28 de febrero de 2011

-Brian Michael Bendis y Alias: Una Visión Aproximada-


Introducción 

El guionista Brian Michael Bendis ha demostrado en los últimos años ser un narrador poco convencional capaz de despertar filias y fobias a partes iguales debido a su irregularidad en ocasiones y su más que acusado descompressive storytelling; un guionista "experimental" cuyos argumentos y tramas son facilmente reconocibles en series como Daredevil, Powers, Los Nuevos Vengadores o la más reciente Spider-Woman. Poco a poco, Brian Michael Bendis, se ha ido haciendo con las riendas de Marvel redifiniendo desde su posición lo ya conocido y colaborando muy activamente en las macrosagas que han inundado la editorial los últimos años desde Civil War a Asedio y todo ello sin olvidar su producción propia en series como Powers o la futura Scarlet. Entre estas series destaca su colaboración en el sello Max de Marvel, para lectores adultos, junto a Michael Gaydos con quién consiguió dar forma a uno de sus proyectos más personales: Alias. La protagonista principal de la historia, Jessica Jones, fetiche para Brian Michael Bendis, aparecerá en todas las series allí donde el guionista ha ido, desde Daredevil a Los Nuevos Vengadores, convirtiéndola en un personaje de cierta relevancia en el Universo Marvel actual.


Biografia de Brian Michael Bendis


Brian Michael Bendis nació el 18 de agosto de 1967 en Cleveland, Ohio, dentro del seno de una familia judía lo cual le llevó a asistir a una escuela privada ortodoxa pese a sus reticencias. En 1995 conoció a la que sería su futura esposa, Alisa, en la Fundación Hiller de Cleveland donde ambos habían entrado a trabajar. En estos años Brian Michael Bendis se ha ganado la aclamación de cierta parte de la crítica por su trabajo y eso le ha valido ganar 5 premios Eisner por sus trabajos en Alias, Powers y Daredevil. Este actual Rey Midas del cómic convierte en éxito de ventas todo cómic que toca y sus primeros logros llegaron como creador, guionista y dibujante de la saga Jinx y sus obras derivadas: Goldfish, Fortune and Glory o Torso, que se comenzó a publicar en la pequeña editorial Caliber Comics pasando posteriormente a ser publicados por Image Comics. Para estas primeras historias el autor investigó y realizó un concienzudo trabajo de campo para documentarse sobre el mundo que quería retratar en sus cómics y que le llevó a entrevistarse con miembros del cuerpo de policía, cazarecompensas profesionales, investigadores privados e incluso presidiarios.

Influenciado en su trabajo por el estilo de dibujo de Frank Miller, desarrolló una narrativa gráfica y un storytelling muy personal y se mostró como un guionista muy eficaz y solvente. Por ello no es de extrañar que rápidamente  empezará a gozar de un inmediato y unánime aplauso de la crítica especializada. Ya en 1995, planteó a Marvel un proyecto con Rick Mays (Kabuki: Scarab) sobre Spider-Woman que no se llega a concretar y que después de años de especulaciones y cambios acaba viendo la luz muy recientemente con Alex Maleev sustituyendo a Rick Mays. Antes la fama le llegaría después del encargo por parte de Marvel de una nueva serie de Spider-man, dentro del nuevo universo Marvel Ultimate, y el lanzamiento de una nueva serie de creación propia publicada por Image Comics, Powers, junto con el dibujante Michael Avon Oeming. Ultimate Spider-man fue en su momento un proyecto cuestionado y pólemico pero ha acabado con el tiempo convenciendo a los aficionados siendo a día de hoy la única serie que mantiene el tipo del universo Ultimate y acaparando mejores críticas que la serie regular del arácnido actualmente en manos de Dan Slott. Cuando parecía que nada más se podía contar sobre Spider-man llegan autores como Brian Michael Bendis y, sobre todo, el también excelente J.M. Strackzinsky, a cargo por entonces de la serie regular del trepamuros, que demuestran lo contrario.

