales como económicos.


ZN.- ¿De qué manera trabajas tus tiras? ¿Dónde encuentras la inspiración?

JP.- Me siento cada mañana frente a mi editor de texto hasta que sale un guión. Una vez que sale, lo dibujo de inmediato para publicar la tira antes del medio día. No tengo tiempo o paciencia para esperar a que llegue la inspiración, así que la obligo a salir cada mañana con fuerza de voluntad y café: no me alejo del ordenador hasta que termine, aún si lo que sale no es el mejor cómic de mi vida.
La mayoría de las historias están inspiradas en lo que veo y leo de la gente con la que convivo: sus opiniones, motivaciones y frustraciones. Intento que dentro de toda la locura del cómic, siempre hable de algo muy real. Y si me topo con una pared creativa, me hago la pregunta: “¿Quién o qué te molesta en este momento?”. Cuando estás muy en contra o a favor de algo, es mucho más fácil encontrar tu voz y, por lo tanto, escribir cosas buenas. Por eso en muchas de las tiras parece que me estoy burlando de alguien o quejando de algo.
(Por cierto, cuando le hablo de esto a amigos artistas, no siempre es bien recibido. Hay una especie de mito interno en nuestra profesión por el que muchos creen que hacer arte significa salir a ver las nubes y estar en paz absoluta hasta que lleguen las musas. Pero tengo mucho trabajo y me aburro demasiado fácil como para eso).

ZN.- ¿Por qué un webcómic centrado en el mundo de la ciencia?

JP.- El mundo de la ciencia y tecnología es uno de mis mayores intereses. Para mí, los hombres y mujeres de ciencia son los verdaderos héroes; los verdaderos rockstars. Gracias a ellos, tenemos un nivel de vida tan alto (y quien diga que el mundo está cada vez peor y todo es sufrimiento, lo invito a imaginarse cómo estaban las cosas en la Edad Media, cuando la superstición y la ignorancia reinaban el mundo).
Cuando comparas las cosas que han logrado científicos en CERN, NASA o en la OMS, por dar algunos ejemplos, no queda más que preguntarte cómo es que los que cantan frente a un micrófono o patean una pelota acaban siendo los héroes y los millonarios.


ZN.- ¿Tenemos que tener fe en la ciencia?

JP.- En lo absoluto. La fe es ciega; es una trampa para los crédulos. No necesitamos fé en la ciencia, sólo confianza en ella.
Muchos detractores usan el argumento de que no podemos confiar en la ciencia porque está hecha por el hombre y el hombre se equivoca. Ese es un argumento falso. Que nuestra apreciación de la verdad pueda ser incorrecta no quiere decir que la verdad no exista y por lo tanto que no valga la pena buscarla. Hay personas que la llevan acabo erróneamente y situaciones en las que no podemos tener el control absoluto de la investigación (lo cual ha causado muchos errores en nombre de la ciencia: muchos de ellos fueron vergonzosos, como la frenología, y algunos fueron buenos intentos descartados, como el lamarckismo). Eso no quiere decir que el método científico no sea confiable. De todos los intentos para encontrar sistemáticamente la verdad que se han probado a lo largo de la historia, el método científico ha sido el más confiable, con diferencia.
En otras palabras, no debemos tener fe a la ciencia pero debemos confiar en el consenso científico: ese conocimiento que se ha ido formando a lo largo de los años, a través de generaciones de científicos (algunos equivocados y algunos con la razón) y que ha probado ser, una y otra vez y ante centenas de pruebas, lo más acercado a la “verdad” que podemos identificar con nuestra inteligencia limitada.
Y además de confianza, la ciencia requiere apoyo. Aún si no todos podemos dedicarnos a ella, en la población general podemos hacer toda la diferencia si apoyamos y defendemos lo que ha hecho la ciencia por nosotros. Entre menos paredes (sociales, “morales”, económicas) se topen los científicos, más fácil y rápido será el progreso del que nos beneficiemos todos.


ZN.- ¿Influencias en tu obra que puedas reconocer en público? ¿Cómo definirías el tipo de humor de Bunsen?

JP.- Mi mayor influencia viene de los grandes comediantes americanos. George Carlin, Dave Chapelle, Jerry Seinfeld y últimamente Louis CK y Tina Fey.
Conan O’Brien probablemente ha sido mi mayor influencia y quien me enseñó lo que significaba ser gracioso desde que soy niño, dado que él escribió los mayores capítulos clásicos de Los Simpson. Siempre he pensado que Los Simpson es para mi generación lo que los Beatles fue para la de mis padres: una obra que dejó una marca indeleble, que se coló a todo y que influye en el modo en el que vemos y entendemos nuestra propia cultura. Mis amigos y yo seguiremos haciendo citas y referencias a Los Simpson hasta que seamos viejos, del modo en que nuestros padres seguirán cantando Let it Be hasta el final.

De esas personas aprendí que el mejor modo de hacer comedia es ser sincero, evitar la pretensión y hablarle al público como le hablarías a una persona real, frente a ti. Con ellos aprendí mucho sobre la estructura, ritmo y composición de un chiste, que va muchísimo más allá del guionismo tradicional de cómics. La clave está en escribir cómics que no parezcan cómics, sino que sean simplemente un retrato fiel y bien comunicado de lo que estás pensando. Si lo lees en voz alta y no tiene el ritmo y la fuerza para hacer reír a la gente frente a ti, no es un buen cómic.


ZN.- ¿Eres un lector habitual de cómics? ¿Qué tipo de obras y autores se encuentran entre tus preferidos?

JP.- No lo soy. El 90% de mi tiempo de lectura se va a la literatura “convencional”. Al principio pensé que era extraño que me dedicara tanto a los cómics cuando en realidad ni siquiera soy un gran consumidor de estos, pero con el tiempo he conocido a muchos colegas comiqueros que me han confesado que tampoco son lectores habituales.
Claro que he leído cosas como Ghost World y Dark Knight Returns (aunque prefiero The Long Halloween). Hubo una temporada en la que me obsesioné con Jeffrey Brown después de leer Clumsy (que por cierto fue el mismo año que empecé Bunsen, y supongo que tuvo mucho que ver en su creación, aunque formal y conceptualmente no se parezcan en nada).

