29 de abril de 2011

-La Guerra de Wade Wilson de Duane Swierczynski y Jason Pearson-



 -Publicado Previamente en Zona Negativa-
 
“…Y esa es la pura verdad,
la vida es lo que tú hagas que sea”
 

Masacre es uno de los personajes que más están siendo explotados ahora mismo por La Casa de las Ideas; con su nueva película anunciada a las puertas y posiblemente protagonizada por Ryan Reynolds, una serie regular, a cargo de Daniel Way, y con su aparición en otros tantos títulos, especiales y miniseries, a pesar de algunas cancelaciones recientes. El Mercenario Bocazas está más de moda que nunca (como ya contábamos en la reseña del primer tomo Marvel Monster: Cable & Masacre), lo que también hace que corra el riesgo de quemarse como nunca antes lo había hecho. Siendo así, ¿se pueden crear historias nuevas que no caigan en el absurdo y aporten algo diferente al personaje? Según Duane Swierczynski, con Jason Pearson a los lápices, parece que sí, o eso intentan demostrarnos en La Guerra de Wade Wilson. Duane Swierczynski, además de ser un tipo con un nombre impronunciable, es un escritor de novela negra (Secret Dead Men o la trilogía de Charlie Hardie) con Nivel 26, junto al productor televisivo Anthony E. Zuike, como su obra más conocida. También se ha encargado de algunas series de Marvel Comics como The Punisher, El Inmortal Puño de Hierro, El Caballero Luna o La Viuda Negra, así como ha realizado guiones para cine y televisión. Jason Pearson, por su parte, ha estado trabajando para casi todas las grandes editoriales de cómics estadounidenses, DC Cómics, Marvel Comics, Dark House, Wildstorm, en títulos como Legión de Superhéroes, Uncanny X-Men, Vanguard, Witchblade o Savage Dragon. Parte de su trabajo ha sido realizando cubiertas e ilustraciones, como en Astonishing X-Men o las actuales series de Masacre.

Sinopsis de La Guerra de Wade Wilson

La Guerra de Wade Wilson nos ofrece una nueva vuelta de tuerca al personaje de Masacre, llega la hora para el Mercenario Bozacas de dar explicaciones al gobierno sobre sus actos y crímenes de guerra. Ante un tribunal militar, el soldado Wilson tendrá que responder sobre su vida, su participación en el experimento del Proyecto Arma X y las consecuencias que este llevó acarreadas. A su vez, en un arco argumental paralelo, uno de los encargados y responsables del mencionado Proyecto Arma X nos contará otra versión de los hechos que no encaja del todo con la que nos ofrece el famoso mercenario… También contaremos con la presencia de secundarios como Domino, Bullseye y Marta Plateada, de los que también conoceremos su génesis, dejando al lector conocedor de estos personajes descolocado, pero es que en esta obra nada es lo que parece. Duane Swiercynski y Jason Pearson son los encargados de hacer que dudemos de todo lo que creíamos saber sobre Masacre hasta el mismo final, y esa es la pura verdad.

Crítica y Valoración Personal

Durante la lectura de La Guerra de Wade Wilson creo que mi actitud fue de desconcierto. Me leí las casi cien páginas del tirón, porque no me encajaba nada. Hasta el final, pero como no puedo soltar spoilers os dejaré con la duda y el misterio. Aunque como pista os puedo decir que su final es algo que no os va a extrañar del todo a los que seáis o hayáis sido seguidores de las aventuras del rey de la verborrea. La historia tiene varios niveles de narración, o mejor dicho, puntos de vista, que variarán según el narrador, pudiendo cambiar de uno a otro el relato de manera radical, y cumpliendo con el famoso dicho de que la cosas siempre varían según el cristal con el que se miran. Los secundarios resultan correctos e interesantes, aunque aquí debo avisar de nuevo que la historia cuenta con varios puntos de vista que divergen, e incluso llegamos a un punto en el que sus personajes no parecen tener nada que ver con el Universo Marvel, por lo que sería mejor que nadie vaya buscando rigor y lealtad a estos, no lo habrá. Realmente es difícil esto sin soltar spoilers. La historia tiene sus golpes de humor, no deja de ser Masacre, y un Masacre sin bromas es como un jardín sin flores, un foro sin trolls o internet sin porno y fotos de gatitos. También hay sangre y tiros, que aunque se ponga más profundo de lo normal es una historia de nuestro mercenario preferido, con sus escenas de acción bien resueltas, que aún tratando de ser más “realistas” que otras veces no dejan de tener sus momentos espectaculares e imposibles. Tampoco faltan, en la línea de todas las colecciones de este personaje, mujeres de anatomías imposibles por todos lados –que nadie intérprete esto como una crítica- que se han convertido ya casi en un sello de identidad asociado para nuestro Wade. La Guerra de Wade Wilson de Duane Swierczynski y Jason Pearson funciona como un cómic más de este personaje, así como también funciona como historia independiente, con personajes originales y fuera de continuidad. Os gustará, o puede que os horrorice, lo que es seguro es que La Guerra de Wade Wilson no os va a dejar indiferentes.

Ver también: 

28 de abril de 2011

-Vida y Muerte del Capitán Marvel de Jim Starlin-



-Publicado Previamente en Zona Negativa-


 "Cuando la muerte vino a por él, 
la recibió como a una amiga. 
Yo no lo haré"

El primer Capitán Marvel del mundo del cómic conocido fue el creado por el guionista y editor Bill Parker y el dibujante Charles Clarence Beck en el 1939 dentro de la revista Whiz Comics de la editorial estadounidense Fawcett, siendo este un sosias del Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster que conseguiría en su época una gran popularidad y que acabaría siendo, como ha demostrado la historia, un personaje muy influyente y controvertido en décadas posteriores. Ya en 1941 National Comics, el antiguo nombre de DC Comics, demandaría a Fawcett por la violación de sus derechos intelectuales a causa del parecido de su personaje con el famoso Hombre de Acero y después de muchos litigios y decisiones judiciales, que daban parte de la razón a ambas editoriales, en 1951 Fawcett decidió pagar una indemnización a su competidora y dejar de publicar historias sobre el personaje. Fawcett cerraría poco tiempo después el negocio y vendería su cartera de personajes a la editorial Charlton que a la postre recalaría, como ya sabemos, en manos de DC Comics siendo parte de la inspiración del Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons. Ya a finales de los años sesenta esta se mostraría interesada en publicar nuevas historias del olvidado Capitán Marvel y por ello se hizo con la licencia de propiedad que todavía guardaba Fawcett sobre el personaje. Pero por entonces el término Marvel era marca registrada de Marvel Comics y Stan Lee había decidido aprovechar la oportunidad para crear junto a Gene Colan un nuevo Capitán Marvel, en esta ocasión se trataba de un guerrero y espía de origen kree de nombre Mar-Vell que decidiría abandonar a su raza para defender a la humanidad de todo tipo de amenazas. La primera aparición de este personaje, que poco tenía que ver con su antecesor, se produciría en 1967 en Marvel Super-Heroes 12 y poco después conseguiría serie propia bajo el nombre de Capitán Marvel pero las ventas no acompañaron y la serie fue puesta en “hibernación”. Esto duro hasta 1972, año a destacar por varios motivos, por un lado porque DC Comics se vería obligada a cambiarle el nombre a su Capitán Marvel por el de Shazam! ya que, aún siendo propietarios del copyright comprado a Fawcett la marca registrada estaba licenciada por Marvel Comics; y segundo, porque La Casa de las Ideas consigue revitalizar su versión del Capitán Marvel apoyándose en el talento de Roy Thomas y Gil Kane, en una etapa en la que se crearían las famosas nega-bandas y el nuevo traje que el personaje llevaría a partir de entonces y, sobre todo, estableciendo una peculiar y simbiótica relación entre Mar-Vell y Rick Jones que emparentaba al superhéroe un poco más con el original de Fawcett. A través de esta curiosa unión cuando Rick Jones o Mar-Vell hacían chocar las citadas nega-bandas que llevaban en sus muñecas uno de ellos aparecía en escena mientras su alterego quedaba mientras tanto confinado en la Zona Negativa.