Esto añadido al éxito cosechado con Powers (serie recuperada actualmente en España por Panini Comics) hizo que se desatase la bendismania. Brian Michael Bendis aportaba una frescura de ideas y conceptos en sus colecciones por entonces necesaria satisfaciendo por igual a los fans más veteranos y a una nueva legión de lectores. A partir de entonces los proyectos de Brian Michael Bendis para Marvel se suceden como la nueva Marvel Team-Up donde, sin ser de sus mejores trabajos, elabora originales historias y demuestra que es tan importante el que se cuenta como el cómo se cuenta. Marvel confía ciegamente en él y le da las riendas de dos colecciones más: Elektra, cuyo relanzamineto estuvo rodeado de un despliegue publicitario enorme y, sobre todo, Daredevil. En este trabajo en especial se nota su admiración por el trabajo de Frank Miller y acompañdo por Alex Maleev a los lápices realiza una de las mejores etapas del personaje y de sus trabajos más redondos donde sorprende continuamente a los lectores con sus giros argumentales al igual que Alex Maleev lo hace con sus composiciones de página.


Destriprando Alias

¡Atención posibilidad de spoilers segura y contundente! 

Después de mucho tiempo, más del que jamás imaginaríais, he estado escribiendo este artículo, sin ninguna presión, aunque eso sí, con unas cuantas suplicas pidiendo que lo terminará de una puñetera vez. No voy a engañaros, temo la lapidación pública a la que voy a ser sometida por escribir sobre Brian Michael Bendis, pero que le voy a hacer... Jessica Jones es un personaje que me encanta. Alias es una serie mezcla de género negro con superhéroes que, como acabo de mencionar, esta protagonizada por Jessica Jones, una detective venida a menos que anteriormente fue una superheroína, la cual no tenía unos grandes poderes, básicamente volar y una gran fuerza física. Hasta aquí nada muy original. Sin embargo, el atractivo de Alias es la manera en que se nos muestran los diferentes arcos argumentales así como la personalidad de los diferentes personajes secundarios que van apareciendo por la serie y que hacen de su lectura algo ameno y entretenido con un estilo que, por lo menos a mí, me cautivó desde el primer momento.

Debido a los poderes de mierda que tiene nuestra heroína, en comparación con el resto de los superhéroes Marvel, Jessica Jones se siente algo inferior y desplazada por el resto, terminando por no sentirse cómoda con el desarrollo de su actividad superheroica (aunque en cierto momento llegará a ser miembro de Los Vengadores). Ahora bien, a pesar de haberse separado de este mundo, la detective de la agencia Alias seguirá relacionada con diferentes héroes del Universo Marvel, entre ellos Matt Murdock/Daredevil, Carol Danvers/Ms. Marvel o Luke Cage (uno de mis preferidos, obviemos el porqué, ejem). No hay que olvidar que esta serie tiene un enfoque parecido a Powers u otras series marca Brian Michael Bendis aunque tiene algo que no la hace distinta al resto. Bien, ¿pero qué nos cuenta Brian Michael Bendis en Alias para que nos quedemos enganchados con su historia?

En los primeros capítulos vemos a Jessica Jones trabajando para la agencia Alias y siendo contratada para encontrar a la hermana de una tal Jessica Find. Poco después, en otra de sus investigaciones se encontrará inmersa dentro de una conspiración contra el Capitan América y el presidente de los EEUU al ser contratada para encontrar a Rick Jones, ex-compañero del Capitan América. Más tarde, J. J. Jameson la escogerá para que descubra la identidad secreta de Spider-man a lo cual ella le irá dando una serie de largas, con el consiguiente y monumental cabreo del director del Daily Bugle. Luego tendremos una historia centrada en Matt Murdock, cuya identidad secreta como Daredevil se ha hecho pública, y a modo de tapadera este contratará tanto a Jessica Jones como a Luke Cage para que sean sus guardaespaldas personales, lo cual les dará oportunidad de tener una larga charla para aclarar la relación que existe entre ellos. Pero, a pesar de los sentimientos que tienen el uno por el otro, seguirán caminos separados y Jessica Jones iniciará una relación con el Hombre Hormiga. En una aventura posterior, nuestra protagonista llegará a su apartamento una noche encontrándose a la sobrina de J.J. Jameson en él; la chica esta pasando por una crisis de identidad que le hace creerse Spider-Woman. La chica es adicta a una nueva droga fabricada con tejidos orgánicos de superhéroes con la que se obtiene la sensación de tener sus mismos poderes.