El año pasado tomé el primer número de Planetary y no paré hasta que los leí todos de golpe. Lo mismo me pasó con Y The Last Man y con los primeros 70 números de The Walking Dead.
Como mi mayor influencia viene de la literatura, busco ese tipo de experiencia en los cómics: tener a mi disposición una obra completa en la que me puedo meter de lleno. Por eso prefiero esperar a tener todo Planetary, por ejemplo, a leerlo en partes poco a poco. Estar a la merced del contenido episódico es una de las razones por las que nunca me volví demasiado asiduo al cómic.
Con tiras cómicas es otra historia. Peanuts y Calvin & Hobbes son parte muy importante de mi vida. Son el tipo de obras que sólo de pensar en ellas me ponen de buen humor. Pero no me gusta abusar de lo bueno; no los leo seguido. De hecho tengo toda la colección de Calvin & Hobbes (pesa como 20 kilos), pero sólo he leído una tercera parte de las tiras, porque quiero que me duren durante muchos años. Quiero poder tener nuevos Calvin & Hobbes para leer y descubrir durante años.


ZN.- ¿Qué piensas del fenómeno webcómic?

JP.- Entre los webcómics hay muchas joyas y mucha basura. Eso es lo que me emociona tanto. Antes tenías que dedicar años a una carrera política y complacer a los amigos indicados para que te abrieran la puerta de una editorial. Prefiero una industria en la que un niño de secundaria puede publicar sus ideas en el mismo medio que un ganador del Premio Eisner. Cierto, muchas veces esa publicación será terrible y nadie querrá leerla, pero de vez en cuando saldrán verdaderas ideas nuevas que cambien lo que podemos hacer con los cómics.

Mientras que las editoriales tradicionales siguen sacando a los mismos superhéroes y tiras de Garfield de toda la vida, en el mundo de los webcómics podemos experimentar con nuevas historias, personajes y medios de distribución progresivos. En el arte, como en la ciencia, el progreso es lo más importante.

ZN.- ¿Crees que el futuro del cómic se encuentra en internet?

JP.- El presente del cómic se encuentra en internet. Internet no es una cosa del futuro, no es algo que haya llegado y tengamos que adoptar (eso ya pasó en los noventa). Ve cómo están volviéndose locas las casas de cómics sacando aplicaciones para iPad, o como las editoriales se están peleando para entrar al mercado en Kindle. Siempre habrá literatura (incluyendo cómics) en papel para los que prefieran ese medio, pero irá perdiendo fuerza a comparación de los medios digitales. Una prueba de esto es que amazon.com desde hace unos meses ya vende más copias de libros digitales que de papel. El cambio ya sucedió. No es algo que tengamos que discutir todavía – y créeme, hay quien lo sigue haciendo, defendiendo al papel como si fuera sagrado, olvidando que lo importante de la literatura es el contenido, no el material en el que esté plasmada. Sólo hace falta un poco de tiempo para que esta tendencia se haga presente en otros países e industrias.

ZN.- ¿Queda Bunsen para rato?

Bastante. Mi plan es publicarlo durante seis años más (para un total de 10 años, como Calvin & Hobbes). Conforme pasa el tiempo disfruto más hacer el cómic y es más fácil para mí, ya sea porque encontré el mejor modo de comunicar lo que quiero o por pura práctica, así que no lo dejaría antes.
Pero nunca me atrevería a sacarlo más tiempo del que sea necesario. Ve a los Simpsons: los últimos 10 años han sacado vergüenzas que no tienen nada que ver con la genialidad de su primera década. Prefiero terminar las cosas cuando aún me emocionen y poder pasar a otras y probar algo nuevo. No sé qué habrá después, pero sé que no será un cómic. Hay muchos otros medios con los que me gustaría aprender y experimentar.


Ver también:

-Webcómic online de Bunsen de Jorge Pinto
-Muestra de ilustraciones y diseños de Jorge Pinto
-Información de talleres y conferencias sobre creatividad y medios digitales impartidos por Jorge Pinto

25 de agosto de 2011

-Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Si lo piensas detenidamente, todo tiene que ver con el juego limpio. Si la gente viviera según las reglas del juego limpio... mi gente... toda la gente tendría un trato más justo"


Introducción
En la esquina azul, con calzones blancos, desde Louisville, Kentucky… un auténtico genio del cuadrilátero y el campeón del pueblo… ¡Muhammad Ali! Y en la esquina roja, con capa y mallas azules, desde el planeta Kripton… Kal-el, que lucha como… ¡Superman! Como un auténtico espectáculo pugilístico, así presentaban en 1978 el veterano guionista Denny O´Neil y el excelso dibujante Neal Adams el mayor combate del siglo XX: Superman Vs. Muhammad Ali. Una obra heredera de su tiempo, los locos años setenta, una época en la que cualquier lector podía encontrarse con verdaderas extravagancias difícilmente repetibles en el panorama del cómic mainstream estadounidense moderno. Por entonces, era completamente normal encontrar publicaciones protagonizadas por ídolos musicales como Kiss o Alice Cooper, igual que lo sería la llegada de personajes clásicos de la literatura de terror como el Drácula de Bram Stoker a las páginas de los cómics marvelitas mientras en DC Comics el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle vivía nuevas aventuras junto a Batman, su aprendiz más aventajado, y se ponían en marcha los primeros crossovers superheroicos entre editoriales, como el ya mítico Superman vs. The Amazing Spider-man de Gerry Conway y Ross Andru , un precedente a tener en cuenta cuando se habla del Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams. En este panorama no resulta extraña, pese a que el propio Neal Adams desafíe “a cualquiera que dijera que podría haber predicho este proyecto”, una obra de este cariz, fruto de “una operación afortunada en un momento de bajada en picado de las ventas”, como bien apunta Álvaro Pons en La Cárcel de Papel, supeditando a ella cualquier valor artístico que pudiese atesorar dicha aventura. En aquellos años Muhammad Ali, nacido como Cassius Clay antes de su conversión al Islam, era una leyenda viva del deporte y una figura destacable del show business estadounidense, “el Superman negro”, como así lo llamaría el grupo británico Johnny Wakelin And The Kinshasa Band en la canción que dedicarían al popular boxeador en 1974 y que llevaba por título Black Superman. Por su lado, “el auténtico Superman”, se había convertido en todo un cuarentón, la creación inmortal de Jerry Siegel y Joe Shuster había madurado y estaba a punto de convertirse en todo un icono cinematográfico, volando de las viñetas de los cómics al glamour de Hollywood, todo a consecuencia del inminente estreno de la película dirigida por Richard Donner y protagonizada por el fallecido Christopher Reeve. Era cuestión de tiempo que los destinos de ambos personajes se acabasen cruzando, de una manera u otra, pues no hay que olvidar que estamos también en el naciente mundo contemporáneo del marketing y la publicidad, instrumentos que se habían profesionalizado en los últimos años y en los que la creatividad empezaba a jugar un peso importante a la hora de acercar un determinado producto a los consumidores. Por separado, Superman y Muhammad Ali eran dos grandes marcas, pero juntos eran algo más, eran los mejores.

