30 de junio de 2011

-En Dosis Diarias de Alberto Montt-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



"¿Sabía usted que 7 de cada 10 personas
creen que 5 de cada 8 se sienten 3 de cada 9?"
 

Los llamados webcómics son actualmente en internet un pequeño microcosmos en continua ebullición, una comunidad heterogénea formada, mayormente, por autores amateur con muchas ganas e ideas, aunque no excluvisamente, pues muchos historietistas profesionales se han lanzado alguna vez a jugar con las posibilidades del medio. Algunos de estos webcómics, centrándonos en los de habla castellana, han conseguido atraer la atención de alguna editorial de renombre, como José Oliver y Bartolo Torres con El Joven Lovecraft o Alberto Montt y sus tiras cómicas En Dosis Diarias que hoy nos atañen, viendo sus trabajos publicados por Norma Editorial y Ediciones B respectivamente. En los últimos meses, por otro lado, algunos de estas obras nacidas como webcómics, junto a otras propuestas, han empezado a ser incorporados al catálogo de cómics digitales de la nueva plataforma española Koomic dando una muestra de la importancia que empieza a cobrar el cómic en las redes sociales. Pero lo más común es que muchos de estos autores sigan con su trabajo al amparo de estas mismas redes sociales o que se acaben convirtiendo en autoeditores de sus propias obras, recopilaciones, normalmente en forma de tiras cómicas, que previamente han dispuesto de forma totalmente gratuita en la blogosfera. Es así como intentan explorar un nuevo tipo de acercamiento a su público, pequeño pero leal, ofreciendo una oferta muy variada y rica, eminentemente contracultural, con propuestas de lo más variadas y diferentes. Desde las parodias en la línea del Spriterman de Sergio Ballester, muy influenciado por el Superlópez de Jan y que comenzó a publicarse en páginas como Bajo la Máscara, a historias de fantasía como El Vosque de Sergio Morán y Laurielle o tiras cómicas como las ya reseñadas Las Crónicas PSN de Andrés Palomino , deudoras de un pionero del fandom como Cels Piñol y su saga Fan Letal, u obras más inclasificables como Macanudo o Cosas que te pasan si estas vivo de Ricardo Siri, alias Liniers, o la presente En Dosis Diarias de Alberto Montt. Estos no dejan de ser algunos pocos de los nombres más conocidos de este fenómeno pero son muchísimos más los autores que permanecen en el anonimato, bajo seudónimos y nicks de todo tipo, ofreciéndonos cada día en sus páginas personales una muestra de su pasión por el medio, en particular, y por el cómic, en general, con más o menos formación a sus espaldas y con experiencias y resultados de lo más variados.


En el caso de Alberto Montt encontramos a un diseñador gráfico e ilustrador profesional de origen chileno, aunque ha vivido casi toda su vida en Ecuador, habiendo ejercido una labor destacada en revistas, periódicos y libros infantiles de todo tipo en ambos países. En internet, desde el año 2006, Alberto Montt ha venido ofreciéndonos En Dosis Diarias de manera gratuita a través de su blog personal porque, en sus propias palabras, “tenía ganas de salirme de mi papel de ilustrador y probar a dibujar las idioteces que tenía en la cabeza”. Sus tiras cómicas, con un eminente tono satírico y surrealista, recogen la influencia de autores como Gary Larson, Edward Gorey y, sobre todo, Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, el creador de Mafalda. No obstante, Alberto Montt ha reconocido en su trabajo el influjo de humoristas y creadores tan variados como Chuck Jones, Les Luthiers, Leo Maslíah, Radio Free, Matt Groening o Seinfield. Pero, lejos de que las tiras cómicas de Alberto Montt se conviertan en un batiburrillo de guiños y homenajes, su trabajo presenta un nivel gráfico muy destacable, con un estilo muy personal y marcado que las hace reconocibles al instante para todos sus aficionados. Estas suelen distribuirse en una única viñeta y sin visos de practicar una continuidad estricta en ellas, no hay arte secuencial como tal, estamos ante una obra deudora del humor gráfico de la prensa periodística capaz de en sola viñeta, o un par de ellas, echar una ácida y sarcástica mirada sobre la sociedad que la rodea en función de la propia perspicacia y observación del autor.


Pero el humor que Alberto Montt presenta En Dosis Diarias no tiene un componente político muy marcado, como suele ser habitual en estas tiras de prensa, sino más bien social y humano, aunque no se destarca tampoco la crítica política, con pequeñas concesiones a la actualidad del momento, en las que son habituales temas morales, lingüísticos, históricos y religiosos mezclados con un tratamiento ciertamente singular de la cultura popular y un acercamiento muy personal a su concepto de fantasía, con la descontextualización y el lenguaje, muchas veces en forma de juegos de palabras, como principales recursos humorísticos en los que suele ser habitual también el traspaso de la cuarta pared. En En Dosis Diarias, aunque no presenta una galería recurrente de personajes, acostumbran a tener una presencia destacada la personificación misma de Dios y el Diablo, o algunos de los ayudantes de este último, que muestran una relación amistosa y cercana entre ellos igual que distante hacía la humanidad de la que se consideran tutores protagonizando, en muchos casos, algunas de las tiras cómicas más punzantes y polémicas de Alberto Montt. El humor de este autor es ambivalente y lo mismo podemos encontrar tiras cómicas sencillas, sútiles o simplemente absurdas como otras algo más rebuscadas que exigen poner un poco más de nuestra parte como lectores, no por el componente crítico que siempre es tratado con una intencional ironía ligera, sino por su propia configuración e intención que parte de premisas menos populares y más “académicas” y especializadas. En todo caso, como bien afirma Alberto Montt, “no hay nada más cómico que la tragedia” y esta se encuentra muy presente en sus tiras cómicas, en ocasiones, como no puede ser de otra manera, con sangrientos resultados pues el humor negro también suele ser una de las bazas que se utilizan en la confección de estas tiras cómicas.


Curiosamente, lo que empezó como un reto personal por parte de su autor, el publicar un par de tiras cómicas a la semana durante un año, pronto se convirtió en un proyecto exitoso y consolidado en el que Alberto Montt continúa publicando diariamente para regocijo de los aficionados que acuden cada día a por su nueva dosis para paliar momentáneamente su adicción. Su creciente éxito en internet y las redes sociales provocó que en el año 2008 se publicase un primer libro recopilatorio de su trabajo en Chile gracias a Ediciones B, que posteriormente llegaría a nuestro país, con una selección hecha a dedo por el propio Alberto Montt en base a sus tiras cómicas preferidas. Una segunda entrega en este formato vería la luz posteriormente y seguramente, teniendo en cuenta el ya extenso fondo de armario de En Dosis Diarias que podemos encontrar en su blog oficial, le seguirán otras en un futuro no muy lejano. Por lo demás, la obra de Alberto Montt resulta muy recomendable para los amantes del humor en mayúsculas, un trabajo de calidad en su apartado gráfico y un tipo de humor eminentemente inteligente pero accesible para todos los públicos que va camino de convertirse en un verdadero clásico de nuestro tiempo. Como diría el propio Alberto Montt, “mire sin compromiso y si le gusta, vuelva”, porque una nueva dosis le estará esperando mañana para, por lo menos, intentar arrancarle una sonrisa.