A continuación, Brian Michael Bendis finalmente nos desvelará los orígenes de Jessica Jones y como ésta descubrió sus superpoderes. Tras una accidente de coche en el que muere toda su familia ella despierta de su coma y vuelve a su vida normal para descubrir su nueva capacidad para volar y su increíble fuerza, superior a la de una persona normal. Ello le llevará a convertirse en una superheroína. Al final de la serie Jessica Jones será contratada para acabar con el Hombre Púrpura, responsable del abandono de su carrera superheróica. Volverá a caer en los juegos mentales del villano pero, finalmente, conseguirá vencerlo enfrentándose a sus mayores temores y poniendo de esta manera el broche final a las desventuras de Jessica Jones. En definitiva, Alias desarrolla una trama interesante y digna de ser leída por todos aquellos que adoren el género negro y los cómics de superhéroes. Con un destacado trabajo por parte de su guionista Brian Michael Bendis y de su dibujante habitual, Michael Gaydos, además de los aportes a lo largo de la serie de algunos colaboradores especiales y artistas invitados de la talla de Bill Sienkiewicz, David Mack o Mark Bagley.


Bibliografía consultada:
-Bendis, Brian Michael y Gaydos, Michael ; Alias, Edición de Forum, 2002. 

Ver también:
Powers de Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming 
Spider-woman de Brian Michael Bendis, Brian Reed y Luna Brothers
Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. de Brian Michael Bendis y Alex Maleev
Los Nuevos Vengadores de Brian Michael Bendis -El Eterno Crossover Interminable-
Guerreros Secretos de Jonathan Hickman, Brian Michael Bendis y Stefano Caselli

Daredevil -Guionistas sin Miedo (I)-
Daredevil -Guionistas sin Mierdo (II)-


26 de febrero de 2011

Reflexiones y Citas "Extraordinarias"

"He oído razonamientos que dicen que el Superman de Christopher Reeve no es el auténtico porque es de una película y no de un cómic. Vale, pero hay más gente que conoce ese Superman que gente que haya leído un cómic de Superman en toda su vida, así que ¿por qué es uno más correcto que el otro? (...) Cada mito tiene un gran número de interpretaciones y lo importante es el espíritu del personaje".

Guardián de los Mitos, entrevista a Mark Waid en Tebeosfera (2004)

25 de febrero de 2011

-Marvel Monster: Cable & Masacre I de Fabian Nicieza y Patrick Zircher-

 -Publicado Previamente en Zona Negativa-

"¡Chimichanga!"


Cable y Masacre, esa extraña pareja disfuncional condenada a entenderse, hijos de un mismo padre -el siempre polémico anatomista y dibujante amateur Rob Leifield-, se encuentran actualmente en uno de los mejores momentos editoriales de su historia. Esto, sobre todo, en el caso del conocido Mercenario Bocazas, Masacre, cuyas aventuras y apariciones estelares en otras series de La Casa de las Ideas se han multiplicado exponencialmente en los últimos tiempos -y eso sin haber heredado todavía el don de la bilocación que posee el famoso mutante de las garras de adamantium- y todo desde que se estrenó la olvidable -o más bien abominable- X-men Orígenes: Lobezno. Los productores y responsables de esta película tienen suerte, sin duda, de que Masacre, ese verborreico amante de las armas obsesionado con las gemelas Olsen, sólo se dedique a romper el cuarto muro y no a traspasarlo porque de ser así lo pasarían realmente mal. Pero hagamos un poco de historia. Fue en el año 2003 cuando, después de cancelarse “sorprendentemente” la serie en solitario de Cable, que había contado con los argumentos y guiones del “cuasi-guionista” Jeph Loeb y los lápices de Ian Churchill – un aprendiz aventajado de Rob Leifield- alguien en Marvel tuvo la brillante idea de unirlo a Masacre, sin empleo por entonces, en un único título que habrían de compartir hasta que la muerte los separase -cosa muy habitual en los cómics de hoy en día- o las ventas se fuesen a pique. La serie, con simple y evidente título de Cable & Masacre, fue encargada a Fabian Nicieza que ya tenía “algo de experiencia” con ambos personajes (siendo su “madre adoptiva” es lógico) y en ella se narran los esfuerzos del mutante tecno-orgánico por convertir el mundo en un lugar mejor transformando para ello su vieja nave espacial, Greymalkin, en la utópica isla flotante de Providence -lo cual demuestra que este hombre tiene demasiado tiempo libre- y mientras Masacre, bueno, hace de las suyas… como es habitual en él.