Historia y Análisis

Las casualidades no existen. No puede ser una simple cuestión de azar que en 1978, el mismo año en que se estrenaba la mencionada película Superman de Richard Donner, un par de experimentados y curtidos autores de la talla Denny O´Neil y Neal Adams presentasen un cómic como Superman Vs. Muhammad Ali. Una obra concebida a mayor gloria de dos de los iconos más representativos de la América de los setenta que desde DC Comics tratarían con toda la fanfarria y lujo que merecía la ocasión, auspiciando una maniobra comercial que les llevaría a publicar una edición en gran formato de dicho cómic, como ya se había hecho con la pionera Superman vs. The Amazing Spider-man de Gerry Conway y Ross Andru , lo cual no paso desapercibido en la prensa de la época que lo vivió como todo un acontecimiento. En este aspecto tuvo mucho que ver, como relata la editora Jenette Kahn, una figura como Don King, el famoso y extravagante promotor pugilístico que “tenía el corazón de un estafador y la imaginación de un visionario”, organizador de algunos de los combates más recordados de Muhammad Ali contra rivales de renombre como George Foreman y Joe Frazier. Este peculiar personaje, inspirado por el éxito de ese Superman Vs. The Amazing Spider-man, promocionado como The Battle of the Century y en el que también habían colaborado el mismo Neal Adams y John Romita Sr., había sabido ver la posibilidad de seguir rentabilizando la fama de Muhammad Ali más allá de los cuadriláteros, pues no podía haber mejor reclamo publicitario que la de ver al héroe del pueblo enfrentado a un “verdadero Hombre de Acero”. El proyecto sólo requería la aprobación del manager del boxeador, Herbert Muhammad, de su abogado Charles Lomax y del propio Muhammad Ali , cuando las condiciones del trato estuvieron claras finalmente accedieron a ello, todo lo demás, como se suele decir, es sólo historia. Contra todo pronóstico el Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams se ha convertido con el transcurrir de las décadas en todo un cómic de culto que ha sabido trascender las limitaciones impuestas por su género y finalidad originales para alzarse como un referente victorioso de un período en el cual todo parecía nuevo y fascinante, tanto en las viñetas, donde había un universo por explorar, como en el deporte, que definía a los héroes del mañana. Superman Vs. Muhammad Ali parte de una premisa muy simple, cuando Rat’Lar, el líder de una belicosa raza extraterrestre llamada Scrubb y originaria del planeta Bodace, declara a la humanidad una especie peligrosa y destructiva que debe perecer para salvaguardar la integridad del universo. Pero, para evitar la confrontación bélica Rat’Lar propone a la Tierra que escojan a su campeón para enfrentarse y medir sus fuerzas al invicto guerrero Hun-ya, sólo si este es derrotado en un combate en igualdad de condiciones los Scrubb desistirán de sus intenciones y renunciarán a la guerra. Dos son los únicos pretendientes que aceptan el desafío, el altruista y luchador por la libertades Superman y el ególatra campeón de los pesos pesados Muhammad Ali que están dispuestos a enfrentarse en un combate previo para dilucidar quién de ellos debe batirse para representar a la Tierra y liberarla de su fatídico destino.



Con este argumento, planteado por Denny O´Neil y Neal Adams aunque desarrollado en más extensión por este último, tenemos un cómic marcado por la acción y por las constantes vueltas de tuerca pero, sobre todo, por la espectacular narrativa gráfica desplegada por uno de los grandes artistas del cómic superheroico estadounidense que resulta todo un uppercut directo a la creatividad. Este aspecto convierte a Superman Vs. Muhammad Ali en todo un clásico, en un cómic referencial, son los lápices de Neal Adams los que consiguen esconder las debilidades argumentales de una historia marcada por una sarta de tópicos recurrentes del género superheroico y convertir el resultado final en un potente gancho visual muy difícil de olvidar. Superman Vs. Muhammad Ali es un producto pensado y meditado para ser todo un acontecimiento pero “no sólo tenía que ser un entretenimiento épico sino que también debía explorar los ideales y las acciones que los habían convertido en héroes en todo el mundo”, como explica de nuevo Jenette Kahn, por lo que son patentes los intentos y esfuerzos de sus creadores para reflejar fielmente la filosofía y el carácter chulesco y bravucón del que siempre hizo ostentación Muhammad Ali. Este era un personaje de primera magnitud y repercusión mediática, un boxeador temible en el ring porque “flotaba como una mariposa y picaba como una abeja”, un símbolo que representaba la lucha del ciudadano afroamericano contra las desigualdades sociales y un hombre de principios que en 1967 había rechazado incorporarse al ejército estadounidense en su campaña en la Guerra de Vietnam habiendo sido por ello despojado durante cuatro años de su título de boxeo. El retrato que de él se haría en Superman Vs. Muhammad Ali sería bastante agraciado pero cercano a la realidad, dejando a un lado la idealización que en él se pueda encontrar fruto del género abordado, corriendo mejor suerte que el mismo Superman, un personaje plegado a las necesidades de la historia y rendido a las excelencias de su adversario, mentor y compañero. De hecho, podemos decir que Superman es en este cómic una mera excusa argumental destinada al mayor lucimiento de “la estrella invitada”, la realidad se impone a la ficción y el Hombre de Acero mimetiza el comportamiento de Muhammad Ali mostrándose tan altanero y desafiante como este y relegando gran parte del protagonismo que de otra manera atesoraría el famoso superhéroe para darle a “The Greatest” una mayor porción del pastel.