Pero no sería hasta la llegada del joven y prometedor debutante Jim Starlin a Marvel Comics cuando la serie acabaría por despegar traduciéndose, por fin, en un éxito de ventas. Jim Starlin había entrado directamente por la puerta grande de La Casa de las Ideas dibujando algunos números aislados en series como The Amazing Spider-man o The Invincible Ironman, siendo este último donde introduciría por primera vez a algunas de sus creaciones como eran Los Hermanos Sangre, Mentor, Eros, Drax el Destructor o, especialmente, Thanos el Titán. Pero su gran oportunidad, como ya adelantábamos, llegaría en la serie del Capitán Marvel donde desarrollaría su propia visión cosmológica del Universo Marvel, marcada por un tono de ciencia ficción y space opera deudora de publicaciones e historietas del género pulp de la década de los años treinta y cuarenta como el Buck Rogers de Philip Francis Nowlan o el Flash Gordon de Alex Raymond. Esta influencia sería una constante en la carrera de su autor siendo aún más evidente en series como Warlock, otra creación de Stan Lee y Jack Kirby que él acabaría por definir, o en su obra magna Dreadstar, que además tuvo el honor de ser la primera historia editada bajo el sello Epic Comics de Marvel Comics. En el Capitán Marvel Jim Starlin se haría cargo en un primer momento de los lápices, estando la serie guionizada por entonces por Mike Friedrich, para pasar muy pronto a encargarse también de los argumentos mientras los diálogos quedaban en manos de su compañero, hasta que finalmente se haría con el personaje como ningún otro autor había conseguido. Cuando abandonó la colección esta continuó funcionando por inercia durante un tiempo pero no tardaría en volver a ser cancelada. En 1982, debido a la necesidad de Marvel Comics de publicar regularmente material bajo el título de Capitán Marvel para mantener la marca registrada en su posesión y evitar que caducase y también debido a la decisión de Jim Shooter de crear un nuevo Capitán Marvel, desde la editorial deciden encargar a Jim Starlin una nueva historia del personaje en formato novela gráfica para poner fin a sus andanzas. La respuesta de este sería La Muerte del Capitán Marvel, uno de los mejores trabajos de Jim Starlin en toda su carrera y la mejor historia jamás escrita sobre el Capitán Marvel.

Esto último no es ni mucho menos una exageración. Muchas veces, bastante a menudo de hecho, los aficionados suelen encumbrar y alabar determinados cómics y etapas de sus autores preferidos más por el factor nostalgia que en ellos despiertan estas obras y artistas que por sus verdaderas virtudes o por su trascendencia e importancia para el medio o la industria. El concepto de clásico sirve en estas ocasiones para que la objetividad brille por su ausencia ensalzando tiempos pasados que, casi siempre, acostumbran a ser mejores en nuestros recuerdos. Pero este no es el caso de Jim Starlin y su Capitán Marvel , una obra aún hoy de plena vigencia, que viene a ser un muestra palpable de la gran capacidad y talento de este artista estadounidense. En su corta etapa en la serie del mítico guerrero kree la evolución del dibujo de Jim Starlin resulta fulminante, a medida que se asienta en la serie sus lápices se vuelven más “poderosos” narrativamente hablando, con composiciones de página cada vez más arriesgadas y espectaculares que acabarían siendo su seña de identidad y haciendo del Capitán Marvel una serie diferente a todas las demás de la época. Se podría decir que el Capitán Marvel fue la mesa de ensayo de Jim Starlin, donde daría rienda suelta a su creatividad e imaginación por primera vez, haciendo suyo el personaje de igual manera a como Frank Miller lo haría con Daredevil o Chris Claremont con los X-men en la misma década. Sus historias estaban marcadas por la epopeya y por una mitología de corte cosmológico que tomaba libremente como base los mitos y leyendas de origen grecolatino para ofrecernos, sobre todo en La Guerra de Thanos, una aventura épica no carente de profundidad y moraleja como toda buena historia que se precie. A ello contribuiría su creación más laureada, el villano Thanos, inspirado en el Darkseid de Jack Kirby, una metáfora apenas disimulada de la guerra y la muerte que casi lo convertían más en una idea o concepto que un personaje propiamente dicho; hecho más evidente aún cuando entra el juego el Cubo Cósmico que otorga a Thanos su divinidad oscura y anárquica. El Capitán Marvel, por su parte, evolucionaría en manos de Jim Starlin de manera sencilla y natural accediendo a su “conciencia cósmica” y abandonando su apego por la gloria y el orgullo militar que le había caracterizado hasta entonces por una perspectiva de la vida más elevada en consonancia con el resto del universo. De ahí, por ejemplo, que el Capitán Marvel intente razonar con un villano como El Controlador en lugar de recurrir directamente a la violencia como había sucedido tan sólo unos números antes de su epifanía y metamorfosis. Todo ello supone un reflejo de la época, del espíritu del movimiento hippie que Jim Starlin consigue trasladar a las páginas del cómic y hacer atractivo sin caer en la tentación de presentar argumentos excesivamente lisérgicos o incoherentes sino contribuyendo a construir la mejor etapa del personaje con oficio e inteligencia.

Mención a parte merece La Muerte del Capitán Marvel, una obra maestra con todas las de la ley, donde Jim Starlin conseguiría llevar la humanización del superhéroe, que tan bien se había afianzado en años anteriores en Marvel Comics, un paso más allá acercando a su personaje fetiche a la mortalidad de una manera como nunca antes se había intentado. En esta ocasión el héroe no moriría heroicamente en combate, no sacrificaría su vida por un bien mayor o sería víctima de los crueles planes del villano de turno, el Capitán Marvel estaba destinado a un muerte más mundana, imprevisible, humana y emotiva. El héroe cósmico Mar-Vell acabaría muriendo de cáncer, en su cama y rodeado por sus amigos, su familia superheroica, una decisión que Jim Starlin tomó bajo la influencia de su propia vivencia después de la muerte de su padre, lo que le serviría para relatar de forma impecable una historia marcada por la tragedia y el dolor. En ella la comunidad superheroica, los amigos y compañeros del Capitán Marvel, asistirían con impotencia al fatídico desenlace enfrentando la agonía del héroe de diversas maneras, desde la rabia y negación de Rick Jones al rechazo e incredulidad de Spider-man. Una historia muchas veces imitada pero nunca igualada. El narrador de esta última aventura es el propio Capitán Marvel que, a modo de elegía como bien la califica Raimon Fonseca, hace un repaso por toda su vida como si de sus memorias se tratase. Jim Starlin sorprende, una vez más, con su lirismo y la fuerza de su narrativa y aprovecha para hacer balance de la trayectoria del Capitán Marvel desde sus inicios hasta sus últimos días. Combatir al villano de turno no es el eje central de esta historia, la verdadera lucha resulta en este caso simbólica y metafórica, el Capitán Marvel enfrentado a un mal que no puede vencer y a su propio miedo y dolor. Repasando la trayectoria de Jim Starlin con el personaje parece un desenlace ya anunciado, no sólo porque Jim Starlin tome como punto de partida dramático un hecho casi anecdótico de su anterior etapa con el personaje, sino también cuando el autor jugaba a identificar y relacionar a Thanos con la muerte, el Capitán Marvel incluso lo llegaría a considerar explícitamente como un cáncer, lo cual, no sin cierta ironía, hace lógico que en su camino al más allá, en la que será su última batalla, se tenga que cruzar con su terrible némesis antes de alcanzar la paz. El dibujo de Jim Starlin, por otro lado, alcanza en La Muerte del Capitán Marvel su clímax más alto, utilizando una narrativa alejada de cualquier tipo de artificio, con composiciones más suaves y un trazo más parco y definido acordes con el relato que trata. La Muerte del Capitán Marvel es, junto a La Última Cacería de Kraven de J. M. DeMatteis y Mike Zeck y el Born Again de Frank Miller, una historia capaz de trascender el medio ofreciendo un innovador punto de vista más allá de su innegable calidad literaria y artística.

La etapa de Jim Starlin en Capitán Marvel se había publicado en nuestro país en formato Biblioteca Marvel por Planeta deAgostini en los tiempos de Forum y también, con anterioridad, en los antiguos Clásicos Marvel de la misma editorial bajo el título de La Vida del Capitán Marvel , mientras que la comentada La Muerte del Capitán Marvel llevaba tiempo descatalogada por estos lares. Por ello, la nueva edición de Panini Cómics que recopila el grueso del trabajo de Jim Starlin con el personaje no puede más que recibirse con enorme entusiasmo pues estamos hablando de cómics que siempre deberían estar disponibles en las estanterías de las librerías. Así pues, el volumen editado por Panini Cómics, perteneciente a la línea Marvel Gold de la editorial, incluye además de todos los números de la etapa de Jim Starlin en la serie regular del Capitán Marvel y la mencionada La Muerte del Capitán Marvel, el The Invincible Ironman Nº 55 y el Marvel Feature Nº 12 donde Jim Starlin, aquí entintado por Joe Sinnott, y Mike Friedrich contarían una historia colateral y casi anecdótica de La Guerra de Thanos que tenía como protagonistas a Ironman y La Cosa, un antecedente a la mítica cabecera Marvel Two-In-One donde el carismático miembro de Los Cuatro Fantásticos se vería las caras con otros conocidos personajes del Universo Marvel. Encontraremos también en este tomo Marvel Gold diferentes artículos explicativos firmados por Raimon Fonseca intercalados entre los diferentes números que componen la edición y que resultan de utilidad para conocer los entresijos y la historia detrás de las viñetas así como algunos datos de interés y curiosidades sobre la magna obra de Jim Starlin. Una edición de lujo justificada por la obra en cuestión apropiada para los lectores que se quieran acercar a la historia y el personaje por primera vez o para aquellos que buscan tener el conjunto del trabajo de Jim Starlin en un único volumen. Sea como sea estamos ante una obra imprescibible, una de las mejores propuestas de Marvel Comics de sus cuatro últimas décadas y un antecedente al cómic mainstream de corte más adulto que veríamos en épocas posteriores siendo La Muerte del Capitán Marvel su particular canto del cisne.