Masacre goza actualmente de una nueva serie regular guionizada por el discreto Daniel Way, conocida simplemente como Masacre, a la que han seguido una marea de proyectos, miniseries, series limitadas y especiales de todo tipo. Tenemos, por ejemplo, la serie limitada Masacre: El Mercenario Bocazas, donde el guionista Victor Gischler, auspiciado por el dibujo de Bong Dazo, enfrenta al antihéroe marvelita a la amenaza de los Marvel Zombies habiendo tenido esta historia su secuela en Masacre Corps, donde descubriremos al supergrupo más desequilibrado y bizarro de la historia del Universo Marvel (publicado este mismo mes en nuestro país). Por si esto no fuese poco tenemos Masacre Team-Up, una serie iniciada directamente desde su número #900 USA, publicándose en orden descendente, y en la que diferentes autores como Stuart Moore, Joe Kelly o Fred Van Lente nos ofrecen su visión del personaje. Completando toda esta “masacre” de títulos tenemos las miniseries Masacre: Suicide Kings, con Carlo Barberi a cargo del apartado gráfico y con Mike Benson narrando una aventura en la que Masacre se verá perseguido por un crimen que no ha cometido, y, finalmente, La Guerra de Wade Wilson (que también se publicará este mes en España) y donde el guionista Duane Swierczynski y el dibujante Jason Pearson prometen revelarlos algunos secretos sobre el personaje. Mientras, por su lado, Cable también ha gozado de un nuevo renacimiento en su nueva serie a cargo del ya citado Duane Swierczynski y con Ariel Olivetti al mando del aspecto visual de la colección. Al mismo tiempo, el tecno-guerrero por excelencia del Universo Marvel ha jugado un papel relevante en los últimos eventos mutantes como son Messiah Complex, Utopia o Second Coming y también en otras series de Marvel como el X-Force de los guionistas Craig Kyle y Christopher Yost y el dibujante Clayton Crain o en la alabada etapa de Peter David en X-Factor.

En nuestro país el especial de la serie dedicado a Civil War, publicado en grapa por Panini Cómics (incluyendo Cable & Deadpool 30-32 USA), fue el paso previo al regreso de Wade Wilson, y de Nathan Christopher Charles Summers también, a las estanterías de nuestras librerías habituales. Anteriormente habíamos visto publicado el tomo Cable & Masacre: Si Las Miradas Matasen (Cable & Deadpool 1-6 USA) con los primeros números de Fabian Nicieza a cargo de la serie. Por aquel entonces, durante la Civil War, Masacre tenía un nuevo curro que le tenía entusiasmado: dar caza y captura a los héroes que habían rechazado firmar el Acta de Registro Superheroica. Lo cual, como no podía ser de otra manera, entraba en conflicto con los intereses de su compañero Cable – alias “el del ojo guay”- y dejaba abiertas las puertas a toda una batalla de egos, armas tecnificadas, giros argumentales en casi cada página y humor absurdo que Fabian Nicieza, provocador y alborotador como pocos, propiciaría en sus guiones junto a su compinche de fechorías Staz Johnston el encargado de firmar el apartado gráfico de la colección.