Nostalgia, Cuestiones Editoriales y Aficionados


El pasado año se publicaba en Estados Unidos una nueva edición del Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams, cosa que no ocurría desde hacía tres largas décadas, la nueva versión de este clásico ha sido conocida como Deluxe Edition. Este nuevo formato presenta una reducción de tamaño respecto a la edición original, un nuevo coloreado remasterizado y una portada retocada y ajustada por el propio Neal Adams a las necesidades editoriales. También están incluidos en ella una serie de extras entre los que destacan algunos bocetos del artista estadounidense y una explicación de la historia que encierra la mítica portada original de Superman Vs. Muhammad Ali en donde podemos entretenernos buscando a algunas celebridades, reales y de ficción, del mundo de la política, la televisión, el espectáculo y el cómic de los años setenta. Esta edición ha sido la escogida por Planeta DeAgostini para licenciar la obra en nuestro país, amoldando la edición estadounidense al formato absolute, en detrimento de la Facsimile Edition con las proporciones y la portada originales que seguramente habría disparado y encarecido el precio del producto. Esto último será un drama y un quebradero de cabeza para muchos aficionados que les incapacitará para poder disfrutar de esta reedición, algunos de ellos pondrán el grito en el cielo por el recoloreado de la obra, podría ser mejor pero también peor, otros por la reducción de formato respecto al cómic original, demostrando su poca fe en el trabajo de Neal Adams al asumir que esa brutal ofensa supone una merma de la calidad de sus lápices, mientras otros maldecirán el hecho de que la portada de la edición escogida por Planeta DeAgostini este “mutilada” simplemente porque faltan unos milímetros para poder regocijarnos con el primer plano de la calva de Lex Luthor u observar en uno de los laterales, junto al histórico Joe Schuster, la presencia de los famosos y archiconocidos por estos lares Bert Wasserman, Jay Emmett o Joe Namath. Vaya por delante, como comentábamos más arriba, que en la presente edición podemos encontrar entre sus extras la portada original reproducida íntegramente y con un esquema completo y detallado, con nombres y apellidos, de los rostros populares y personajes de ficción que Neal Adams retrató en ella en los años setenta. No obstante, las quejas son inevitables, tanto que a veces uno diría que hay un porcentaje bastante elevado de aficionados que nunca compran ni leen cómics ya que es imposible que encuentren una edición a su gusto, es decir, personalizada. Muchas veces las ediciones son mejorables, nadie dice que no pueda ser el caso de este Superman Vs. Muhammad Ali, pero parecemos olvidar que lo importante es nuestra pasión por leer cómics y no sólo por atesorarlos como una reliquia sagrada en una estantería. Muchos pueden acabar hastiados de tanto elitismo que provoca que, más veces de las que debería, estemos más preocupados de hablar de formatos y decisiones editoriales polémicas que de las virtudes y defectos del cómic de turno y de intercambiar opiniones e impresiones sobre el mismo.


Nos quejamos, no sin falta de razón, cuando las editoriales nos avasallan con ediciones de auténtico lujo y a precios indecentes y desorbitados que hacen a estas obras sólo sean accesibles para unos pocos y agraciados elegidos pero, indirectamente, es lo que muchas veces les estamos pidiendo con nuestra actitud puntillosa. En este caso en concreto, todos los cambios que podemos observar en Superman Vs. Muhammad Ali han sido aceptados, cuando no auspiciados, por sus autores responsables como bien deja entrever Neal Adams en la introducción del tomo donde afirma, bastante henchido de orgullo, que cualquiera que piense que “puede borrar la sonrisa que me provoca la reedición de este cómic, anda muy equivocado” para acabar declarando que “los cómics son un gran negocio al que dedicarse”. Estas declaraciones hacen referencia a la edición Deluxe Edition estadounidense, que difiere en algunas cosas de la presentada por Planeta DeAgostini en nuestro país, pero Neal Adams no se escandalizaría viendo la presente edición ni evitaría firmársela a nadie en el Salón del Cómic de Barcelona. Los autores siempre quieren ver sus obras en el mercado porque es lo lógico y normal. Deberíamos empezar a entender que las ediciones personalizadas no existen y que los cómics se editan para todo el mundo, el cómic es un arte pero también es un negocio como bien defiende Neal Adams, se produce en serie como los automóviles, los autores cobran por su arte y aspiran a vivir de él y que la gente pueda disfrutarlo. El cómic, al igual que el cine o la literatura, está sujeto a los siempre injustos devenires comerciales y a la particularidad intrínseca que lo convierte en un tipo de representación artística que pretende ser accesible a las masas pero, en cambio, parecemos más intransigentes con las maniobras editoriales aplicadas a él que las que vemos a diario obras de carácter cinematográfico o literarias. Disfrutemos de los cómics porque valen la pena y exigamos ediciones dignas pero no pidamos piezas de relojería, la nostalgia no es un camino a la objetividad y la industria del cómic evoluciona y cambia como cualquier otro medio. Este Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams es un cómic que puede sorprendernos pero debemos estar abiertos a esa posibilidad.