24 de junio de 2011

-Las Crónicas PSN de Andrés Palomino-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"¡Abelmaaan es un hombre feliiiz,
que vuela como una perdiiiiz!
¡Oh, no! ¡Es la temible canción de Abelman!"

Cada día más el cómic digital se va incorporando a nuestras vidas. Al principio era algo anecdótico pero, poco a poco, se ha ido quedando como algo nuestro. Son ya habituales las versiones digitales de obras editadas en el pasado en papel pero también van ganando fuerza otras que tienen como cuna las llamadas webs 2.0. Este es el caso de los webcómics. De algunos de los guionistas y dibujantes de este fenómeno se nutre actualmente la cantera de otras publicaciones más oficiales, como el caso de Morán (Sergio Sánchez), que pasó de ¡Eh, tío!, su webcómic personal, y El Vosque, un proyecto en colaboración con Laurielle, a dar el salto a la revista El Jueves donde tiene su sección ¡Anunciado en televisión!. Muchos también han visto su obra publicada en papel, bien por llamar la atención de alguna pequeña editorial o por haber pasado directamente a autoeditarla. Los cómics de Fadri como Dragon Mail o 1 Millón de Monos, El Joven Lovecraft de José Oliver y Bartolo Torres, En Dosis Diarias de Alberto Montt, Filminos o Zombess de Abel Alves, La Librería de Rafagast y Toru, el Macanudo de Liniers, el siempre polémico Runtime-Error de Juanjo Escofet, el ya famoso Xavier Águeda alias El Listo, Mike Bonales y su Conejo Frustrado… Son cientos los webcómics que podríamos citar y cada día encontramos alguno más pero estos y otros muchos, si tenemos buena acogida, se trataran a su tiempo porque hoy le toca el turno a Las Crónicas PSN.

¿Quién Es El Responsable?

El guionista y dibujante de Las Crónicas PSN es Andrés Palomino, quizás a muchos os suene su famoso monólogo del Frikisexual. De su vida, siguiendo la ficha que él mismo ha confeccionado en su página, no podemos decir prácticamente nada sin dar pie en un futuro a un pleito por injurias y calumnias. Pero sí podemos decir que además de encargarse de Las Crónicas PSN, Andrés Palomino se dedica a guionizar distintos proyectos para la televisión autonómica catalana.

Puede que su dibujo no sea el más depurado del mundo, pero es guionista, eso sí, y aunque simple y mejorable uno le toma cariño y no se puede imaginar a los personajes dibujados de otra manera. Tanto es así que encontrarse al auténtico Andrés Palomino y comprobar que no es un monigote en blanco y negro es un trauma, aunque hay que concederle que al menos en persona es más simpático que muchos otros autores. Además, respecto al dibujo de Las Crónicas PSN, hay que admitir que desde las primeras tiras se nota una clara y favorable evolución.


¿De Qué Van Las Crónicas PSN?

En un principio la idea de Las Crónicas PSN es relatar las aventuras, más o menos realistas, de un grupo de jóvenes rondando la treintena que se dedican a leer cómics, a los videojuegos y los juegos a rol, cosa que seguro que por aquí no ha hecho nunca nadie. Aunque el público al que iría más dirigido este webcómic sería ese mismo, como mujer que ve la treintena como algo aún lejano lo disfruto de igual manera. Vivencias y personajes reales, cameos de famosos como George Lucas o Quentin Tarantino y toda la tropa habitual -Abelman, Tonino, Blake, Pablo y otros muchos- retratados al estilo de Andrés Palomino. A veces debo reconocer que el nivel, llamémoslo de frikismo, es tan alto que debo investigar por internet para pillar el chiste de turno, y eso llega un momento en el que hay de valorarlo. Sientes que lo tuyo no es para tanto, aunque también es un duro golpe en tu orgullo propio.


Cada día podemos leer una nueva tira en la web de Andrés Palomino, pero si algunos como yo sentís la pereza de leer tal cantidad de tiras de golpe online, para eso están los recopilatorios, altamente recomendables y con extras en los que colaboran otras figuras importantes del webcómic español como Álex Muñoz, Miquel Casals o El Listo y con introducciones de personalidades de la talla de Martín Piñol y prólogos de las versiones “reales” de los mismos personajes de Las Crónicas PSN. Si es que existen, porque de algunos, como Tiago, aún dudamos muchos de su existencia. Vamos, que los recopilatorios, aparte de servir para que Andrés Palomino se lleve unos euros, sirven para contentar a los más vagos. La gracia de Las Crónicas PSN quizás no sea algo automático, es un tipo de tira cómica al que se le va tomando cariño y al final todos los días acabas acordándote que mirar la web en busca de una nueva tira, incluso lo echas de menos los fines de semana.

Se pueden poner pegas, como el hecho de que Andrés Palomino sea el autoproclamado rey del copy paste y la repetición de chistes y situaciones, aunque su autor consigue que sea más divertida la décima vez que, por ejemplo, Tonino lanza un iPhone que la primera, lo cual tiene su mérito. ¿Cuántas personas pueden presumir de copiarse a sí mismas resultando cada vez más graciosas? Podría hablar de su tipo de humor que a veces se convierte en algo absurdo y otras en algo extremadamente depurado y ligado a la comedia de situación, pero mejor será que si queréis conocerlo vayáis a echarle un ojo… ¡It´s Free!

Ver también:

23 de junio de 2011

-Ultimo de Stan Lee y Hiroyuki Takei-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Una marioneta es un espejo que refleja a los humanos.
Su fueza es una espada que atraviesa la voluntad.
Su corazón alberga los espíritus del Bien y del Mal"


Cuando algunos ya pensábamos que lo único con lo que podía sorprendernos Stan Lee a estas alturas era con su enésimo cameo en alguna película producida por Marvel Studios o en algún capítulo de Los Simpsons, el veterano guionista y antiguo editor de La Casa de la Ideas, co-creador junto a artistas de la talla de Steve Ditko o Jack Kirby de emblemáticos personajes como Spider-man, Los Cuatro Fantásticos, Ironman, Hulk, Thor y tantísimos otros, decide, ni más ni menos, que pasarse al manga. Habiendo cumplido ya los ochenta y ocho años, siendo uno de los más destacados autores de la historia del cómic superheroico estadounidense y desprendiendo aún esa juvenil e incombustible vitalidad suya tan característica Stan Lee ha decidido unir fuerzas en su nueva aventura junto a una de las promesas más recientes del mundo del manga, Hiroyuki Takei, cuyo mayor éxito hasta la fecha ha sido Shaman King y que trabajó en su momento como ayudante para Nobuhiro Watsuki en Rurouni Kenshin donde coincidió también con el popular Eiichiro Oda, mangaka responsable de la exitosa One Piece. El resultado de esta atípica colaboración entre Stan Lee y Hiroyuki Takei, publicada por la editorial Shueisha en su revista Jump Square en Japón y en la Shonen Jump en Estados Unidos, lleva por título Ultimo (Karakuri Dôji Ultimo en el original), un shonen manga cuya historia tiene su inicio en Kioto, en el Japón feudal del siglo XII, cuando un bandido de noble corazón lidera a sus secuaces contra el poder de los nobles y dedica su vida a asaltar a ricos comerciantes en los caminos cercanos a su pueblo para así poder ayudar a paliar el hambre y la miseria de los suyos. En una de sus pesquisas su destino se cruza con el del extravagante y misterioso Dunstan, un curioso personaje que transporta a dos inquietantes marionetas que según él representan el Bien y Mal más extremos, Ultimo y Vice respectivamente, unos “infantes autómatas” o karakuridôji que su creador ha fabricado para descubrir cuál de ellos es más poderoso. Nueve siglos después, un joven estudiante de bachillerato de nombre Yamato y su compañero Rene Kodaira, encuentran una de las marionetas en un anticuario y pronto, la batalla entre el Bien y el Mal retoma la lucha que había quedado aplazada en el pasado.