Ver también:
La Historia Interminable del Capitán Marvel por el Tío Berni en EntreComics
El Capitán Marvel de Jim Starlin por Etrigan en El Cuarto Mundo

22 de abril de 2011

-Historias de un Vecindario de Ai Yazawa-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-


“Me he dado cuenta de que
probablemente en este mundo
no haya nadie malo por naturaleza”
 

El llamado shojo manga suele ser, habitualmente, un tipo de producto destinado esencialmente al público femenino, lleno de tópicos y de historias trilladas, de romances que transcurren casi siempre en el mundo académico, con protagonistas adolescentes no muy despiertas y con una visión del tema amoroso, cuanto menos, platónica e idealizada. No obstante, como sucede siempre en estos casos, hay excepciones dentro del género, agradables sorpresas muy alejadas de toda la morralla que inunda el mercado, historias normalmente enmarcadas en el subgénero conocido como josei manga, equivalente al seinen manga masculino, donde se pueden encontrar obras destinadas a un público más adulto, con relatos de corte más realista, menos tópicos y más complejos que los del shojo manga tradicional. Una de las máximas exponentes de este tipo de subgénero es la japonesa Ai Yazawa, autora de la exitosa Nana, Paradise Kiss, Last Quarter o la presente Historia de un Vecindario. Esta última, conocida como Gokinjo Monotogari en la obra original, es una historia publicada entre 1995 y 1997 por la editorial Shūeisha en su revista Ribon protagonizada por un grupo de jóvenes estudiantes de arte de la Escuela Secundaria de Arte Yazawa, entre ellos Mikako Koda, una impulsiva chica de dieciséis años que dedicará todos sus esfuerzos a cumplir su sueño, convertirse en diseñadora de moda, mientras vive una hermosa, divertida y complicada historia de amor con su vecino y amigo de la infancia Tsutomu Yamaguchi. Historia de un Vecindario, como posteriormente haría su secuela Paradise Kiss, trata temas como el crecimiento personal, las relaciones y problemas familiares, el sexo o el éxito profesional de forma amena y desenfadada, con un humor inocente y por momentos hilarante, sin perder por ello ni un ápice de profundidad o resultar el shojo manga ligero de siempre. Una obra que presenta un estilo muy particular, más allá del característico dibujo de Ai Yawaza, con referencias constantes al lector, rompiendo en más de una ocasión la cuarta pared, y con un tratamiento de personajes y una historia que consigue hacer que nos interesemos por los recovecos y desventuras de sus protagonistas.

Historia de un Vecindario es un relato donde la trama se va sucediendo poco a poco, con un tono más distendido y menos limitado y previsible argumentalmente de lo que suele ser habitual en este tipo de historias, destacando especialmente la evolución psicológica de sus personajes, tanto principales como secundarios, con los que es muy fácil que el lector pueda sentirse identificado. La historia se ve reforzada por multitud de tramas secundarias, más o menos relacionadas e independientes de la central, que enriquecen el relato al tiempo que van descubriéndonos los anhelos, esperanzas y sueños de los personajes sin servirse Ai Yazawa de subterfugios o tópicos excesivamente manidos. Por todo ello Historia de un Vecindario es una obra imprescindible para los seguidores de dicha autora e indispensable para quién haya leído con anterioridad Paradise Kiss que editó ya hace algunos cuantos años la editorial IVREA en nuestro país ya que, entre otras cosas, Ai Yazawa es muy propensa a realizar guiños y cameos de personajes entre sus obras conformando un pequeño pero interesante universo de relaciones, si bien no significativas, sí curiosas y entrañables. En la presente obra, sin ir más lejos, Mikako Koda es la hermana mayor de Miwako, personaje este que aparecerá cronológicamente y con posterioridad junto a Arashi y Hiroyuki en Paradise Kiss, y futura fundadora de la línea de moda Happy Berry que encontramos referenciada en otras obras de la destacada mangaka. También hacen su cameo personajes como Midori y Akira, protagonistas de ¡No Soy un Ángel!, o Ken Nakagawa de la misma obra y que tiene una curiosa y simpática relación indirecta con Tsutomu Yamaguchi de Historia de un Vecindario. Incluso la propia autora hará acto de presencia en el relato, como directora de la Escuela Secundaria de Arte Yazawa y, lejos de quedarse en una mera anécdota, acabará jugando un papel crucial para la protagonista en cierto momento de la trama.

 En relación a esto último, otra de las características de Ai Yazawa es su especial interés por el mundo de la moda, reflejado en casi todas sus obras más actuales, desde Historia de un Vecindario a Nana, y que se traduce en su particular interés por el vestuario de sus personajes. Esto hace que Ai Yazawa prestre una especial atención a la hora de plasmar las ropas y complementos de sus personajes realizando a menudo auténticos ejercicios de estilo propios de la diseñadora de moda que la autora no logró llegar a ser durante su juventud. Podemos decir, pues, que Historia de un Vecindario, así como Paradise Kiss, tienen ciertos retazos autobiográficos de su creadora en virtud de los cuales la trama se ve beneficiada por su experiencia personal. En el apartado gráfico el dibujo de Ai Yazawa se caracteriza por ser de tendencia caricaturesca y su factura estilizada y detallada, más marcada que en obras precedentes suyas, y que lejos de ser un defecto se convierte en uno de sus grandes atractivos. Un tono que encaja con el estilo narrativo de Historia de un Vecindario donde su autora se dedica a llenar, de manera casi compulsiva, cada rincón y espacio en blanco de cada página con apuntes y anotaciones de lo más variadas, a menudo utilizados para enfatizar las opiniones o expresiones de sus personajes, y de esta manera reforzar los diálogos centrales y el aire de comedia ligera de la historia. Esto, aunque pueda resultar excesivamente recargado en un primer momento, forma parte del entretenido y divertido juego de complicidades entre Ai Yazawa, sus personajes y el lector. Sirve también como apoyo para que la conocida autora aborde los sentimientos de sus personajes de una manera natural al mismo tiempo que incisiva, otorgando a la trama una humanidad en todos sus aspectos al alcance de muy pocas mangakas dedicadas al género. En las obras de Ai Yazawa las relaciones sentimentales entre personajes no son sólo un simple hecho “postural” sino que se profundiza en ellas hasta darles la relevancia justa y adecuada dentro de argumentos que presentan diferentes bifurcaciones y que tratan otros temas más allá de las desventuras amorosas o el romance de turno.

En virtud a todo lo comentado podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Ai Yazawa es una de las autoras más originales del género y, como apunta al respecto Raquel Pollán en su artículo Ai Yazawa y su Historia de un Vecindario, incluido en el cuarto tomo de la edición de Planeta deAgostini de la obra, “ser original no es sólo un capricho, sino algo que requiere valor, esfuerzo y sacrificio, y que constituye una batalla personal contra el mundo”. Un dogma que la misma Ai Yazawa utiliza recurrentemente en sus obras, desde muy diversos puntos de vista, consiguiendo que este no se convierta en un simple cliché que lastre una buena historia. Respecto a la mencionada edición de Planeta de Agostini de Historia de un Vecindario tenemos ante nosotros una publicación muy cuidada y atractiva, con bastantes extras que habitualmente no se encuentran en este tipo de obras, con un papel e impresión de alta calidad y con multitud de páginas a color. Todo ello hace que su precio, teniendo en cuenta que Historia de un Vecindario es una serie compuesta por cuatro únicos tomos, no resulte, ni mucho menos, excesivo. La mejor manera de disfrutar de esta obra que resulta una de las más destacadas dentro de su género y que respecto a la también recomendable Nana tiene la ventaja de ser una historia ya terminada y publicada por la que no debemos temer de quedarnos colgados con una historia inconclusa. Esperemos que un futuro Planeta deAgostini se anime a traernos más obras de Ai Yazawa pues a pesar de la explosión e impacto de la cultura manga en nuestro país en las últimas décadas a veces se tiene la impresión de que no son tantas las obras interesantes que podemos encontrar en las librerías así que cuando estas llegan a nuestros mercados hay que aprovechar el momento. Mientras tanto, Historia de un Vecindario resulta una obra muy recomendable para todo tipo de públicos, sin complejos ni prejuicios, siendo una amena y entretenida propuesta que logrará enamorarnos o, al menos, hacernos sonreír.