Poco tiempo después Panini Cómics editaría los números anteriores de la colección (Cable & Deadpool 7-18 USA) en su nuevo formato llamado Marvel Monster que también había acogido las aventuras de Spider-girl, la arácnida heroína creada en 1998 por Tom DeFalco y Ron Frenz (el Spider-man más clásico de los últimos años). El mes de noviembre del ya pasado año se publicó el segundo Marvel Monster de la serie (Cable & Deadpool 19-29 USA) a la espera de un tercer y último tomo que, parece ser, conectará con el recopilatorio Masacre Contra El Universo Marvel editado dentro de la línea Héroes Marvel de Panini Cómics para poner fin a la etapa del veteranoFabian Nicieza narrando las desventuras de tan estrafalarios personajes. En definitiva, como se puede fácilmente entender, un baile de formatos y de números que descolocan al más avispado con “viajes temporales” hacía delante y hacía atrás gentileza de Panini Comics y que no tienen nada que envidiar a los que podrían vivir Cable y Masacre en cualquier número de su serie.

En el primer Marvel Monster recopilatorio de Cable & Masacre encontraremos cuatro arcos argumentales de Fabian Nicieza dibujados por el efectivo Patrick Zircher. En ellos el antihéroe por excelencia del Universo Marvel, Masacre -Wade Wilson para los amigos y supervillanos íntimos-, está destinado a convertirse en el mejor aliado y compañero de Cable, ese chico grandote, con el brazo metálico y el ojo a la virulé, con trastornos de personalidad casi tan graves como los del propio Mercenario Bocazas, que le hacen tener recurrentes delirios de pedantez y ramalazos mesiánicos bastante preocupantes. Eso mismo deben pensar los organismos gubernamentales, S.H.I.E.L.D. y los X-men pues, en el primer arco argumental incluido en el monstruoso tomo editado por Panini Cómics y que lleva por título La Ofrenda Sacrificial, ante el miedo de que Cable se descontrole, convirtiéndose en un tirano con país propio al estilo Dr. Muerte, deciden pasar a la acción. Pero, por suerte, ahí está Masacre para complicar más las cosas si cabe intentando de paso que los X-men lo incluyan en nomina. Y como de aquellos polvos vienen estos lodos en Treinta Piezas, el siguiente arco argumental de la serie, nos encontramos a un Cable bajo de batería, con su vida en serio peligro, lo que obligará a Masacre a buscar ayuda para “repararlo”. Así, mientras nuestro bocazas favorito hace frente al Agente X, el desvalido Cable tendrá que compartir su mente con el joven grupo de mercenarios conocido como Media Docena formado por Dominó y algunos antiguos compañeros de Masacre.

En Un asesinato en el Paraíso, con Cable algo más recuperado pero igual de sosainas que de costumbre, la trama se centra en Masacre que haciendo las veces de detective, con gabardina y sombrero a lo Rorschach incluidos en el lote -que sean de dos editoriales diferentes no debería impedir el amor-, esta empeñado en resolver el inexplicable asesinato de un conocido terrorista que se ha producido en Providence. Finalmente, como colofón a tanto divertido despropósito, tenemos la saga Enema de Estado una parodia de Enemigo de Estado la aventura de Lobezno perpetrada por Mark Millar y John Romita Jr. en la cual el famoso mutante, que en los ochenta era algo chaparro, peludo, poco agraciado y que tenía pinta de oler mal y que actualmente se parece a Hugh Jackman (y eso que su factor curativo debería ser incompatible con la cirugía estética), era controlado mentalmente para asesinar a algunos de los héroes más reconocibles del Universo Marvel (sobra decir que no consiguió asesinar ni al conserje de Los Cuatro Fantásticos porque, ¿para qué?; si van a matar ellos solitos a uno cada tres meses…). En esta parodia, centrándonos en lo importante, Masacre, acompañado por Siryn y Bala de Cañón, parte a través del multiverso en busca de Cable que se encuentra en situación desconocida teniendo que enfrentar en las diferentes realidades paralelas que visitará amenazas de todo tipo, a cada cual más bizarra, como son las versiones diabólicas y apocalípticas de Spider-man o del mismo Cable o un Siniestro interesado en diseccionar a Muertopiscinas para estudiarlo (menos dejarlo ir al baño, cualquier cosa). Todo ello desemboca en un breve cruce con el mundo planteado en el crossover de Dinastía de M de Brian Michael Bendis y el dibujante Oliver Coipel. A lo largo del viaje Masacre se cruzará con diferentes encarnaciones de Cable que resaltan cada una de sus facetas en diferentes momentos de su vida (y casi todas ellas aburridas). Este último paréntesis es sólo una ocurrente broma, ¿eh? Cable es un tipo interesante, el rey de la emoción, como nosotros del sarcasmo, ejem. En la edición de Panini Comics que conforma este primer tomo Marvel Monster de Cable & Masacre se incluye un prólogo titulado Unidos Por La (Des)gracia a cargo de Julián Clemente y también las cubiertas originales antes de cada episodio (un detalle tenerlas todas bien ordenadas en su lugar correspondiente). Y siguiendo el juego metatextual que propone Fabian Nicieza en la serie también encontraremos, al inicio de cada capítulo, extractos de entrevistas ficticias realizadas a los personajes protagonistas y simpáticos resúmenes de las tramas anteriores.