11 de agosto de 2011

-Johnny el Maniaco Homicida de Jhonen Vasquez-

 
-Publicado Previamente en Zona Negativa-
 
“¿Por qué la gente es tan… desagradable? Sinceramente, ¡es tan difícil que te lleguen a importar tantas cosas sin tener antes las respuestas a algunas de las más fundamentales preguntas que arañan mi mente! ¿Cómo puede alguien respetar la existencia de algo, la gente en este caso, cuando ese algo parece desafiar al respeto? Hacen cosas triviales y encuentran diversión, hasta en la llamada “madurez”, en el incesante maltrato de su propia especie”
 
El mundo del cómic, como en cualquier otro medio artístico que se precie de serlo, tiene uno de sus mayores virtudes en su poder para apelar a las emociones y estimular el pensamiento de la sociedad. Si esto se produce, en mayor o menor grado, lo habitual suele ser que la obra de arte trascienda al propio individuo, incluso a su mismo autor, convirtiéndose en un interés añadido para la mencionada sociedad que la ha visto nacer, sobre todo cuando hablamos de propuestas que muestran “valores inclasificables” y un estilo propio y marcado alejado de los cánones comunes y convencionales. En ciertos casos concretos podemos hablar de autores y artistas que poseen la capacidad y extraña cualidad para atraer la atención del público a través de caminos menos trasitados, señalados por lo grotesco y lo dantesco, lo que hoy en día llamaríamos “políticamente incorrecto”, ofreciendo un punto de vista necesario dentro del marco artístico al que sólo puede acercarse bordeando la cultura de masas y hundiendo el dedo en la llaga de nuestras miserias, hipocresías y contradicciones. Teniendo esto en cuenta no descubrimos nada nuevo si afirmamos que las viñetas de un cómic son un medio tan válido como cualquier otro para que el creador pueda expresar sus esperanzas, miedos, frustraciones y anhelos más personales, algo que han convertido en un auténtico ejercicio de terapia reputados autores del movimiento underground y el cómic alternativo como, entre otros muchos, Robert Crumb, Art Spiegelman y Harvey Pekar. Posiblemente una de las obras más punzantes e inquietantes, a la par que entretenida y divertida, que podríamos mencionar en este aspecto es Johnny el Maniaco Homicida. Esta obra del enfermizo autor estadounidense Jhonen Vasquez es un cómic humorístico, con un tono negro, descarnado y cínico, que narra las vivencias de Johnny C., también conocido por Nny, un adorable asesino en serie adolescente con tendencias suicidas que, entre asesinatos, secuestros y mutilaciones, intenta comprenderse a sí mismo y lidiar con la incomprensión y maldad inherente a la humanidad.

Lo primero que debemos tener en cuenta sobre Johnny el Maniaco Homicida y que conviene no olvidar es el hecho de que, pese a sus “apariencias burtonianas”, no estamos ante un cómic para todos los públicos ni ante una obra recomendada para estómagos sensibles ni para mentes inocentes y puras porque su principal cometido será provocarles acidez y pervertirlas respectivamente. Johnny el Maniaco Homicida es una obra nacida como una serie de tiras cómicas a partir del año 1990, publicadas en la revista Carpe Noctem para pasar posteriormente en 1995 a manos de Slave Labor Graphic, en las que encontraremos una visión existencial, macabra y plenamente enfermiza de la sociedad actual, un plato servido frío junto a un estilo caricaturesco de reminiscencias góticas y a un trazo desgarbado y estilizado, casi esquizofrénico, que hace inconfundible el trabajo de su extravagante autor. Jhonen Vasquez, también conocido bajo el seudónimo de Chancre Scolex y amigo personal de Roman Dirge , ha desarrollado asimismo su labor como creador y guionista de la serie animada Invasor Zim dirigida por Steve Ressel y producida por el canal infantil y juvenil Nickelodeon que sería cancelada debido a que sus productores la consideraban demasiado “oscura” para el público infantil al que iba dirigida. Esto no o es de extrañar viendo su Johnny el Maniaco Homicida, un cómic bastante crudo que no muestra condescendencias de cara al lector y en el que Jhonen Vasquez ha reconocido influencias de cineastas como David Cronenberg, en su primera etapa como director de destacadas películas de terror como La Mosca, La Zona Muerta, Rabia o Scanners, o el David Lynch de Twin Peaks, así como de escritores como Frank Kafka o H.P.Lovecraft. El influjo y la presencia de estos artistas se puede presentir en la peculiar atmósfera que presentan las aventuras de este atípico antihéroe que, en ciertos aspectos, parece un precursor primigenio y salvaje al Dexter de Jeff Lindsay. De igual manera que este, Johnny, pese a no ser el héroe de la función se acaba ganando la simpatía del público o al menos la de los lectores con una moral más laxa y retorcida.


Respecto a esto, sobre la empatía e identificación que puede sentir el aficionado por un personaje de este tipo, Jhonen Vasquez le quita hierro al asunto reconociendo que Johnny el Maniaco Homicida no es más que “una diversión de un gusto cuestionable”. Como siempre, todo es cuestión de apariencias, si el posible lector goza con el humor negro y es capaz de sobreponerse al contenido más gore de Johnny el Maniaco Homicida encontrará un “agradable” cómic revestido con una “filosofía destroyer” y una “sátira psicológica y sociológica” digna de estudio que no resulta en un simple producto vacío y polémico porque sí, aunque no es descartable una cierta sensación de culpabilidad por recrearse y divertirse presenciando las atrocidades y desvaríos del personaje protagonista. De esta manera, en Johnny el Maniaco Homicida se tratan temas como la desestructuración familiar, la soledad, los tabúes, los “gusanos sociales” y, especialmente, la violencia implícita de nuestra especie que cada día vemos reflejada impunemente en los medios de comunicación, en la televisión y en el cine. Para paliar un poco el opresivo ambiente que encontramos en la obra Jhonen Vasquez juega en algunas tiras cómicas a la metaficción con un cómic dentro del cómic, lo que realmente resultan ser las delirantes tiras de El Feliz Niño Fideo, supuestamente dibujadas por el propio Johnny, o con apuntes humorísticos al margen de las viñetas que ayudan a digerir algunas escenas más crudas y que no son más que una advertencia de su autor para que no nos tomemos demasiado en serio el asunto. En el apartado gráfico, el extraño dibujo de Jhonen Vasquez encaja perfectamente con el tono de la obra, con una cierta tendencia esquemática y estilizada no carente de detalle y de un pérfido atractivo, con un trazo que tal como fue concebido en su origen se muestra brutal y dinámico en blanco y negro.