Ver también:
Last Quarter de Ai Yazawa

21 de abril de 2011

-Pluto de Naoki Urasawa-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

 "Aún sabiendo que moriremos, 
jamás debemos perder la esperanza. 
Eso es lo que nos hace humanos"


Astroboy, conocido en Japón como Tetsuwan Atom, es un personaje creado por Osamu Tezuka en 1952 que a lo largo de las décadas se ha convertido en todo un icono popular asociado al histórico mangaka. La serie ha gozado de varias adaptaciones al anime y la obra original, publicada por primera vez en la revista Shōnen de la editorial Kōbunsha entre 1952 y 1968, se ha editado en multitud de países. Astroboy es la historia de un robot, con cuerpo de niño, sentimientos humanos y fabulosos poderes, modelado a imagen y semejanza del fallecido hijo de su creador, el Doctor Tenma, que en sus aventuras se enfrenta a terribles enemigos que amenazan la paz en el mundo. Bajo esta sencilla premisa, con un dibujo “disneyano”, como lo califica el columnista de manga Fusanosuke Natsume, tremendamente expresivo, Osamu Tezuka daría vida a su invención más famosa que se convertiría en la primera serie de anime de la historia, dirigida por Rintaro, seudónimo del director Shigeyuki Hayashi, que también ha sido el encargado de adaptaciones como el Capitán Harlock de Leiji Matsumoto o X/1999 de CLAMP. En 2009, casi sesenta años después de la primera aparición de Astroboy, la productora Image Animation estrenó una nueva película de animación sobre el personaje dirigida por David Bowers y generada completamente por ordenador que actualizaba el concepto ideado por Osamu Tezuka en las historias originales y que no acabó de funcionar muy bien en taquilla. Mucho más interesante sería el homenaje que el conocido mangaka japonés Naoki Urasawa, autor de las recomendables Monster y 20th Century Boys, realizaría al que había sido uno de sus ídolos de siempre en su nuevo proyecto: Pluto. Para ello Naoki Urasawa tomaría como punto de partida una de las historias que Osamu Tezuka escribió sobre el pequeño autómata titulada El Mejor Robot Sobre la Faz de la Tierra adaptándola a su propio y peculiar estilo “con la intención de insuflar una nueva alma a la historia”. Nos encontramos así con un relato que conserva y retiene la magia de Osamu Tezuka en sus páginas pero interpretada a través del personal prisma de Naoki Urasawa que construye un thriller lleno de misterio y suspense, ya marca de la casa, que consigue atraparnos hasta el último momento.

Pluto es una historia de ciencia ficción ambientada en una futurista Alemania en la cual el oficial de policía robótico de la Europol Gesicht resulta ser el encargado de investigar unos extraños asesinatos que mantienen en vilo a las fuerzas de seguridad de todo el mundo. El asesino en serie parece estar dando caza a los robots más famosos y fuertes del mundo y atentando contra algunos reputados hombres de ciencia a nivel internacional pero lo más perturbador del caso son los indicios que parecen indicar que el asesino podría tratarse también de un robot, a pesar de que el artículo trece de la ley robótica establece que “un robot no puede dañar ni matar a un ser humano”. Curiosamente, como explica el crítico de manga Tomohiko Murakami en uno de los epílogos incluidos en la edición de Planeta deAgostini de la presente obra titulado ¿Por qué el Mejor Robot Sobre la Faz de la Tierra?, Osamu Tezuka declaró en 1966 que consideraba a Astroboy una de sus “mayores obras fallidas” y que sólo la dibujaba “por afán de fama y como medio para ganar dinero”. El considerado como “padre del manga” creía que la obra “se pervirtió y malinterpretó por culpa de la influencia de la versión animada” , en la que él también había trabajado, y de la tendencia hacia la acción y la espectacularidad vacía de otras obras de la época como el Tetsujin 28-gō de su declarado rival Mitsuteru Yokoyama. Pero para el mangaka Naoki Urasawa, paradójicamente, El Mejor Robot sobre la Faz de la Tierra fue, según él, “el episodio que, de niño, consiguió emocionarme por primera vez como lector y supuso mi motivación para, algún día, llegar a ser yo también un autor de manga”. Aún así Pluto tendría que recorrer un largo camino para poder convertirse, finalmente, es un proyecto viable producido por Takashi Nagasaki, también ejerciendo como co-guionista de la obra, gozar de la cooperación de Tezuka Productions, CO, LTD. y, sobre todo, disponer del visto bueno de Macoto Tezuka, hijo mayor y heredero natural de Osamu Tezuka. La propuesta de Naoki Urasawa fue rechazada en un primer momento por este último ya que no acababa de ver con buenos ojos la idea de un remake de la obra de su padre pero el entusiasmo expresado por el autor de Yawara! le hizo cambiar de opinión poniendo como única condición que la obra fuese dibujada exclusivamente por él “a su estilo y a su ritmo” y por nadie más, olvidándose de ese otro “estilo Tezuka evolucionado” que al parecer el autor había desarrollado en los bocetos preliminares.

De esta manera Pluto se acabaría publicando entre 2003 y 2009 en la revista Big Comic Original de la editorial Shōgakukan siendo recopilada, casi al mismo tiempo, en ocho tomos de formato tankōbon y suponiendo un nuevo éxito en la pujante carrera de Naoki Urasawa, confirmando ser en la actualidad uno de los autores japoneses con más proyección dentro del medio. La obra sería ampliamente reconocida por la crítica especializada del país y se alzaría con el Premio a la Excelencia al Manga en el Festival de Arte de Japón 2005 y con el Premio Cultural Osamu Tezuka del mismo año. Y no es para menos pues Pluto es una obra excelente en todos sus aspectos que combina y maneja a la perfección el rico “universo tezukiano” del que sabe preservar y potenciar sus virtudes gracias a la atractiva prosa y la capacidad de Naoki Urasawa para perfilar psicológicamente a sus personajes y desarrollar una apasionante trama marcada por el misterio y el suspense. En Pluto, como bien apunta Tomohiko Murakami, “se pretende trazar una imagen global del creador Tezuka mediante la reestructuración de toda su imaginería y filosofía” y, por ello, podemos encontrar en su argumento guiños y pequeños homenajes que recuerdan a otras historias de Astroboy escritas por Osamu Tezuka como El Gato Rojo, Uran, Atlas o El Caballero Azul, y también a otras obras suyas como pueden ser Black Jack, El Emperador de la Jungla o la inacabada Fénix. Naoki Urasawa aporta a este remake un nuevo armazón más maduro, complejo e integrado que el presente en la historia original, remarcando algunos temas que Osamu Tezuka insinuaba ya en la obra original. El característico e inconfundible dibujo del autor de obras tan destacadas como Buda, Adolf o Metrópolis, se ve aquí “suplantado” por el trazo realista y la distribución cinematográfica de viñetas propia de Naoki Urasawa, emparentado con el de autores como Katsuhiro Otomo o Yukito Kishiro, con el cual incluso se atreve a versionar algunas escenas y planos del manga original. No obstante, Naoki Urasawa se apoya en los modelos clásicos de los personajes de Astroboy concebidos por Osamu Tezuka en los lejanos años cincuenta del pasado siglo XX, siendo los rasgos de estos completamente reconocibles de una obra a otra.


Un punto importante y remarcable a tener en cuenta que resulta de comparar y contrastar ambas versiones de Astroboy, la original de Osamu Tezuka y la reinterpretación moderna de Naoki Urasawa, es el hecho de que la serie clásica iba dirigida a un tipo de público muy diferente respecto al que ahora lo hace Pluto que, al igual que Monster o 20th Century Boys, pertenece al género seinen mientras que Astroboy no pasaba de ser una historia de corte más infantil. Eso explica que, más allá del citado “universo tezukiano”, Naoki Urasawa revista su relato con otro tipo de referencias e influencias más contemporáneas de carácter cinematográfico y literario en la línea de Blade Runner, su estética y algunos puntos argumentales recuerdan poderosamente a la historia de Ridley Scott inspirada en la novela de Philip K. Dick; el El Silencio de los Corderos de Jonathan Demme, en ciertas reminiscencias de la trama; o Inteligencia Artificial, dirigida por Steven Spielberg en base a una idea de Stanley Kubrick, a la hora de abordar la psicología y profundidad existencial de sus personajes. Curiosamente, en 1965, después de leer el manga Astroboy, Stanley Kubrick le ofreció a su autor ser el director artístico de 2001: Una Odisea en el Espacio pero este lo rechazó ya que suponía trasladarse fuera de Japón durante una larga temporada. También, de manera inevitable, encontramos en Pluto el destacado influjo de las conocidas Tres Leyes de la Robótica planteadas y desarrolladas por el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov en obras como El Hombre Bicentenario, la saga Fundación o Yo, Robot. Una referencia nada gratuita pues tanto Isaac Asimov como Osamu Tezuka en Astroboy desarrollaron conceptos muy parecidos entorno a la relación entre humanos y robots de sus historias, llegando a conclusiones muy similares sin tener contacto el uno con el otro, aunque en el caso del primero sus ideas se trasladaron a la ficción en forma de normas mientras en el caso del segundo este las plasmó como una serie de reglas éticas sin mayores implicaciones. Naoki Urasawa propone en Pluto una visión híbrida entre ambos puntos de vista que le ayudan y sirven para definir, aún más si cabe, el thriller psicológico y el suspense de la obra.