La intención de Stan Lee y Hiroyuki Takei con Ultimo era crear un hibrido entre el cómic superheroico estadounidense y el shonen manga más clásico que pudiese llamar la atención de los aficionados a ambos géneros por igual aunque, en la práctica, la historia guarda más relación con las particularidades y filias propias del cómic japonés que con el comic-book de toda la vida. En la concepción del argumento de Ultimo se aprecia la mano de Hiroyuki Takei y recuerda en muchos aspectos a su anterior obra, Shaman King, tanto en algunos recovecos de la trama y de las ideas planteadas en ella como en su concepción gráfica donde algunos de sus personajes nos retrotraen inevitablemente a otros ya conocidos por sus aficionados. La sombra de Stan Lee, por otro lado, se aprecia sobre todo en el planteamiento del relato, liviano pero no carente de matices, aunque su presencia no sólo se limita a los guiones de la obra sino que además tiene reservado un cameo muy especial y destacado habiendo sido la base para la gestación del enigmático científico loco Dunstan -cuyo nombre ya supone un guiño al autor estadounidense-, un personaje que podría servir como metáfora de la efervescencia y genialidad creativa del afamado guionista y de su faceta de showman cultivada a lo largo de los años. La primera toma de contacto con Ultimo no resulta desagradable pero, como suele ocurrir en estos casos, sus primeros capítulos resultan demasiado introductorios como para poder realizar mayores apreciaciones, con una trama que se desarrolla en dos tiempos diferentes y un tratamiento de la acción que adolece de ser algo precipitado e intrascendente aunque con la espectacularidad propia de cualquier shonen manga del montón. Por otro lado, el humor presente en la obra es típicamente de corte oriental, con los habituales gags ligeramente subidos de tono y de situaciones llenas de inocentes malentendidos que, en el mejor de los casos, conseguirán hacernos esbozar una sonrisa.

En nuestro país la publicación de esta obra corre a cargo de Panini Comics, editorial cuya parcela dedicada al manga en la actualidad resulta algo abandonada de títulos de verdadero renombre, en una edición cuidada y asequible con pocos defectos realmente reseñables más allá de algún error tipográfico y de la ausencia de las páginas a color originales. En este primer volumen de Ultimo encontramos una introducción a cargo de Raúl Izquierdo bajo el título de Y Al Séptimo Día, Stan Lee Se Pasó Al Manga, un “texto útil” que sirve para ponernos en antecedentes sobre el nuevo proyecto de Stan Lee y de la lectura que tenemos entre manos. En las páginas finales, por otro lado, encontraremos una guía de personajes con una pequeña biografía de estos y las habituales y superfluas curiosidades que parecen llamar especialmente la atención de los lectores japoneses como son la fecha de nacimiento, el signo zodiacal o el grupo sanguíneo de sus protagonistas preferidos. Ultimo empezó a serializarse en 2008 y a día de hoy cuenta con seis tomos recopilatorios y podemos decir, por el momento, que el experimento, producido en parte por el propio Stan Lee a través de Pow! Entertainment, resulta una lectura agradable y fácilmente digerible que parece prometer emociones fuertes en sucesivas entregas o, al menos, parece plantear una evolución interesante en la trama. No obstante, esto sólo lo podremos confirmar o desmentir en el desarrollo de su próximos recopilatorios pues este primer acercamiento no deja muchas evidencias al respecto más allá de poder constatar el voluntarioso ánimo del veterano Stan Lee y el notable dibujo de Hiroyuki Takei. Estamos, eso sí, ante un producto que no busca convertirse en un referente en ningún momento, un entretenimiento puro y duro, una obra que tiene como mayor virtud la curiosidad que suscita su ya mítico guionista a la hora de abordar una obra de este tipo y de la que consigue salir bien librado en su primer asalto. Stan Lee , con su acostumbrado buen humor, afirma haber disfrutado con la experiencia, a la que califica como un “reto tan educativo como divertido” , y haberlo pasarlo bomba paseando por Beverly Hills con su yukata de araña.

17 de junio de 2011

-Daredevil: Tierra de Sombras de Andy Diggle, Roberto de la Torre y Billy Tan-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-


“Mientras sale el sol en la Cocina de Infierno,
trayendo un nuevo día para sus habitantes…
quizá todos deberíamos aprender a vivir sin miedo”

En los años ochenta Frank Miller se encargaría de otorgar a un personaje hasta entonces menor como era Daredevil , creado por Stan Lee y Bill Everett en 1964, un carisma y una personalidad como no había tenido anteriormente en toda su historia, demostrando el potencial latente que este tenía y conformando con él una etapa para el recuerdo que tendría su epílogo en el capítulo titulado Ruleta y su conclusión, en 1986, en la novela gráfica Born Again que representaba un final en toda regla a las andanzas de El Hombre sin Miedo. Frank Miller había establecido una pauta y un dogma pero después de abandonar la cabecera el personaje tuvo que recorrer un largo período de adaptación e inestabilidad en años posteriores, con muchos autores que intentaron seguir el camino marcado pero que acabaron perdidos en él; todo ello culminaría con la inclusión de su serie regular dentro de la colección Marvel Knights, el nuevo sello de la editorial marvelita que inauguraría el cineasta Kevin Smith y el dibujante y editor Joe Quesada con su maxiserie El Hijo del Diablo. Posteriormente, una vez demostradas las posibilidades que seguía atesorando el personaje, llegarían Brian Michael Bendis y Alex Maleev para legarnos una emocionante etapa que supo ofrecernos un nuevo paso adelante en la vida de Matt Murdock, trazando un punto y seguido con la visión de Frank Miller, y convirtiéndose en uno de los mejores trabajos del creador de Powers hasta la fecha para Marvel Comics. Con la despedida de Brian Michael Bendis y Alex Maleev de la serie, lejos de bajar el listón en La Casa de las Ideas decidieron que Ed Brubaker, escoltado a los lápices por Michael Lark, fuese el nuevo guionista de las aventuras de El Hombre sin Miedo. El autor estadounidense construyó su propia etapa desandando los pasos que había dado el anterior grupo creativo, aligerando la presión y ofreciendo unas historias formalmente correctas que, aunque no acababan de cuajar con la esencia del personaje, eran de una calidad incuestionable, suponiendo un pequeño respiro para afrontar lo que aún estaba por llegar. Podemos decir que, tanto la estancia de Brian Michael Bendis como la de Ed Brubaker en Daredevil, cadauno a su particular manera y estilo, ayudaron a encumbrar a la cabecera como una de las series regulares más interesantes en la última década de todas las publicadas por Marvel Comics. A ello ha contribuido, sin lugar a dudas, la histórica marginalidad y la categoría secundaria del personaje dentro del vasto Universo Marvel, lo cual ha facilitado también la llegada de guionistas y artistas de calidad a ella que amparados en una libertad creativa mucho mayor que la que se puede encontrar en otras series de la editorial ha conseguido hilvanar una larga época de bonanza para las historias de El Diablo Guardian.