Pero la mejor manera de hacernos una idea aproximada sobre un cómic como Johnny el Maniaco Homicida es conocer un poco a su galería de personajes pues son los que llevan el peso de la historia y aunque Johnny sea la estrella de la función sus desafortunadas víctimas juegan un papel importante en sus aventuras. Primero de todo debemos mencionar a Squee, el pequeño y asustadizo vecino de Johnny que “pesa menos que una hamburguesa con queso”, con una carencia afectiva por parte de sus padres hartamente preocupante y que vive traumatizado ante la posibilidad de ser abducido por extraterrestres. Este personaje tuvo su propio spin-off, llamado simplemente Squee!, llegando a estar nominado a los Premios Eisner en 1998 en la categorías de Mejor Serie Nueva y Mejor Publicación de Humor, lo cual no ha sido aliciente para verla publicada en nuestro país por el momento. Por otro lado tenemos a Devi, “la que se escapó”, otro personaje secundario más o menos habitual en las historias de Johnny el Maniaco Homicida que también gozaría de un una serie propia titulada I Feel Sick, está ganaría en el año 2000 el Internacional Horror Guild Award a la Mejor Narrativa Ilustrada pero, como podéis suponer, tampoco ha llegado a publicarse en España. Por último, entre otros personajes recurrentes del cómic de Jhonen Vasquez encontramos a Tess, otra víctima de Johnny con suerte que disfruta el poder “ver como despedazan a novios que se convierten en ex-novios”; el Señor Joder y el Psico-Panadero, dos psicóticos muñecos de espuma expandida que representan las voces internas de Johnny, y la terrorífica cabeza de conejo flotante que no es otra cosa que la voz de la razón del personaje protagonista.


 En relación a la estructura del cómic en sus primeros números se compone de un compendio de tiras cómicas de extensión variable, entre una y varias páginas, en las que se presentan diversas aventuras de Johnny sin conexión aparente pero con la aparición de algunos personajes y tramas recurrentes en los diferentes capítulos que van configurando el modus operandi de este peculiar asesino en serie y el de su autor. Posteriormente la serie evoluciona hasta una cierta continuidad con capítulos centrados en los porqués y la razón de ser del personaje principal pero sin desmarcarse del factor autoconclusivo de la serie que sólo se pierde en sus momentos finales cuando la fantasía de carácter “lovecraftiano” del relato cobra más fuerza e intensidad. En nuestro país la editorial DComics publicó en 2003 los tres recopilatorios que conforman la serie de Johnny el Maniaco Homicida de Jhonen Vasquez pero hoy en día es una obra que puede ser difícil de encontrar en las tiendas de cómics, especialmente su tercer número, al estar prácticamente descatalogada en muchos sitios y no haber sido reeditada en ningún momento. En definitiva, Johnny el Maniaco Homicida es cómic que habla de cosas serias pero al que hay que saber no tomarse en serio para poder disfrutarlo completamente, una lectura “extrema” y enfermiza de la mente perturbada y la vez terroríficamente lúcida de Jhonen Vasquez que intenta matar los convencionalismos, los tópicos, los complejos y las etiquetas, no importa si lo consigue o no, en este caso la intención es lo más importante.

4 de agosto de 2011

-Liar Game de Shinobu Kaitani-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Ser un "embustero" es una habilidad.Y la prueba se encuentra en esta sociedad.Ciertas personas pagarían una fortuna por tener a un "genio del embuste" a su lado"

Liar Game es un manga escrito y dibujado por el veterano Shinobu Kaitani, una serie abierta publicada por la editorial Shueisha en su revista magazine Weekly Young Jump llena de suspense e intriga que parece querer aprovecharse de la estela del éxito dejado por el Death Note de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata con el cual comparte alguna similitud y parecido aunque este acabe siendo un punto puramente anecdótico. La serie se empezó a serializar en Japón en 2005 contando con trece tomos recopilatorios a día de hoy, habiendo inspirado dos series de televisión dirigidas por Hiroaki Matsuyama y Ayako Taiboku así como una película live action de los mismos responsables que cierra las tramas abiertas en las citadas adaptaciones televisivas. El veterano autor Shinobu Kaitani, responsable de destacadas obras como Sommelier, One Outs y Reinouryokusha Odagiri Kyôko no Uso, todas ellas inéditas en nuestro país, debuto en 1991 en la industria del manga con Mou Hitori no Boku y esta le valió convertirse en el ganador del Premio Tezuka de ese mismo año. Con este curriculum en su haber, siendo Liar Game el trabajo más exitoso de Shinobu Kaitani hasta la fecha, Planeta DeAgostini licenció la obra en el año 2009 en nuestro país anunciando su cancelación después de sólo tres tomos editados “debido a las bajas ventas” y corriendo así la misma suerte que otras publicaciones recientes de la editorial española como el Team Medical Dragon de Taro Nogisaka y Akira Nagai y Cómo Matar al Dragón Tokio Tsumori y Eriko Kato. No obstante, Planeta DeAgostini parece haber dado marcha atrás y ha sorprendido a propios y extraños anunciando la publicación del cuarto tomo de la serie para este próximo mes de Agosto, con una correspondiente subida bastante sustancial de precio respecto a los tomos precedentes de la serie mientras, por otro lado, ha anunciado que los siguientes números de la colección “hay que contratarlos y tardarán más tiempo” en llegar por estas tierras. Esta incertidumbre sobre el destino de Liar Game y su errática publicación no será precisamente un aliciente para que los posibles lectores se acerquen a esta obra de Shinobu Kaitani que se presenta como uno de los últimos y más llamativos exponentes en su género de los últimos años.