Esto último parece justificar el hecho de que en Pluto el protagonismo de la historia pase de Astroboy a Gesicht, un personaje menos desarrollado por Osamu Tezuka en el relato original, ofreciendo a Naoki Urasawa la oportunidad de profundizar en diversos aspectos y temas relacionados con la convivencia entre humanos y máquinas. En relación a esto es indicativo del talento de este autor su capacidad para abordar una historia de este tipo, de nuevo intentado buscar la esencia de lo humano como ya hizo en Monster, y conservar intacta la emotividad y el sentimiento característico de sus obras teñidas habitualmente de ese delicioso tono melancólico, pausado y reflexivo que tan buenos resultados suele darle en sus argumentos. En el futuro de Pluto la inteligencia artificial es un hecho consolidado y los robots viven entre los humanos con total normalidad, siendo en algunos casos simples herramientas o trabajadores cualificados a cargo de estos, mientras otros modelos más avanzados gozan de su parcela de libertad, libre albedrío y pensamiento propio sólo limitado por las leyes que les obligan a proteger y servir a sus homólogos de carne y hueso. Pese a los posibles conflictos entre humanos y robots, que Naoki Urasawa y Takashi Nagasaki expresan en términos de convivencia, tratando temas como la incomprensión y el racismo, la visión de este futuro se muestra en parte idílica y optimista como pocas veces ha sido retratada por la ciencia ficción. En este caso concreto la historia no representa un mundo caótico, abocado al conflicto y a su propia destrucción, como suele ser habitual en la ciencia ficción de carácter distópico, sino que el conflicto es el mcguffin que su autor utiliza para mostrarnos el funcionamiento de un mundo donde, ante todo, prima la necesidad de conocimiento y aceptación entre seres humanos y artificiales. Los personajes retratados tienen defectos y secretos, tienen una razón de ser que mueve sus acciones y decisiones, dando sentido a su confrontación con la realidad que conocen y que, salvo el villano de turno, que nunca será quién esperamos, no pretenden destruir sino comprender. Ideas y conceptos estos que se encuentran ya en el Astroboy de Osamu Tezuka y que Naoki Urasawa sitúa en el primer plano de atención restituyendo de esta manera la esencia subyacente en el relato, El Mejor Robot Sobre la Faz de la Tierra, del que su creador, Osamu Tezuka, había acabado renegando en el pasado.

La edición española de Pluto corre a cargo de Planeta deAgostini que tiene publicados en nuestro país los ocho tomos recopilatorios que componen el grueso de la obra, en un formato atractivo y bien cuidado en todos sus detalles, con algunas páginas a color y diferentes artículos de responsables implicados en el proyecto o expertos de diferentes campos relacionados con el manga que nos ofrecen distintas perspectivas y datos de interés sobre la persona y laobra de Osamu Tezuka así como del trabajo de Naoki Urasawa en Pluto. Entre dichos artículos encontramos uno firmado por Takashi Nagasaki, el mencionado co-guionista y productor del proyecto, donde relata su experiencia con Astroboy y con la obra de su autor del que afirma “fue el Leonardo Da Vinci del mundo del manga, así como su Goethe y su Dostoievski”. También Takamasa Matsumi, presidente de Tezuka Productions, CO., LTD. y Macoto Tezuka aportan su granito de arena, el primero con un texto donde repasa y contrasta las trayectorias de Osamu Tezuka y Naoki Urasawa y el segundo explicando su vivencia personal en la realización de la obra en un epílogo titulado El Secreto del Nacimiento de Pluto. Más jugosas resultan las visiones de los anteriormente citados Fusanosuke Natsume en ¿Por Qué Es Pluto Interesante? y de Tomohiko Murakami en ¿Por Qué El Mejor Robot Sobre la Faz de la Tierra? donde analizan más en profundidad la persona de Osamu Tezuka y el remake de Naoki Urasawa sobre su Astroboy. Finalmente, Masao Maruyama, director creativo de Madhouse LTD. hace un destacado análisis de las aportaciones e innovaciones de Osamu Tezuka al mundo del anime en Una Aventura junto a Osamu Tezuka y el mangaka Rieko Saibara se desmarca del resto de aportaciones realizando una simpática tira cómica titulada Urasawa y Yo. Estos artículos componen un mosaico que ayuda a hacernmos una idea bastante aproximada de la importancia de un creador de la talla de Osamu Tezuka, autor de vital trascendencia dentro del mundo del manga y del cómic en general, y de una de sus obras más conocidas y más infravaloradas, incluso por su mismo padre, como resulta ser Astroboy. Una obra que, a parte de por sus propios méritos, también debe ser elogiada por haber sido motivo de inspiración para tantos autores contemporáneos, japoneses y occidentales también, y entre ellos Naoki Urasawa. Sólo por esto último Astroboy nunca podrá ser calificada como una “obra fallida” sino como la muestra del talento de un autor aún a pesar suyo, una particularidad, esa relación de amor y odio de Osamu Tezuka por su niño robot que Naoki Urasawa parece retratar en la presente obra al perfilar la historia entre Astroboy y el Doctor Tenma. Pluto, supone pues, una prueba fehaciente del buen estado de forma de Naoki Urasawa, uno de los mangakas indispensables del panorama actual del que esperamos aún mucho más en el futuro, y la constatación de la alargada y benévola sombra que aún hoy en día representa para el mundo del manga y el anime japonés el genial Osamu Tezuka.

Ver también:
Naoki Urasawa -Maestro Japonés del Suspense-

15 de abril de 2011

-Nocturno: El Que Camina Con Los Muertos de Tony Sandoval-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-



Aviso al lector: Me dijeron que no la leyese, que a mí no me iba a gustar, pero no hice caso. Debería haberles hecho caso a esas voces tan sensatas, que me conocen y saben que a mí lo que me gusta son otro tipo de cosas. Si queréis una reseña más favorable de Nocturno: El Que Camina Con Los Muertos la encontraréis en los enlaces de interés.
 

Tony Sandoval es alguien que no tiene entrada en wikipedia, lo que quiere decir que me va a costar más explicar quién es, porque voy a tener que copiar la información de la solapa del cómic y eso requiere el esfuerzo de levantarse a buscarlo y luego escribirlo, espero que me lo valoréis. Tony Sandoval nació en Obregón, en Sonora (para los que de geografía no vayáis muy finos, México) en 1973, y con 24 años publica Nocturno: El Que Camina Con Los Muertos, va haciendo otros proyectos y queda como dibujante de la serie Tinieblas, que al parecer va sobre un famoso luchador mexicano. Uno de sus personajes más famosos es un gato llamado Blacky, que le abrió las puertas para trabajar como ilustrador en revistas y libros infantiles. Actualmente se dedica más al mundo de la ilustración. Otras obras suyas serían Johnny Caronte, El Cadáver y el Sofá, Epidemia de Melancolía o El Revólver.

 Sinopsis de Nocturno: El Que Camina Con Los Muertos

Nocturno es la historia de Seck, un joven que tiene que irse a vivir con sus tíos a la muerte de su padre. El tío lo trata mal y su primo se intenta aprovecharse de él todo lo que puede y más para costearse sus fiestas. Un día se le aparece su padre, no en una visión espectral, sino en forma de cadáver, con el olor y todo, que le dice que se vaya de casa a buscar su sueño. Volverá con un antiguo amigo para recobrar su demoledor grupo de heavy metal que despertará recelos y odios entre sus demás competidores. Ya tenemos a los malos. La historia de amor, como no, no tarda en aparecer. Karen es una joven ayudante de periodista que va a quedar prendada del protagonista, lo que va a despertar aún más envidias entre sus competidores. Cuanto más avanza la historia, más celos se despiertan entre los demás ante este prodigio de la naturaleza que parece ser Seck. 
Crítica y Valoración Personal

Como ya he dicho antes, a mi no me entusiasmó mucho esta obra, pero fue mayormente por un problema de estilos diferentes. Sin ponerme en plan análisis de arte debo decir que el dibujo de Tony Sandoval, a veces, me encanta; sí, algunas son ilustraciones preciosas que pondría en plan poster, pero como dibujo de cómic seguido y regular no me convence. No me gustan los personajes, me recuerdan demasiado a los Rugrats y así es difícil tomárselos con seriedad, no podía dejar de tararear el opening de la serie cuando los veía.

Las visiones oníricas, a mí que soy una malpensada, me hacen recordar esos tés de hierbas que recoge el protagonista en el campo. Vale, quizás sea que mi sensibilidad sea más o menos la de un bloque de hormigón, pero si a mí se me aparece un cadáver putrefacto después de tomarme un té de hierbas del campo que he recolectado yo, no pienso en hacerle caso aunque diga ser mi padre, pienso que debo poner menos amapola en la mezcla. Sí, es una gran batiburrillo entre fantasía y realidad en la que a través de los ojos del protagonista vemos en muchas ocasiones su visión especial de estas. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero una obra así tendría que hacernos sentir la pasión que, bajo su fría calma, se supone que le pone a todo el protagonista de la historia pero se queda en eso, en algo simplemente frío. Estéticamente es bonito, no lo pongo en duda, hará las delicias de mucha gente a la que le guste este tipo de obras. Quizás la culpa sea mía, mi primer cómic del género fantástico fue The Sandman de Neil Gaiman y llegar a ese nivel es terriblemente difícil.