Al respecto, el mismo Ed Brubaker declararía durante su estancia en la serie que Daredevil era “uno de los títulos mainstream más experimentales que existen”. Pero todo llega a su final y después de una década en la que Matt Murdock, tragedia tras tragedia se había ido hundiendo en un pozo del que era imposible que saliese por su propio pie, Andy Diggle, guionista de Los Perdedores, fue el elegido para poner punto y final a un periplo que ya se había extendido por demasiado tiempo y que había llevado al personaje más allá de sus propios límites. El nuevo renacimiento vendrá de la mano de Mark Waid, Paolo Rivera y Marcos Martín, habiendo ya afirmado el primero que la cabecera seguirá manteniendo ese toque de género negro que la ha caracterizado en los últimos años pero que, poco a poco, pretenden “aportar a la serie un tono más superheroico”. Pero antes de que lleguen estos nuevos aires hemos de valorar la etapa de Andy Diggle, un acercamiento al personaje más breve de lo que esperábamos en un primer momento, donde el guionista estadounidense ha tenido que lidiar con el dilema que le había dejado Ed Brubaker al abandonar la serie aceptando Matt Murdock convertirse en el líder del clan de asesinos conocido como La Mano. Esto ha provocado que la etapa de Andy Diggle haya desembocado en un crossover que lleva por título Tierra de Sombras, un evento centrado en El Hombre sin Miedo, algo que nunca habia pasado en la larga historia editorial del personaje y que resulta una prueba del satus que este había alcanzado en los últimos tiempos. Tanto en la serie regular como en la propia Tierra de Sombras es Andy Diggle el encargado de los guiones, con la ayuda puntual en algunos números de Antony Johnston, aunque también se adivinan en la historia las habituales imposiciones narrativas de carácter editorial, buscando un resultado aséptico, que este tipo de propuestas generan. En la serie regular encontraremos el estupendo dibujo del español Roberto de la Torre cuyo dibujo se ve aquí beneficiado por el color de Matt Hollingsworth; mientras, de los lápices del crossover Tierra de Sombras pasa a encargarse Billy Tan al tiempo que Marco Checchetto realiza labores de asistencia en algún número suelto y en el epílogo Shadowland: After the Fall donde colabora con Roberto de la Torre.

La etapa de Andy Diggle en la colección de Daredevil había comenzado de manera esperanzadora con una saga cuidada e interesante, recopilada por Panini Cómics en un tomo anterior titulado La Mano del Diablo, pero desde Marvel Comics decidieron aprovechar la oportunidad que ofrecían las ideas del guionista para convertir las últimas andanzas de Daredevil en una plataforma publicitaria para sus héroes más urbanos. En Tierra de Sombras encontraremos el mundo de Matt Murdock vuelto del revés, con la presencia de secundarios clásicos y de nueva hornada que han compartido páginas con él en los últimos años, sea su leal e incondicional Foggy Nelson o Elektra, sus compañeros de correrías Tarántula Negra o el Maestro Izo, sus acérrimos enemigos Bullseye, Kingpin o Maria Tifoidea y sus amigos metahumanos Luke Cage y Puño de Hierro, Spider-man, el Caballero Luna o Punisher. Todos ellos espectadores de lujo del “nacimiento del mayor villano del Universo Marvel” como rezaban los posters promocionales del evento y que, finalmente, no deja de ser un juego de humo y espejos. La trama de Tierra de Sombras resulta muy previsible pues estaba claro desde un principio que difícilmente en Marvel Comics apostarían por trastocar la esencia misma del personaje, de esta manera, conociendo mínimamente la trayectoria de este y asumiendo su militancia en La Mano cualquier aficionado puede descubrir donde esta la trampa. Lo que Andy Diggle proponía en sus primeros números en Daredevil, con una narrativa pausada y fresca, se echa por tierra en este crossover de lo más trillado, con decisiones maniqueas y tópicas como el vestir de negro al héroe para que quede claro que ahora es un villano, cuyos resultados resultan simplemente correctos. Se evidencia más la intención final, resetear al personaje, que la voluntad de aprovechar los recovecos y posibilidades del relato, aunque al menos se agradece una cierta coherencia con las anteriores etapas de la serie y que no se haya optado por un simple mefistazo para liquidar el asunto.

En el apartado gráfico el dibujo de Roberto de la Torre resulta exquisito aunque menos experimental que su trabajo junto a Ed Brubaker en Puño de Hierro aunque esto más que defecto suyo es un hecho derivado del planteamiento más conservador orquestado por Andy Diggle que prefiere decantarse por el pragmatismo y dejarse de florituras. En el otro lado tenemos el dibujo de Billy Tan en Tierra de Sombras, mucho menos perfilado y rico en matices, que cumple con su cometido sin destacar especialmente en ningún momento. Por lo demás, Andy Diggle hace su parte, consiguiendo que no se escape de sus manos la historia y confeccionando un trama digerible y hasta cierto punto entretenida pero que, por diversos motivos y dejando de lado algún golpe de efecto algo gratuito, sabe a poco e incluso genera un leve grado de indiferencia por lo narrado. Tierra de Sombras se convierte en un clímax descafeinado que no esta a la altura de lo que hemos disfrutado en la serie regular en los últimos años pero no provoca secuelas excesivamente graves ni en la configuración ni en la continuidad del personaje. En la edición de Panini Cómics de Tierra de Sombras, enmarcada dentro de la colección 100 % Marvel, encontraremos una recopilación en orden cronológico de los diferentes números que componen la historia para así facilitar la lectura incluyendo las portadas originales y todas su variantes así como sendos artículos de Julián Clemente, uno a modo de introducción titulado El Alma del Diablo que supone un resumen de la trayectoria del personaje desde la etapa de Frank Miller y otro más extenso en las páginas finales del tomo, Malas Calles: El Mapa de Tierra de Sombras, donde se explica la gestación del crossover y lo que significa a corto y largo plazo para el personaje. En definitiva, Tierra de Sombras es un relato que podría haber dado más de sí pero ahora toca hacer balance y simplicar la vida del personaje para que pueda afrontar, con suerte, otra década para recordar. Sólo el tiempo dirá si el personaje se ha acabado por quemar o aún tiene algo nuevo que ofrecer, si un cambio de perspectiva puede ser favorecedor o si sólo es cuestión de tiempo que la sombra de Frank Miller vuelva a planear sobre El Hombre sin Miedo para volverlo a hundir en sus miserias. El futuro en estos siempre resulta incierto y más cuando el pasado ha sido tan brillante.

Ver también:

Daredevil -Guionistas sin Miedo (I)
Daredevil -Guionistas sin Miedo (II)

10 de junio de 2011

-Death Note de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



“Este mundo está podrido,
¡Y aquellos que lo ensucian deben morir!
¡Alguien tenía que hacerlo!
Incluso a costa de su propia mente y alma.
¡Este mundo necesita ser limpiado!”
 