Liar Game es un auténtico thriller psicológico, una obra enclavada en el género seinen aunque con una estructura propia del shonen manga, una propuesta que podría ser una estupenda diversión para los aficionados a las aventuras de misterio y suspense en la línea del Detective Conan de Gosho Aoyama, de historias que destacan por la presencia de organizaciones secretas que se mueven en las sombras con maquiavélicas y desconocidas intenciones como sucede en el Gantz de Hiroya Oku y en los mangas de Naoki Urasawa o, como ya comentábamos antes, para aquellos que sientan nostalgia del fenómeno que supuso hace tan sólo unos años la ya mencionada Death Note de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata. Liar Game presenta algunos puntos en común con estas obras aunque de forma algo residual ya que, hablando en términos generales y a nivel puramente comparativo, la serie de Shinobu Kaitani apuesta por un tono más realista y menos “grandilocuente”, o ambicioso, que el de estos referentes (Jordi Querol ya habló en Zona Negativa en más profundidad sobre las similitudes de Liar Game con otras obras recientes del manga en un artículo que podéis encontrar aquí). El argumento de Liar Game se inicia cuando la cándida e inocente Nao Kanzaki recibe por correo un paquete que contienen 100 millones de yenes y un mensaje sin remitente donde le explican que ha sido seleccionada para participar en el Liar Game Tournament, “un juego en el que solo una de cada 10.000 personas tiene el honor de participar” y del que ella ya no se puede retirar. La única regla del juego es conservar íntegramente el dinero entregado transcurridos treinta días y arrebatarle al mismo tiempo a su oponente sus 100 millones de yenes ya que el perdedor contraerá una deuda por ese mismo importe. Cuando Nao Kanzaki es embaucada por su adversario, su antiguo tutor de secundaria en quién había confiado ciegamente, no verá más alternativa que solicitar la ayuda de Sin´ichi Akiyama, el mayor estafador del país que acaba de salir de la cárcel después de haber pasado tres años en ella por haber conseguido llevar a la bancarrota al mayor grupo económico del país. Pronto Nao Kanzaki y Sin´ichi Akiyama descubrirán que sólo se encuentran ante la punta del iceberg, la prueba de acceso para alcanzar las sucesivas fases del juego en las que la tensión irá cada vez más en aumento y del que sólo el mayor mentiroso de todos podrá salir victorioso.

Estamos ante una obra que ciertamente ha pasado algo desapercibida fuera de Japón, una serie que destaca por su manejo del suspense y también por sus elaboradas tramas las cuales Shinobu Kaitani intenta perfilar desde una perspectiva lógica, realista y accesible para el lector, huyendo de retorcidos subterfugios y vueltas de tuerca excesivamente rimbombantes y pomposas aunque los giros inesperados y los golpes de efecto siguen presentes. Esto se consigue implicando al lector a través del mismo juego en el que los personajes protagonistas se ven inmersos y en el que se plantean misiones y problemas a superar sujetos a sus propias normas y reglas que no dejan excesivo margen a posibles deus ex machina aunque la revelación última siempre nos pillará por sorpresa y supondrá un nuevo cambio de status quo en el argumento. De esta manera, la intensidad de este thriller psicológico va subiendo de nivel en cada capítulo de Liar Game, destacando la caracterización de su personaje estrella Sin´ichi Akiyama y de algunos de sus adversarios de turno y no tanto el de la supuesta protagonista del relato, una Nao Kanzaki que sólo juega un papel narrativo y a veces simplemente decorativo cuya personalidad no dista mucho de la que podemos encontrar en algunas heroínas de algún shojo manga del montón aunque es presumible que en su caso se produzca una evolución lógica y paulatina a medida que avance los argumentos de la serie. Por otro lado, el dibujo de Shinobu Kaitani presenta un trazo plano y sencillo, con un uso predominante de ambientes minimalistas pero con un detallismo bastante solvente y perfilado de sus personajes que resulta muy expresivo aunque con una cierta tendencia a la caricaturización de las emociones más extremas de estos mismos. En resumen, en términos generales Liar Game es una obra superior a la media, con un planteamiento directo y sencillo pero lo suficientemente atractivo como para mantener nuestra atención, resultando adictiva en grandes dosis. Aunque en un principio puede costar entrar en la propuesta lanzada por Shinobu Kaitani, sobre todo si no dejamos a un lado comparaciones malintencionadas, finalmente no podremos resistir la tentación de seguir leyendo para descubrir las desventuras y confabulaciones de este grupo estafadores y mentirosos profesionales que pueblan Liar Game. ¡El juego te está esperando!

-Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



“La justicia, como el rayo, al aparecer a pocos hombres afecta, pero todos la deben temer”
 

En 1959 Robert Kanigher y Ross Andru crearían para DC Comics la primera versión del llamado Escuadrón Suicida en The Brave and the Bold #25, una cuadrilla de soldados militantes de la Segunda Guerra Mundial que, pese a no tener superpoderes ni habilidades especiales, se enfrentaban y combatían a enemigos con poderes sobrehumanos. Casi treinta años después, en 1986, el guionista John Ostrander, tal vez con por la película Los Doce del Patíbulo de Robert Aldrich en mente, presentaría una nueva encarnación de este grupo que tenía la particularidad y novedad de estar formado por reputados supervillanos contratados como mercenarios por el gobierno de Estados Unidos para llevar a cabo misiones encubiertas que superhéroes como Batman, Green Lantern o Superman nunca se prestarían a llevar a cabo. Llegados a este punto no sorprenderá a nadie si decimos que las dos grandes editoriales estadounidenses, DC Comics y Marvel Comics, a lo largo de su historia han recogido influencias y tomado ideas y conceptos una de la otra, indistintamente, por lo que un planteamiento como el del Escuadrón Suicida no iba a ser menos. Tenemos que llegar a los años noventa para corroborar esto último, cuando dicha década estaba haciendo auténticos estragos en La Casa de las Ideas, por entonces la polémica saga mutante de Onslaugth había tenido consecuencias drásticas y algunas de las cabeceras más importantes de la editorial, las que reunían principalmente a los miembros de los Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos, habían sido reiniciadas y relegadas a “un universo de bolsillo”, como lo califica acertadamente Raimon Fonseca, bajo el sello de la propuesta Heroes Reborn, un renacimiento concebido por personalidades de la talla de Rob Liefeld y Jim Lee. Serían los héroes urbanos como Spider-man o Daredevil y otros como el Doctor Extraño, Hulk y los X-men quienes se librarían de ese mismo trato manteniéndose en la continuidad tradicional de la que habían sido expulsados sus compañeros. Ante el hueco dejado por los héroes desaparecidos un nuevo grupo estaba llamado a ocupar su espacio, los Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley, una nueva serie que cogió desprevenidos a los seguidores marvelitas presentando una serie de desconocidos personajes como eran Ciudadano V, Meteorito, Atlas, Mach-1, Pájaro Cantor y Tecno, cuyas primeras apariciones se producirían en The Incredible Hulk #449, a cargo de Peter David y Mike Deodato, y en Tales of the Marvel Universe para posteriormente pasar a narrar sus aventuras en su propia serie regular. Sería ya en el primer número de esta donde se descubriría el pastel, la gran sorpresa que hacía diferente a esta serie de las demás, los Thunderbolts eran en sí mismos una farsa y guardaban un oscuro secreto, detrás de sus identidades se encontraba realmente la última personificación del clan de supervillanos conocidos como los Amos del Mal liderados por el Barón Zemo y con Piedra Lunar, Goliath, Escarabajo, Mimí Aulladora y El Arreglador entre sus filas.