Altamente recomendable para gente que disfruta con obras de corte oscuro dedicándose a analizar las pasiones de sus protagonistas, en serio, lo disfrutaréis. Además, Nocturno tiene su continuación, El Espíritu del Viento, donde se os explicará que pasará cuando Seck sufra su transformación y todo eso, cosa que supongo que será interesante. Al principio quizás he parecido un poco alarmista pero no fui a pegarle al librero que me lo recomendó y vendió ni nada parecido (si bien es cierto que no he vuelto a esa tienda, pero fue por otro tipo de circunstancias) y eso que yo soy muy de quejarme cuando me pasa algo así y por ello ya la mayoría del personal de las tiendas que visito pasa de recomendarme nada. El principal problema de Nocturno es que te deja igual que estabas, no emociona, no llega. Es como ver una película con una fotografía acojonante que no te cuenta nada, has pasado el rato entretenido, pero nada más. Aún así, me han dicho que Tony Sandoval en El Espíritu del Viento lo hace bastante mejor. Quizás hasta un día me lo compre y todo, que yo soy una de esas personas que no aprenden nunca.

Ver también:
Reseña de Nocturno: El Que Camina Con Muertos de Tony Sandoval en Moneiots

14 de abril de 2011

-Black Summer de Warren Ellis y Juan José Ryp-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

 "No me juzguéis. 
Aceptad que hago esto por mi amor 
hacia vosotros y vuestra libertad"

En el año 2000, el célebre guionista británico Warren Ellis, escribía su conocido Manifiesto del Viejo Bastardo, donde proclamaba bien alto y sin pelos en la lengua lo que opinaba sobre la industria del cómic, la novela gráfica, las “posibilidades desperdiciadas” del medio y, más particularmente, de los cómics de superhéroes a los que calificaba como “un maldito hongo asqueroso” que asfixiaba con su simple presencia las oportunidades de otros géneros e historias que podía ofrecer el mundo del cómic. Fue también Warren Ellis quién, a finales del siglo pasado, planteó en su etapa en The Authority otra manera de entender los cómics de superhéroes tomando prestada una idea “colateral” y deudora del Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons para mostrarnos como sería un universo donde los superhéroes, conscientes finalmente de su condición suprahumana, se alzasen como protectores definitivos de la humanidad gobernándolos, según su estricto y particular código moral, hasta sus últimas consecuencias. Más recientemente, este tipo de “superhéroe tutelar” es otra vez el punto de partida de Black Summer, una nueva y provocativa historia enmarcada dentro del género superheroico concebida por el veterano guionista y plasmada gráficamente por el dibujante español Juan José Ryp para la joven editorial independiente Avatar Press, donde Warren Ellis ya ha publicado otras obras suyas como Doktor Sleepless, No Hero (repitiendo con Juan José Ryp en el dibujo), Supergod, FreakAngels, Anna Mercury o Blackgas. Obras editadas en nuestro país, casi todas ellas, en la línea PopCorn de Ediciones Glénat. Al igual que Garth Ennis, con The Boys o anteriormente en Hitman, Warren Ellis, con trabajos como Black Summer o No Hero, parece querer dinamitar desde dentro un género como el superheroico, que ya ha vivido sus horas más oscuras, “vertiendo todo su odio” hacia él en sus planteamientos e ideas de la forma más brutal posible.

John Horus, superhéroe miembro de los Seven Guns, un grupo formado en sus orígenes por siete jóvenes idealistas y ambiciosos con ganas de cambiar el mundo y de alcanzar la fama, declara en una rueda de prensa, desde la Casa Blanca, haber asesinado al presidente de los Estados Unidos, al vicepresidente y a varios de sus consejeros, debido a la mala gestión impulsada por estos y, sobre todo, por haber embarcado a su país en una guerra ilegal. Pese a las “buenas intenciones” de John Horus se proclama inmediatamente el estado de emergencia en toda la nación, convulsionada por lo que los medios de comunicación atestiguan como un golpe de estado, provocando que todos los integrantes de los Seven Guns, ajenos a la decisión tomada por su antiguo líder, sean acechados y perseguidos por el ejército y las fuerzas de seguridad del estado. Ahora tendrán que enfrentarse a su mayor reto, enfrentados a su propio país, al que habían jurado defender y proteger, viendo como este se revuelve contra ellos como un animal herido. Black Summer es una buena muestra del tipo de historia prototípica en la cual Warren Ellis se ha prodigado en los últimos años, un subgénero que podríamos calificar de “distopía superheroica” y que, en esta ocasión, se presenta muy cercana a nuestro mundo actual y pasado histórico más reciente. De esta manera en Black Summer podemos encontrar referencias y paralelismos directos con la política estadounidense del presidente George W. Bush, antecesor en el cargo de la presidencia que ahora ostenta el demócrata Barack Obama, y con sucesos como la guerra de Irak o el atentado del 11-S como telón de fondo. También parece hacerse eco de ciertas teorías conspiranoicas y de visiones progresistas y críticas con la administración Bush en la línea de la película documental Fahrenheit 9/11 del cineasta Michael Moore. Aunque sólo se pueda observar en algunas portadas especiales, a parte de por el contexto de los temas mencionados que trata el cómic, el presidente de esta ficción tiene, evidentemente, los rasgos del citado George W. Bush aunque, quizá por temor a la censura o debido al simple uso metafórico que pretenden hacer sus autores, su rostro no se llega a mostrar en las páginas interiores del cómic.

En Black Summer encontraremos contundentes diálogos, cargados de cinismo y de rabia y no carentes de cierta demagogia que Warren Ellis sabe encauzar de manera adecuada para que no sea demasiado directo y evidente su ánimo panfletario y anarquista. La acción desfasada y bárbara, con un tratamiento de la violencia descarnado y contundente y unos personajes totalmente pasados de vueltas, se pasean por un mundo definido por la estética cyberpunk y los gadgets imposibles de última generación conformando un futuro a medio camino entre nuestro presente y la ciencia ficción distópica. Warren Ellis ha cultivado a lo largo de su carrera un estilo propio que resulta inconfundible y que nunca deja indiferente e incluso, en obras menores como este Black Summer, escritas con el piloto automático encendido, sus planteamientos suelen ser lo suficientemente efectistas y llamativos como para conseguir atraer nuestra atención. En el caso concreto de Black Summer esto se traduce en un producto ameno, con un ritmo endiabladamente adrenalítico, que consigue exprimir al máximo las virtudes que Juan José Ryp demuestra sobre el papel. Unos lápices marcados por un dibujo “sucio” y visceral, con un nivel de detalle que roza la paranoia y que, en algunas ocasiones, resulta algo excesivo, provocando que algunas páginas y composiciones parezcan auténticos mosaicos construidos con miles pequeñas piezas que ofrecen una visión distorsionada y algo caótica de lo que esta ocurriendo realmente en sus viñetas. Aún así, Juan José Ryp , con un dibujo que acaba enganchando y donde evidencia echar toda la carne en el asador, demuestra estar especialmente dotado para la acción, tanto que acaba subliminando el trasfondo narrativo y crítico creado por Warren Ellis en la historia.
El autor de Transmetropolitan y Planetary, las obras más representativas hasta la fecha de Warren Ellis, tiene suficientes tablas como para jugar con habilidad con los diferentes puntos de vista de los personajes que baraja entre sus manos, mostrándonos algunos arquetipos de personalidades encontradas, sin tomar partido por ninguna de ellas, que acaban por componer un rompecabezas donde la ambigüedad de sus acciones y sus ideas se ofrece a un interesante al debate en el cual no acaba profundizando. El conjunto viene a completarse a través de una trama fluida y enérgica, cargada de una ironía efectista de trazo grueso, que acaba por definir a Black Summer como una obra fresca y entretenida cuyas pretensiones están sujetas a varias interpretaciones. En definitiva, para los seguidores de Warren Ellis, Black Summer será una obra que no les decepcionará aunque, en perspectiva, esté lejos de sus mejores trabajos. El autor no parece acabar de comprometerse con la historia, un relato que toca temas bastante importantes e interesantes pero por los que al final, a pesar del ruido que aparentemente hace, Warren Ellis pasa de puntillas sin aportar nada relevante al género ni a su propio currículo. Una historia, por otro lado, que puede ser una buena manera para acercarse y tomar un primer contacto con este peculiar guionista para aquellos que no lo hayan hecho ya, al tratarse de una obra corta y autoconclusiva que refleja bastante bien las filias y fobias recurrentes de su creador. En resumen, Black Summer, con la carga ideológica habitual que Warren Ellis imprime a sus relatos, destaca por su ácida crítica social y política, por sus desenfrenados diálogos y su acción vertiginosa, manchada de sangre, vísceras y sesos por doquier, y por sus ansías de crear polémica y llamar la atención cueste lo que cueste. Respecto a la edición de Black Summer por parte de Ediciones Glénat, enmarcada, como decíamos al principio, dentro de su colección Pop Corn, resulta en un producto sencillo, práctico, con los extras justos y necesarios y asequible a todos los bolsillos. Cosas todas ellas juntas que hoy en día son bastante difíciles de encontrar en las obras publicadas por las grandes editoriales españolas.