 
Death Note es uno de los mangas que más fama y repercusión ha obtenido en los últimos años, manteniendo en vilo a miles de aficionados con su rebuscada y retorcida trama, generando toneladas de merchandising, entre ellas varias novelas oficiales, y habiendo sido adaptada con notable éxito al anime por el estudio Madhouse y a una saga de películas, live action que se dice hoy en día, que han reventado la taquilla japonesa y han provocado el interés de Hollywood por realizar un remake del fenómeno en cuestión. En Death Note econtramos un manga que entremezcla de manera atractiva ciertos aspectos de la mitología japonesa con una “prudencial” aproximación social y humana de reminiscencias dostoievskianas sobre el concepto del bien y el mal y que sus autores, Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, plantean de una forma ligera, dentro de una enrevesada y compleja trama de suspense e intriga. Death Note comenzó a publicarse en el año 2003 por parte de la editorial japonesa Shūeisha , en la famosa revista semanal Shōnen Jump, empresa que en la última década ha presentado en sus páginas auténticos superventas a nivel mundial como Bleach de Tite Kubo, Naruto de Masashi Kishimoto o One Piece de Eiichirō Oda. La obra de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata alcanzó un total de doce tomos recopilatorios más uno adicional conocido como How to Read en el que se incluían todo tipo de datos sobre la serie como pueden ser anécdotas, curiosidades, entrevistas a sus creadores, fichas de personajes y el capítulo piloto original de la propuesta de Death Note en el que se puede apreciar la evolución en el planteamiento de la obra hasta llegar a su definición final. Death Note es un manga que tiene un enfoque más ligado al género seinen aunque su desarrollo y su tratamiento de personajes pueda parecer más inclinado al shōnen pero, no obstante, es la ambivalencia entre ambos géneros de la que resulta uno de sus mayores atractivos de esta obra que ha sabido aportar algo diferente al género, una temática más adulta dentro de una propuesta que no deja de tener como principal objetivo el simple y llano entretenimiento.

Light Yagami, un sobresaliente estudiante a punto de iniciar la universidad, se encuentra un buen día un extraño cuaderno tirado en la calle con una inscripción en la que se puede leer las palabras Death Note y con unas instrucciones en su interior donde se detalla que todo aquel que escriba el nombre completo de una persona en sus páginas mientras visualiza el rostro de ésta morirá de un ataque al corazón. Light Yagami, en un principio escéptico, pone a prueba el cuaderno y comprueba con sorpresa su veracidad, poco después se aparece ante él un shinigami, un dios de los muertos amante de las manzanas llamado Ryuk que afirma que aquel cuaderno le pertenece y que lo abandonó expresamente para que alguien lo pudiese encontrar y así distraerse de su rutinaria inmortalidad viendo lo que podía ocurrir al ceder a un humano dicho poder. Light Yagami decide entonces utilizar el cuaderno para crear un nuevo orden mundial eliminando con él a todos los delincuentes y asesinos del planeta y convirtiéndose de esta manera en un implacable justiciero anónimo y omnipotente que será conocido por el nombre de Kira. Las fuerzas policiales y los gobiernos de todo el mundo pronto se ponen en alerta y el caso consigue llamar la atención de un famoso y misterioso detective privado conocido simplemente como L. Una terrible batalla de ingenio y habilidad se desatará entre L y Kira, un macabro juego psicológico entre dos rivales realmente muy parecidos que persiguen metas muy distintas y a las que no están dispuestos a renunciar. En base a este argumento Tsugumi Ōba desarrolla una compleja trama, con múltiples personajes secundarios en liza, en función de la cual la intriga se maneja como el principal elemento de la historia llegando a expandirse hasta cotas surrealistas y la cual tiene a bien poner en imágenes Takeshi Obata cuyo estilo de dibujo se aleja en gran medida de las filias y fobias de otros autores del género shōnen. Un dibujo perfilado y detallado, con una narrativa muy apropiada para un manga que más que en la acción, anecdótica en el transcurso del relato, se basa en los diálogos, en la fuerza que desprenden sus carismáticos personajes y en el desarrollo de su argumento. Estos personajes resultan arquetipos, especialmente hablando de sus dos protagonistas principales, L y Kira, que son las dos caras de una misma moneda, dotados ambos de un carácter y una atractivo casi plástico sobreactuado y llevado al exceso que disimula su escasa profundidad real.


De esta manera, el tándem creativo formado Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, que triunfan actualmente con la también excelente Bakuman, demuestran una gran química y entendimiento entre ellos que queda plasmado en la intensidad que son capaces de transmitir en la historia. Death Note es un manga que basa su estructura en sus continúas vueltas de tuercas y en el uso de un recurrente deus ex machina que, por tramposo, resulta de lo más ameno y entretenido ya que sus autores lo plantean desde un buen principio como parte del juego. No obstante, en ocasiones se echa de menos que Tsugumi Ōba se implique más en la trama y tome partido hacia un lado u otro para no dejar todo a la interpretación del posible lector. Es precisamente esto lo que convierte a Death Note en un producto más ligero de lo que sus pretensiones insinúan y que podrían haberla transformado en una obra referencial de no haber pecado de falta de ambición. Lejos de eso, la historia resulta en extremo alargada y estirada, dejando entrever además dos partes claramente bien diferenciadas. La primera, la mejor de las dos, se centra en el conflicto surgido entre los dos personajes principales convirtiéndose este enfrentamiento en la raíz de la historia que va, poco a poco, in crescendo, aumentando su ritmo e intensidad, creando una atmósfera propicia para ello, hasta su inevitable clímax. Después de este, que podría ser interpretado como un final en sí mismo en cuanto que ofrece una contundente respuesta a una de las grandes cuestiones del manga, posiblemente la principal, en la que encontramos vencedores y vencidos, asistimos a la segunda parte de la historia que cae en una vulgar repetición, no sólo de esquemas sino también de personajes que resultan clónicos de otros anteriores y que no suponen una evolución patente de un relato demasiado acomodado en su estructura y definición.

La historia, pese a seguir estando bien narrada por Tsugumi Ōba, pierde parte de su interés y razón de ser debido a ese inútil bypass entre ambas partes, el cual sólo sirve para intercambiar una pieza por otra manteniendo el mismo engranaje prácticamente inalterable, sumando a ello la ausencia de uno de los personajes más interesantes del relato que servía de perfecto contrapunto a su homónimo y rival. La evolución del relato brilla por su ausencia y sus autores pierden la oportunidad de retratar mejor los cambios que se podrían producir en una sociedad marcada por un devenir de este tipo, aunque este sea de corte fantástico, y que hubiesen sido interesantes de abordar para dotar de mayor profundidad a la obra y liberarla algo de la fuerza y monopolio que ejercen el carisma de sus personajes sobre la historia. Death Note ha sido publicada por Ediciones Glénat en nuestro país en doce tomos recopilatorios siguiendo al pie de la letra la edición japonesa, a eso se añade el mencionado especial How to Read que, después de la insistente y reiterativa demanda de los aficionados, fue editado en un tomo en tapa dura prescindiendo del formato de los anteriores números. En definitiva, Death Note es una obra que, pese a sus defectos, los cuales sabe solapar de manera inteligente, resulta una lectura muy recomendable que asegura un entretenimiento realmente absorbente y ameno. Es también Death Note una manera de acercarse al grupo creativo formado Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, uno de los más frescos del actual paronama del cómic japonés, como demuestra su más reciente Bakuman , una obra muy alejada de la temática de Death Note, centrada en el mundo mismo del manga y que ha sorprendido a propios y extraños gratamente. Un par de autores que nos pueden dar más de una alegría en un futuro próximo, que han conseguido con Death Note hacerse un hueco en la siempre implacable industria japonesa con una obra con un estilo propio y una temática que permite diferenciarla claramente de otras propuestas más clásicas del manga japonés. Un punto de partida con mucho potencial, una trama envolvente y unos personajes a la zaga hacen que la manida lucha entre el bien y el mal nunca haya sido tan real en un manga de corte fantástico como en Death Note y eso, por lo menos, es un motivo más que suficiente como para echarle una ojeada.