De esta manera, la versión marvelita del Escuadrón Suicida de John Ostrander tenía por objetivo aprovechar la muerte de los superhéroes a manos de Onslaught para ganarse la confianza de los ciudadanos y la opinión pública estadounidense y así conseguir acceder a los secretos de defensa y seguridad nacional del país como antes lo habían hecho Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos. El juego de dobles identidades, mentiras y traciones había empezado a echar sus primeras raíces. Los Thunderbolts, innegablemente, son personajes herederos de su tiempo, unos años noventa convulsos que muchos recuerdan con escepticismo, decepción e incluso horror. En los primeros números de los Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley podemos encontrar los mismos defectos que en cualquier serie de la época, la prevalencia de la forma por encima del contenido, personajes tecnificados hasta el absurdo y un cierto maniqueísmo simplista en sus historias, pero los autores de esta serie son en este caso concreto una garantía de calidad y eso se deja notar en la evolución de la serie y en el resultado final. Aunque en un principio Kurt Busiek, un guionista que por entonces ya se había ganado cierto prestigio en la industria con obras como la nostálgica Marvels, las entrañables Las Historias Jamás Contadas de Spider-man (que van pidiendo un recopilatorio a gritos) o la primera miniserie de la excelente Astrocity, intenta adecuar su narrativa a la moda noventera imperante subliminando en parte algunas de sus virtudes, como son su talento para la caracterización y el desarrollo de historias alejadas de los tópicos recurrentes del género superheroico, todo eso iría cambiando número a número. Kurt Busiek, con la inestimable ayuda de los lápices de Mark Bagley, cuyo último trabajo destacable en Marvel Comics ha sido junto a Brian Michael Bendis en Ultimate Spider-man, consigue hacerse con las riendas de la serie y retener nuestra atención sobre un grupo de personajes residuales y a priori poco llamativos, a excepción del Barón Zemo, dotándoles de un plástico carisma y un atractivo que muchos de ellos no tenían originalmente. A ello se une un solvente manejo del suspense en el que se mueven todo un popurrí de personalidades encontradas, mejorando la trama cada vez que la acción es más anecdótica en ella, y logrando convertir a los Thunderbolts en una obra de culto de los años noventa, junto al Masacre de Joe Kelly y Ed McGuiness, que ha perdurado en el imaginario de los aficionados marvelitas hasta la fecha.

Respecto a esto hay que destacar capítulos como Thunderbolts: Distant Rumblings, una especie de número cero presente en todas las colecciones de Marvel Comics en aquellas fechas donde se narraba mediante flashbacks sucesos fundacionales del Universo Marvel, o el annual Thunderbolts ´97, episodios en los cuales Kurt Busiek se adentra en el pasado de los personajes retratando sus ambiciones, emociones y aspiraciones de forma certera y precisa, recuperando ese toque personal que le ha hecho despuntar en el medio. El tema de la redención que marcará el devenir de la serie en el futuro de forma casi asfixiante empieza a hacerse presente y los Thunderbolts encuentran su propio camino y entidad después de una génesis casi modélica. Sobre esta base trabajaría posteriormente sus argumentos Fabian Nicieza, sucesor de Kurt Busiek en la serie, que se haría cargo de la colección profundizando en la premisa marcada por este, con un aire clásico que se acabaría por romper en tiempos presentes después de las secuelas dejadas por Civil War. Thunderbolts ha sido una serie que ha vivido muchos cambios y adaptaciones, pero la más importante posiblemente sea la que llevó a cabo Warren Ellis, junto al dibujante Mike Deodato, en su estancia en la cabecera cuando acercó un poco más el concepto de estos personajes al del Escuadrón Suicida de DC Comics y la oscuridad y el perfil psicológico de sus protagonistas, con caracteres tan extremos como los de Norman Osborn, el nuevo líder de estos delincuentes metidos a superhéroes durante esta etapa, Bullseye o Venom, se hizo mucho más punzante y opresiva. Por eso, este puede ser un buen momento para echar la vista atrás y recordar, o conocer por primera vez, como fueron los inicios de este atípico grupo de héroes/villanos y esa oportunidad nos la ha brindado recientemente la editorial Panini Cómics, que empeñada en traernos lo mejor de los noventa a través de su Colección Extra Superhéroes, nos ofrece ahora un tomo recopilatorio con los primeros doce números de la serie regular de Kurt Busiek y Mark Bagley así como el mencionado especial Thunderbolts: Distant Rumblings, con los lápices de un soprendente Steve Epting, el annual de los Thunderbolts de 1997 y la segunda aparición del grupo en Tales of The Marvel Universe. En definitiva, Thunderbolts es la serie que hay que leer para entender los tiempos presentes en los que el cómic superheroico parece haber perdido el norte y cada vez le cuesta más diferenciar a sus héroes de sus villanos, tiempos extraños y violentos, ecos de un pasado donde incluso algunos villanos parecían tener alma y aspiraban a su propia redención.