Ver también:
-Doktor Sleepless de Warren Ellis e Iván Rodríguez-
-Thunderbolts de Warren Ellis-

8 de abril de 2011

-North 40 de Aaron Williams y Fiona Staples-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Creo que la idea de un Dios tan jodido como nosotros
da más miedo que todos los sermones sobre lagos de fuego juntos"

Hace ya unos meses se publicaba en nuestro país, de la mano de Norma Editorialy en su ya clásica línea Made in Hell, North 40, obra del grupo creativo formado por el guionista estadounidense Aaron Williams y la dibujante de origen canadiense Fiona Staples cuya labor en la serie le valió una nominación al premio Eisner al Mejor Dibujante de 2010 y que acabaría arrebatándole J. H. Williams III por su trabajo en Detective Comics. Por su parte, Aaron Williams ha dejado su huella en pequeñas editoriales como Henchman o Dork Storm Pressen con proyectos como la serie de tiras cómicas Full Frontal Nerdity, sobre el mundo del fandom, o historias como Nodwick, una parodia ligera de fantasía épica, y PS238, una aventura protagonizada por un grupo de jóvenes superhéroes en la línea de la serie de animación española Hero Kids de Julián M. Clemente y Víctor Gómez. Mientras, su compañera Fiona Staples, ha colaborado con Mike Costa en el especial La Historia Secreta de The Authority: Jack Hawksmoor y también ha participado junto a Steve Niles y Ashley Wood en Mystery Society y con Brian Wood en la serie Northlanders de la línea Vertigo de DC Comics en el número titulado The Sea Road. Así pues, este par de autores casi desconocidos son los responsables de la presente North 40, obra publicada por el sello Wildstorm que representa una nueva apuesta enmarcada dentro del género de terror, de evidente inspiración lovecraftniana y con un marcado tono humorístico y paródico repleto de acción. El propio Steve Niles, guionista con una gran experiencia a la hora de abordar relatos truculentos, como hemos podido comprobar con títulos como 30 Días de Noche, Remains o Wake the Dead, define telegráficamente North 40 como “una buena historia, arte genial y monstruos” preguntándose acto seguido “¿Qué más se le puede pedir a un cómic?”.

En Lufton, un pequeño pueblo del condado de Connover, nunca sucede nada digno de mención así que para huir de la rutina, los inadaptados Dyan y Robert, deciden invocar a un ancestral dios de las profundidades con la ayuda de un antiguo libro encontrado en la sección de “restringidos” de la biblioteca universitaria. Inmediatamente todo el mundo dentro de los límites del condado cae en un profundo sueño para despertar a la mañana siguiente descubriendo, en muchos casos, su nueva y terrorífica condición. La mayoría de habitantes de la pequeña localidad se han convertido en todo tipo de increíbles engendros, monstruos y no-muertos dispuestos a desatar el infierno en Lufton para preparar el camino a la locura que aún está por llegar. Mientras tanto, otros habitantes del lugar han adquirido poderes más allá de la comprensión humana, entre ellos, los jóvenes Wyatt y Amanda, que junto al curtido sheriff Morgan (un sosias de Clint Eastwood), deberán plantar cara al caos e intentar salir con vida de la pesadilla que amenaza sus vidas. La historia planteada de esta manera en North 40 por Aaron Williams y Fiona Staples funciona en la línea de las producciones cinematográficas ligadas al llamado “terror adolescente” que tan alejado parece, a priori, de los relatos de H.P. Lovecraft de los que toma apenas su débil premisa así como ciertos retazos de su representativa imaginería y estética. Fuera de la ecuación queda ese “horror filosófico” y psicológico, definido como “cosmiquismo” por el propio H.P. Lovecraft en sus mejores días, caracterizado por una visión nihilista y pesimista sobre un universo desprovisto de todo orden y lógica; siendo esta la base y la esencia del universo concebido e ideadas por el famoso novelista estadounidense. El creador de los mitos de Cthulhu sigue siendo uno de los escritores más referenciales e imitados dentro género de terror aunque, a menudo, sólo en la superficie y la forma, cliché del que tampoco ha escapado a menudo el mundo del cómic siendo buena muestra de ello la presente North 40.

North 40 es una obra muy desigual, con una narrativa excesivamente lineal, apresurada e inconexa que a veces resulta ciertamente desconcertante, casi como si sus responsables quisiesen otorgar a la historia un cierto componente onírico que disimule las carencias de Aaron Williams a la hora de construir una atmósfera verdaderamente terrorífica y unos personajes bien definidos. Se puede palpar la inexperiencia de este autor a la hora de acercarse a un género que no acaba por dominar, recurriendo a la comedia y la parodia, más afines a su estilo, para solapar sus limitaciones, mientras la trama avanza pero no parece conducir a ningún lugar concreto. Sus personajes tienen un potencial latente marcado por un plástico y visual atractivo, que debe mucho al excelente trabajo de su compañera Fiona Staples, pero Aaron Williams no es capaz de aprovechar la situación para profundizar en ellos de manera más certera dejando a sus creaciones deambular por las páginas del cómic libremente y sin ataduras. No obstante, el argumento urdido por Aaron Williams, pese a sus posibles defectos, no resulta ni evidente ni excesivamente tópico, hilvanando secuencias y escenas imposibles de predecir que, por desgracia, carecen de una mayor fuerza narrativa. En este sentido North 40 adolece de un planteamiento irregular que la relega a la categoría de propuesta ligera, entretenida y falta de pretensiones que, en resumidas cuentas, “muerde más de lo que puede tragar”. A medida que la aventura avanza parece ir de más a menos, con un ritmo monocorde y falto de intensidad que configura toda la obra y que provoca que su clímax se convierta en algo anodino y estéril. Todo ello sin tener en cuenta, por otro lado, el final abierto del relato y los numerosos cabos sueltos en su conclusión que parecen anunciar una inminente continuación.

En el apartado gráfico, Fiona Staples, con unos lápices que en algunos aspectos parecen inspirarse en el trabajo del dibujante australiano Ben Templesmith en la mencionada 30 Días de Oscuridad de Steve Niles, consigue realzar el nivel de la propuesta con un dibujo detallado y de corte realista, con algunos diseños verdaderamente inspirados y una narrativa visual ágil y directa aunque el entintado y color de la obra resulta demasiado sobrio y poco favorecedor para su trazo. Aún así supone el mayor atractivo de este North 40 que, en líneas generales, supone un producto mediocre, entretenido a ratos, tedioso en otros momentos. No logra ser una obra inquietante ni terrorífica, por mucho que Brian Wood asegure haberse “acojonado de verdad” con ella, ni tampoco consigue atraparnos con su humor demostrando, en definitiva, cierta improvisación a la hora de perfilar claramente el tono y la intencionalidad de la historia. Como sucede en otros medios, como la literatura o el cine, el género de terror es uno de los más difíciles de abordar sin una cierta perspectiva y una finalidad última clara y el cómic, a pesar de sus características propias, es un medio que no puede escapar a ese principio. La edición de Norma Editorial de North 40, como ya hemos dicho anteriormente, responde al formato clásico de la colección Made in Hell, incluyendo los seis primeros números de la serie y sus respectivas portadas. Una edición apropiada para una obra como North 40, volátil y prescindible, recomendable para los amantes del terror ligero y el relato gótico, de los aficionados a la estética lovecraftniana en todas sus vertientes o para aquellos que buscan una simple y llana distracción pasajera para desconectar durante un par de horas de esta realidad acechada por antiguos dioses de nombres desconocidos y aspecto monstruoso.

 Ver también:
Victorian Undead de Ian Edginton y Davide Fabbri
Lenore, la Hermosa Niña Muerta de Roman Dirge

7 de abril de 2011

-Haunt de Robert Kirkman, Todd McFarlane, Ryan Ottley y Greg Capullo-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Veo el espacio vacío que ocupaba un hombre, 
un espíritu que se supone no debería estar aquí" 

Daniel Kilgore es un cura católico malhablado y poco virtuoso que guarda un gran rencor hacia su hermano, Kurt Kilgore, ya que considera que este le arruinó su futuro al casarse con la mujer que él amaba. Kurt Kilgore, por otro lado, es un espía y agente secreto del gobierno de Estados Unidos que después de su última y fallida misión es secuestrado y asesinado a sangre fría por sus captores. Lejos de abandonar este mundo su espíritu comienza a rondar y atormentar a su desdichado hermano con la intención de advertirle del peligro que su mujer y él mismo corren debido a las circunstancias especiales que entrañaba su trabajo. De esta manera, contra su voluntad, se verá abocado al centro de una oscura y arriesgada trama de espionaje y medias verdades que le ayudará a conocer la auténtica vida que su hermano llevaba cuando aún estaba vivo. La sorpresa será mayúscula cuando, por pura casualidad y de forma casi accidental, ambos hermanos queden fusionados, en cuerpo y alma, convirtiéndose así en la entidad ectoplasmática conocida como Haunt, un nuevo y brutal antihéroe obligado a salvar el mundo. Bajo esta premisa argumental se inicia Haunt, una historia publicada en 2009 por la editorial Image Comics con un auténtico reparto de lujo encabezado por sus dos creadores, el dibujante y fabricante de juguetes Todd McFarlane, padre biológico de Spawn, y Robert Kirkman, la “mente maestra” detrás de las exitosas series de Los Muertos Vivientes e Invencible, encargándose el primero del entintado de la serie y colaborando en algunas de las portadas de la colección mientras el segundo ejerce como guionista oficial del experimiento. Por otro lado, completando el apartado gráfico encontramos a Greg Capullo, artista al que recordamos de series como X-Force o la ya mencionada Spawn, donde ya coincidió con su compañero y jefe Todd McFarlane, y que en esta ocasión se hace cargo de la composición de la serie al tiempo que Ryan Ottley, el escudero infalible de Robert Kirkman en Invencible, pone al servicio de la empresa su talento y sus lápices. Haunt, promocionada desde Image Comics como el regreso de Todd McFarlane al campo de batalla, resulta un producto ligero, marcado por la acción y por los litros de hemoglobina plástica vertidas contra el lector.