9 de junio de 2011

-Echo de Terry Moore-

 
-Publicado Previamente en Zona Negativa-
“Me he dado cuenta de que incluso la gente
que dice que todo está predestinado,
y que no podemos hacer nada para cambiarlo,
mira antes de cruzar la calle”
 
Echo es un cómic independiente de ciencia ficción de leves resonancias superheroicas dibujado, guionizado y publicado por Terry Moore, un autor versátil, siempre pendiente de ampliar sus horizontes, como demuestran sus variados trabajos para Marvel Comics, en series tan dispares como Punisher, Spider-man Loves Mary Jane o Runaways y que combina con empresas y proyectos más personales. Este es el caso de la presente Echo que nos llega a través de su propia compañía, Abstract Studios, en la que ya pudimos disfrutar en su momento de su alabada y aplaudida Strangers in Paradise, que ha permitido al autor mantener la total libertad creativa sobre sus historias. Echo nos habla de Julie Martin, una fotógrafa arruinada y a punto de divorciarse, con una hermana ingresada en el psiquiátrico, que intenta superar la peor etapa de su vida. Desconociendo lo mucho que aún va a complicarse su situación Julie Martin, durante una de sus excursiones profesionales, se ve expuesta a un extraño material metálico que queda adherido a su piel después de haber caído desde el cielo a causa de una terrible explosión. La sustancia establece una relación simbiótica con el cuerpo de Julie Martin formando un peto plateado que reacciona de manera instantánea ante cualquier amenaza que pueda dañar al huésped lanzado potentes y controladas descargas nucleares. La aleación que recubre su cuerpo se extiende, poco a poco, por su piel y no parece haber manera humana de librarse de ella. De esta manera el destino de Julie Martin queda ligado al de la física Annie Trotter, la anterior poseedora y creadora del traje que se encontraba desarrollando una nueva arma biológica a través del Proyecto PHI, situación que provocará que se acabe poniendo en contacto con el novio de esta, el ranger Dillon Murphy, que busca respuestas a la desaparición de su pareja. Los dos juntos tendrán que emprender una larga y desesperada huida de las fuerzas de seguridad, encabezadas por la experta y sagaz investigadora Ivy Raven, y del acoso de un misterioso vagabundo que también ha sido afectado por la lluvia simbiótica y nuclear y ahora persigue a Julie Martin para hacerse con el resto del traje sembrando a su paso el caos y el terror.

La road movie concebida por Terry Moore continúa con paso firme en este segundo volumen de Echo, publicado por Norma Editorial en nuestro país coincidiendo con el pasado 29º Salón Internacional del Cómic de Barcelona, donde el autor sigue construyendo un relato de corte realista, pese a su temática fantástica y de ciencia ficción, que tiene una de sus virtudes más destacadas en el tiempo que la historia se toma para desarrollar sus personajes. Unos personajes bien perfilados y caracterizados, especialmente los protagonistas, cuyas preocupaciones y sentimientos resultan comprensibles para el lector y que contrastan con la génesis de algunos de los villanos de la aventura que remiten directamente a los cómics clásicos de superhéroes. Tendríamos que destacar también la habilidad que Terry Moore como narrador en virtud de su dibujo plano y sencillo, aunque no exento de detalle y matices, que configuran un cómic fresco y divertido, con una dosificación de la intriga ajustada y perfecta que no desentona con el interesante trasfondo crítico con el que la obra intenta incitar a la reflexión sobre el poder real de la ciencia. Esto explica el pánico nuclear que sobrevuela toda la trama y que Terry Moore es capaz de presentar de una forma atractiva dándole un componente social y humano al relato que refleja una sensibilidad que ya habíamos podido apreciar en Strangers in Paradise y que el autor ya ha demostrado saber manejar de forma impecable. Terry Moore es consciente en Echo de que esta trama debe sustentar sus cimientos y estructura en función de sus personajes y no al revés, motivo por el cual se aleja de efectismos gratuitos y tópicos recurrentes, sin por ello renunciar a la acción que plasma de manera fluida y convincente, para recrearse en una visión más intima y personal de la epopeya que pretende contar. Las vueltas de tuerca de la historia resultan naturales, nada forzadas, favoreciendo la evolución de la historia que se va desvelando y encontrándose a sí misma a medida que los personajes crecen, mutan y nos muestran diferentes matices y capas de sus respectivas personalidades consiguiendo un cierto efecto matrioska que nos permite mantener el interés en ellos.
El dibujo de Terry Moore, que recuerda al estilo manga de personalidades como Katsuhiro Ōtomo o el más reciente Naoki Urasaka, pero cuya influencia más directa es la obra de autores de corte independiente como Dave Sim o Jeff Smith, sabe llevar a su terreno el uso del blanco y negro aunque, curiosamente, pierde muchos enteros en las portadas de la colección cuyo trazo parece más simple y descuido que el de las páginas interiores. El tono slice of life, prácticamente un género hoy en día, presenta en Echo un toque más ligero que el que podíamos encontrar en la anterior obra de Terry Moore, Strangers in Paradise, debido principalmente por la temática que aquí aborda, pero aún así se muestra más interesante que el que podemos encontrar en otros cómics como, sin ir más lejos, el Scott Pilgrim del canadiense Bryan Lee O’Malley ya que su profundidad y sus personajes están pensados para transmitir emociones e ideas y no son meros escaparates generacionales. En este segundo volumen de la historia, como ya ocurría en el precedente, encontramos diversas citas al inicio de cada capítulo relacionadas, como no podía ser de otra manera, con la ciencia y protagonizadas por históricos personajes como los científicos Stephen Hawking o Albert Einstein, el pensador político Thomas Paine, el saxofonista Dexter Gordon o los famosos escritores estadounidenses Ernest Hemingway y William Faulkner. La edición de Norma Editorial, por otro lado, resulta muy práctica para la lectura en un formato tomo algo más reducido de lo habitual que incluye las portadas originales de la colección y cuyo precio, pese a que en un primer momento se había anunciado un destacado incremento en él, se mantiene igual al de la primera entrega publicada. Nuestra única preocupación pues, es la de limitarnos a disfrutar de esta obra que concluirá en un tercer y último recopilatorio, donde podremos comprobar si el final de la historia de Terry Moore esta a la altura de lo que hasta ahora nos ha mostrado. Por lo pronto, el viaje vale la pena, y más allá de ello, Echo es un prototipo de cómic para todos los públicos que debería servir de ejemplo para otros autores a la hora de abordar un género como el de la ciencia ficción, fantasía y aventuras pues de todo eso y más encontramos en la historia y en todo ello, como lectores, consigue Terry Moore implicarnos.

3 de junio de 2011

-Bogavante Johnson: El Prometeo de Hierro de Mike Mignola, Guy Davis y Jason Armstrong-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Es la hora de enfrentarse a la rigurosa 
justicia de la pinza del Bogavante"

Bogavante Johnson, misterioso héroe y justiciero azote de gánsteres, bandas organizadas y otros maleantes de la Nueva York de los años veinte y treinta del pasado siglo, ocasional compañero del rudo y demoníaco investigador paranormal Hellboy y colaborador de la AIDP (Agencia de Investigación y Defensa Paranormal), presenta ahora sus aventuras en solitario con su primera miniserie titulada El Prometeo de Hierro en la que colaboran Mike Mignola, Guy Davis y Jason Armstrong. Bogavante Johnson es en apariencia un personaje de fantasía para el gran público que ha protagonizado novelas, películas y cómics de escasa calidad, un mito y una leyenda urbana para entretener a los más ociosos, pero la realidad siempre acaba superando a la ficción y su existencia, para algunos, es un hecho fuera de toda duda. Un luchador incansable contra el crimen, sin ningún poder atribuido que se le conozca, que se sirve de sus habilidades para la lucha y de la ayuda de sus seguidores para enfrentarse a todo tipo de amenazas que pueblan los bajos fondos de las calles de Nueva York y entre las que no faltan “nazis, científicos locos y monstruos de otras dimensiones”. En El Prometeo de Hierro la acción se sitúa en el año 1937, dentro del marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando siguiendo una de sus últimas pesquisas, Bogavante Johnson se pone en contacto con Jim Sacks, un jugador de béisbol fracasado poseedor de un traje de energía vril diseñado por el profesor Kyriacos Gallaragas que ha despertado el perverso interés de los nazis y de Memnan Saa, un extraño personaje que busca cumplir una ancestral profecía que habla de la destrucción de las grandes naciones del mundo a manos del resurgido imperio hiperbóreo. Ahora Bogavante Johnson y sus compañeros tendrán que ir al rescate del profesor Gallaragas y su hija Helena que han sido secuestrados y evitar que una tecnología tan devastadora como la desarrollada por el profesor pueda caer en malas manos. El Prometeo de Hierro se presenta como una historia de corte pulp enriquecida con la mitología propia y ajena que Mike Mignola maneja en sus obras habitualmente, una receta en la que no faltan grandes dosis de acción y una pizca de humor, una propuesta que si bien ya no sorprende sigue entreteniendo como el primer día.

En El Prometeo de Hierro, como ya ha ocurrido anteriormente con otras miniseries relacionadas con el universo Hellboy, Mike Mignola ejerce como guionista controlando al mismo tiempo con mano férrea, nunca mejor dicho, el apartado gráfico relacionado con el diseño de personajes, escenarios y situaciones; esto en colaboración con Guy Davis con quién ya ha realizado esa misma labor en AIPD, mientras el acabado final corre a cargo de los lápices del canadiense Jason Armstrong. Todo ello hace que la estética de Bogavante Johnson, en la que también aporta su granito de arena el colorista Dave Stewart, siga las directrices de los anteriores trabajos de Mike Mignola a la hora de definir ese homogéneo universo propio que no ha hecho más que crecer en las últimas décadas. Dicho esto, el mayor interés de El Prometeo de Hierro es el personaje que la protagoniza, un Bogavante Johnson que pese a su popularidad entre los aficionados a la obra del autor estadounidense, apenas se ha prodigado en los relatos concebidos por este habiendo sido sus apariciones más significativas en la historia titulada El Gusano Vencedor y en la novela Lobster Johnson: The Satan Factory. También se comenta que el mismo Mike Mignola prohibió la aparición del personaje en Hellboy II: El Ejército Dorado, la segunda entrega de la saga cinematográfica a cargo de Guillermo del Toro, aunque no parece haber una confirmación oficial sobre este hecho. Dentro del relato de El Prometeo de Hierro, compuesto por cinco únicos números, se incluyen algunos textos ficticios, a modo de falsos artículos periodísticos, sobre la “verdadera” historia de Bogavante Johnson y su indirecta relación con películas de bajo presupuesto o novelas baratas de género negro. Un recurso metaficcional, poco original hoy en día, que aporta, no obstante, un interés añadido a la lectura cuyos interludios sirven como bypass a la ágil y acelerada narrativa que encontramos en El Prometeo de Hierro y que sigue siendo, en ocasiones, un pequeño defecto de la marca asociada a Mike Mignola ya que sus historias resultan a menudo algo livianas y fugaces, es decir, demasiado fácilmente digeribles como para soportar diversas relecturas.

La edición de Norma Editorial de El Prometeo de Hierro, sencilla y compacta, incluye una serie de extras en forma de bocetos y apuntes de los autores, un “sketchbook”, con comentarios acerca de la evolución del diseño de algunos de los personajes más destacados de la historia y de varios de los escenarios en los que se desarrolla la acción de la aventura. Un material gráfico anotado por sus responsables que sirve para hacernos una idea aproximada del sistema de trabajo que Mike Mignola ha perfeccionado en sus cómics a la hora de trabajar con sus diferentes compañeros y colaboradores. En este caso, Jason Armstrong es la gran novedad, un artista que ha trabajado en títulos como Legión de Superhéroes y Robin para DC Comics, Hércules, Sensacional Spider-man y 2099: El Mundo del Mañana para Marvel Comics y en Ferro City para Image Comics; el nuevo fichaje de Mike Mignola a instancias del editor del experimento, Scott Allie, que consideraba que su estilo encajaría a la perfección con la historia que tenían en mente. La jugada se demuestra ganadora y Jason Armstrong, con el apoyo de Mike Mignola y Guy Davis, sale bien librado de ella con un dibujo muy expresivo y fluido que otorga cierta entidad propia a este spin-off publicado por la editorial Dark Horse. Por lo demás, en El Prometeo de Hierro encontramos las filias recurrentes del creador de Hellboy, relatos llenos de acción con un apartado gráfico de tintes lovecraftianos e influencias mitologías que Mike Mignola recolecta de distintos folclores y culturas a lo largo de la historia y que con habilidad reinventa una y otra vez sin dar muestras de agotamiento. En construir este tipo de armazones ha desarrollado una destacada habilidad Mike Mignola consiguiendo que Hellboy y sucedáneos se haya convertido en un referente de primer nivel del cómic de aventuras de las dos últimas décadas tomando el relevo de importantes obras del género de otras épocas como el Tarzán de los Monos de Harold Foster o el Tintín de Hergé y al igual que este último la franquicia de este genial artista estadounidense no puede evitar presentar una narrativa muy cinematográfica. Hasta donde se podrá estirar el éxito de Hellboy aún es difícil de decir por lo que resulta mucho más sencillo, por el momento, disfrutar de la rigurosa justicia de la pinza de Bogavante Johnson.

2 de junio de 2011

-Thor: En Busca de los Dioses de Dan Jurgens y John Romita Jr.-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"¡Nadie salvo Thor puede alzar el martillo mjolnir, 
creado por la magia y el honor 
del todopoderoso Odín, señor de Asgard!"