Haunt nació, probablemente, con la intención de aprovechar el estado de gracia del actual escritor estrella de Image Comics, Robert Kirkman, que en los últimos años ha conseguido darle un nuevo impulso a la editorial con sus ideas, historias y personajes; con esa meta en el horizonte Todd McFarlane, supuestamente retado por el afamado guionista estadounidense, concibió un nuevo personaje, otro “pseudo-Spawn” surgido de su imaginación anclada en los años noventa del pasado siglo, que debía convertirse en un éxito seguro. Haunt es un personaje deudor de una fórmula agotada hace ya una década con el cual Todd McFarlane parece querer seguir viviendo de sus viejos éxitos, una creación incapaz de aportar nada nuevo al panorama actual del cómic mainstream dominado por superhéroes autoritarios y violentos a los que él colaboró, en sus tiempos como dibujante, a desprender de sus últimos retazos de épica y gloria de tiempos pasados. Entre esa maraña superheroica y superpoblada que representa el mercado del cómic estadounidense Haunt es un producto que pasa sin pena ni gloria, como si nunca hubiese estado aquí, y ello a pesar del extraordinario elenco de artistas citado que colaboran en sus páginas con Ryan Ottley y Greg Capullo dando vida a las ideas de Robert Kirkman y a las ambiciones y anhelos mercantilistas de Todd McFarlane. Haunt no es un esperpento ni una aberración, ni mucho menos, pero no pasa de ser un simple cómic de acción, con una narración hasta cierto punto bien planteada, lejos de los trabajos más destacados de Robert Kirkman, y con un siempre agradable Ryan Ottley, pasado por la paleta de grises que aporta Fco Plasencia para la ocasión, no consiguiendo en conjunto despertar el interés por un producto que carece de una identidad propia.

Como buen empresario que ha demostrado ser Todd McFarlane a lo largo de su trayectoria, si algo viene a demostrar este Haunt, es su capacidad para economizar esfuerzos, creando una serie en la que ha sabido reunir a los pesos pesados de la editorial que regenta desde 1992, repartiendo sabiamente el trabajo y el esfuerzo de estos para así hacer más llevaderos y flexibles los diferentes comprosimos previos y agendas de todos los implicados. De esta manera, el publicitado regreso de Todd McFarlane a las páginas de un cómic no viene acompañado, no obstante, por aires nuevos ni por una evolución en sus planteamientos. Su nuevo personaje no lo parece tanto sino que, más bien al contrario, produce un cierto regusto a viaje conocido derivado de la amalgama de personajes de la que toma inspiración, con Spider-man, su brutal contrapartida Venom, Lobezno y su propia creación, Spawn, como principales y casi únicos referentes. Tan obvio resulta todo ello que Todd McFarlane no parece esforzarse en disimularlo ni Robert Kirkman acierta a “maquillarlo” adecuadamente para presentar al “monstruo” en sociedad. Haunt es un producto simple, sin muchos artificios argumentales o un mcguffin realmente atractivo y original y sin grandes vueltas de tuercas inesperadas al final de cada capítulo o interesantes tramas secundarias que enriquezcan el conjunto como si hemos podido ver en otras series superheroicas en las que ha trabajado Robert Kirkman con anterioridad, como es el caso de Superpatriot, Brit, El Asombroso Hombre-Lobo o, por supuesto, Invencible. Los personajes apenas se muestran esbozados, carentes de carisma o interés, y pese a la habitual y reconocible habilidad de su guionista para la caracterización de personajes a través de sus diálogos, la serie no se toma excesivo tiempo para reflexionar sobre ello prefiriendo apostar por la acción pura y dura y sin concesiones.

No obstante, a pesar de las particularidades y las mencionadas taras que arrastra Haunt, también es cierto que, normalmente, las series en las que ha participado con anterioridad Robert Kirkman suelen empezar de forma algo anodina y lenta cobrando interés sólo a través del paso de los números cuando sus tramas se muestran más abiertas y la evolución de sus personajes acaba por atraparnos. De esta manera el guionista originario del estado de Kentucky ha sido capaz de mostrarnos el potencial que guardaban propuestas como Los Muertos Vivientes, que acaba por despegar en el arco argumental titulado Seguridad Tras Las Barrotes, o Invencible, que lo hacía en los números que conforman el recopilatorio Auténticos Desconocidos. De hecho, la obra de Robert Kirkman nunca ha estado marcada por ideas y conceptos excesivamente originales siendo su gran virtud y talento la manera en que narra y reiventa historias hasta cierto punto prototípicas consiguiendo en el camino someter los tópicos del género en cuestión en beneficio de su fresca y atractiva narrativa. En nuestro país, la edición de Planeta DeAgostini de la presente obra incluye los seis primeros números de Haunt publicados en Estados Unidos así como sus correspondientes portadas pero, a parte de eso, no encontraremos mayores alicientes, extras, prólogos, introducciones o epílogos de ningún tipo. En definitiva, Haunt es una obra que podrá contentar a quiénes busquen un entretenimiento ligero, sin complicaciones, que sientan curiosidad por descubrir como le han sentado los años a Todd McFarlane en una obra que, innegablemente, lleva su huella, para bien y para mal, o para aquellos que, por desgracia o por fortuna, estén dispuestos a dejarse “embrujar” una vez más.

 Ver también:
Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard -El Oscuro Retrato del Superviviente-

6 de abril de 2011

Cine Om -Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte I-

Harry Potter y sus inseparables compañeros de aventuras tienen una misión tan importante como difícil, destruir los horrocruxes. Sólo así será posible acabar con el tenebroso reinado de Lord Voldemort. Harry, Hermione y Ron comienzan la búsqueda de estas oscuras reliquias que contienen pequeñas porciones del alma del Señor Tenebroso. La misión no estará exenta de tensiones entre los propios protagonistas, momentos de peligro y la muerte de grandes amigos y aliados. Por suerte, Dumbledore había previsto todo antes de su muerte dejando en testamento a los tres jóvenes magos la clave para superar tan difícil prueba. 
 
Los encargados de plasmar a la gran pantalla el último libro del joven mago inglés han decidido dividir la trama del libro en dos partes. El primer acto ya está en todas las salas de cine, pero él último y definitivo segundo acto se hará esperar unos cuantos meses más coincidiendo con los estrenos veraniegos del próximo año. La dirección vuelve a estar a cargo de David Yates, que ya se sentó en la silla de director en las dos últimas entregas de la saga. Su trabajo en esta ocasión es excelente. Lejos del desgaste que con el tiempo puede lastrar una saga con tantas entregas como ésta, Yates sabe infundir elementos que la revitalizan y que, sin hacerla incongruente en el conjunto de la saga, aportan profundidad y nuevos puntos de vista. Un gran acierto por parte del director es incluir elementos propios del thriller. Yates, además, combina sabiamente el drama y el misterio con la acción y humor. Como un buen director de orquesta sabe administrar los movimientos, juega con el tempo dosificando y organizando las escenas de un modo magistral en el que el tiempo pasa volando y casi no te das cuenta que has visto 140 minutos de metraje y aparecen de repente los créditos finales. 

Una mención especial se merece un pequeño corto de animación incluido en el propio film. Una pieza que no sólo sorprende por formar parte en el conjunto de la película sino por su calidad. Estas secuencias animadas han sido creadas por Ben Hibon y narran el Cuento de los tres hermanos haciendo uso de la infografía pero inspirándose en la ancestral técnica de las sombras chinescas. También hay que destacar la fotografía a cargo del portugués Eduardo Serra. Su trabajo es impresionante. Muestra un dominio de la luz, el color y la atmósfera apabullantes. Sabe imprimir un tono oscuro al metraje, muy acorde con la trama cada vez más tenebrosa que se desarrolla en la película. Pero al mismo tiempo nos deja sin aliento en lo planos generales y las grandes tomas panorámicas de unos impresionantes paisajes. 

Alexandre Desplant se encarga de dar vida a la música de esta última entrega. Lejos de verse ensombrecido por el legado de John Williams, logra una partitura intensa que se adapta a la perfección con las imágenes y la trama durante toda la película. El peso de las actuaciones recae casi íntegramente sobre Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, que hacen un trabajo bastante correcto. Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte I, no defraudará a ningún seguidor de la saga cinematográfica y literaria del personaje creado por J.K. Rowling.

Ver también:
El Octavo Samurái