Después de la famosa Saga de Onslaught, el crossover mutante que asolaría el Universo Marvel a finales de los años noventa, se desencadenaría el proyecto Heroes Reborn a través del cual los principales personajes de la editorial, Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, Ironman y el Capitán América, serían sometidos a un forzado regreso a sus orígenes situándolos en un escenario que permitiese afrontar sus aventuras desde un nuevo comienzo. De estas particulares Crisis en Tierras Infinitas de Marvel Comics sólo Spider-man, Daredevil y otros héroes urbanos y también Hulk, debido a la oposición demostrada por su entonces guionista Peter David, sobrevivieron a las intenciones de los responsables de esta iniciativa que no eran otros que Jim Lee y Rob Liefeld lo que resulta una muestra más de una década en la cual la forma se había impuesto al fondo. La nueva situación de las series regulares de Marvel Comics, como era de esperar, se tradujo en un descenso de las ventas y un descontento general por parte de sus seguidores por lo que tan sólo un año después se decidió volver a los personajes a su status quo previo borrando todo rastro de lo que había supuesto el fracasado experimento Heroes Reborn. Para esta vuelta atrás se puso en marcha toda la maquinaria marvelita y se inició la operación conocida como Heroes Return, un relanzamiento en toda regla de los personajes más conocidos de la editorial devolviéndolos al universo que nunca deberían haber abandonado. En este contexto, en 1996, llegaría la nueva serie de El Poderoso Thor, el mitológico dios nórdico que había sido reconvertido en superhéroe por gracia y obra de Stan Lee y Jack Kirby en 1962, de la que se encargarían Dan Jurgens y John Romita Jr., una etapa cuyos inicios, coincidiendo con la presencia del Dios del Trueno en la gran pantalla, recupera ahora Panini Cómics para convertirla en la piedra fundacional de su nueva “franquicia”, la Colección Extra Superhéroes destinada, según comentaba Julián Clemente en su presentación, “a ofrecer una gran cantidad de cómics de primera calidad a precios muy asequibles”. Esta nueva línea, como bien adivinarán los más veteranos, es un homenaje a la mítica serie creada en 1983 por la desaparecida Cómics Forum de la que, como indica el editor de Panini Cómics, “toda una generación de lectores guarda inmejorables recuerdos”.

Centrándonos en la obra en cuestión, Thor: En Busca de los Dioses es la primera parte de una etapa que intenta recuperar el tono más clásico de los cómics del personaje, de hecho en él se evidencian ciertos ecos de la época de Stan Lee y Jack Kirby en la serie e incluso del alabado trabajo de Walt Simonson a cargo de sus aventuras, volviendo así a los orígenes que lo habían convertido en un referente del Universo Marvel. La historia relata las nuevas peripecias del Hijo de Odín cuando este descubre que la bella Asgard ha sido arrasada y destruida por un enemigo desconocido y todos sus habitantes han desaparecido sin dejar ningún tipo de rastro. Thor, decidido a encontrar respuestas, iniciará la búsqueda de los responsables de tal desastre, cruzándose en su camino con héroes como Namor, Spider-man o su acerrimo amigo Hércules, pero pronto descubrirá que su nueva condición, habiendo quedado ligado su destino al del humano Jake Olson, exige también responsabilidades y sacrificios. El guionista Dan Jurgens, uno de los principales causantes de La Muerte de Superman, juega con una premisa sencilla de la que se sirve hábilmente para volver a reintroducirnos al universo del personaje, con una historia llena de acción y épica asgardiana en la que no faltan ciertos momentos humorísticos que ayudan a aliviar el tono grandilocuente del relato. De esta manera, Dan Jurgens, cuyo trabajo se ve realzado por el dibujo de John Romita Jr. aquí en uno de los momentos álgidos de su carrera y las tintas de Klaus Janson, conforma un cómic entretenido y ameno sin perseguir mayores pretensiones. Por otro lado, Thor: En Busca de los Dioses también viene a demostrar que la retrocontinuidad no es un truco narrativo propio y exclusivo de nuestros días, Dan Jurgens no hace ascos en sus planteamientos a manidos recursos como son los recurrentes hechizos que borran recuerdos, de terribles villanos de los que nunca habíamos sabido nada pero siempre estuvieron ahí y de vueltas de tuerca, en ocasiones, demasiado forzadas.

En este regreso a los orígenes se recuperan antiguos secundarios, como es el caso de Jane Foster, pero se les sitúa en un nuevo contexto ya que el alterego de Thor, tradicionalmente asociado con Donald Blake, es aquí sustituido por Jake Olson, un paramédico de la ciudad de New York cuya vida queda ligado a la del Dios del Trueno después de inmiscuirse en un enfrentamiento contra El Destructor en los que se ven implicados también Los Vengadores. Argumentalmente esta nueva identidad civil asociada al poderoso asgardiano sólo supone un lastre y una tara innecesaria para la historia y para el mismo personaje ya que Dan Jurgens no pasa de utilizarla como una mera anécdota, sin aportar ninguna profundidad a esta situación y convirtiéndola en un simple cliché que sólo es utilizado como punto de fuga a la tensión y la acción del relato. Las escenas de acción están muy bien planteadas y aún mejor definidas por John Romita Jr. que se encuentra aquí en el clímax de su carrera haciendo suyo un personaje que se adapta muy bien a su trazo plano y anguloso, ligeramente estático, que aquí resulta verdaderamente inspirado al contrario de lo que sucede en algunos de sus últimos trabajos para Marvel Comics como en el Kick-Ass de Mark Millar o en su actual etapa en Los Vengadores junto a Brian Michael Bendis. Destacan especialmente sus espectaculares e impactantes splash pages que son una justa muestra del talento de un autor que desde hace unas décadas se le ha identificado siempre como la quintaesencia del dibujante y artista marvelita por excelencia.

Respecto a la nueva edición de esta obra, después del éxito del coleccionable Marvel Héroes parece que Panini Cómics se apunta un nuevo tanto a su favor con esta Colección Extra Superhéroes que ofrece una adecuada relación entre calidad y precio con unos tomos ligeramente más pequeños al del tamaño de un cómic americano convencional. Un formato en el que se pretende recopilar “con cierto orden cronológico”, en palabras del propio Julián Clemente, “las grandes etapas de Marvel de los últimos doce años” como demuestran los próximos recopilatorios que incluirán destacados materiales de obras como el Capitán América de Mark Waid, Ron Garney y Andy Kubert, La Patrulla X del veterano Alan Davis, los Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley, Los Inhumanos de Paul Jenkins y Jae Lee o la estupenda etapa del Masacre de Joe Kelly. Por otro lado, este primer tomo de la colección, Thor: En Busca de los Dioses, contiene los doce primeros números de la serie original de The Mighty Thor realizados por Dan Jurgens y John Romita Jr. y el segundo número de Peter Parker Spider-man con Howard Mackie y Dan Jurgens donde sigue parte de la historia relatada en la cabecera del Dios del Trueno. En el número nueve de The Mighty Thor, como curiosidad a destacar, John Romita Jr. cede el testigo en los lápices a John Buscema y Jerry Ordway. La edición incluye también una introducción bajo el título de El Gran Retorno firmada por Raimon Fonseca donde este nos pone en antecedentes sobre la trayectoria del Dios del Trueno durante los años noventa y un postfacio en el cual Cels Piñol presenta el punto de vista del aficionado marvelita en un explícito artículo bajo el nombre de Cómo Conocí a un Dios de Asgard. En definitiva, un formato que promete emociones fuertes, manejable y bien planteado, apropiado para editar historias como En Busca de los Dioses, una historia que, sin estar a la altura de las mejores etapas del personajes, resulta una lectura agradable y fresca en la que podemos disfrutar de una narrativa de corte clásico concebida por Dan Jurgens y forjada por los lápices de John Romita Jr. para dar vida a Thor, Hijo de Odín, un dios entre hombres.