 Valoración (Muy) Personal

Mythos. Cable & Masacre es una serie algo descompensada y desequilibrada, a imagen y semejanza de sus dos protagonistas. Ambos personajes rivalizan, narrativamente, por atraer la atención hacia su propio terreno de juego dejando claro que, en realidad, poco tienen en común y su unión no deja de ser bastante artificial. La serie está sujeta a una continua reinterpretación dependiendo de si es Cable o Masacre quién lleva las riendas de la historia de turno lo que acaba imprimiendo un ritmo irregular a la colección. Masacre es un personaje que se burla de todo y de todos lo cual resulta, además de hilarante en muchas ocaciones, interesante, por su virtud y capacidad para romper la cuarta pared y frivolizar con la actualidad Marvel como si de un lector más se tratase. Fabian Nicieza, junto a Joe Kelly, son los dos autores que mejor han comprendido al Mercenario Bocazas en este aspecto.

Cable, en cambio, es un concepto muy diferente de personaje y es difícil empatizar con él, a pesar de los esfuerzos de Fabian Nicieza, y acaba lastrando el ritmo y el interés de la serie. El problema con Cable es el mismo que se le ha achacado en más de una ocasión a cierto kriptoniano de la competencia y es que en ambos casos tenemos a personajes a los que se les ha dotado con unos poderes más que sobrehumanos, casi divinos, con los que la suspensión de la credibilidad y la caracterización de su humanidad siempre suponen un reto en las historias que protagonizan. En Cable & Masacre un veterano como Fabian Nicieza consigue apenas salvar ese escollo pero junto a Patrick Zircher, capaz de marcarse algunas páginas espectaculares con su dibujo limpio, claro y cálido alejado del dibujo de tendencia tenebrista que se destila hoy en día en los cómics de superhéroes, son capaces de dejar a un lado esos problemas y carencias para hacernos disfrutar durante un buen rato.

Jezabel. Cable y Masacre, Masacre y Cable. ¿Funcionan bien juntos? Puede, tienen sus momentos. Lo peor sin duda es ese recurrente deus ex machina, nunca mejor dicho, que se suele dar al tener a un personaje tan poderoso y controlador como el señor hijo del clon de la mil veces fallecida Jean Grey, en contraposición a la locura y el descontrol propias de un personaje como nuestro estimado señor Wilson y que hace que, según el lector y sus preferencias por uno u otro, suceda lo siguiente:

a) Cable es acompañado por un tipo extraño con un par de katanas que no encaja para nada, ni siquiera en sus más complicados y enrevesados planes, en ese mundo utópico que tiene por esperanza crear. Masacre es un tipo sencillo que puede hacer chirriar los dientes a aquellos que esperen disfrutar de las futuristas aventuras del señor ojito brillante.

b) Los lectores amantes del Mercenario Bocazas, también conocido –por él mismo- como Doctor Amor, pueden verse perdidos o, mejor dicho, terriblemente abocados al aburrimiento ante las apariciones de su apocado amigo, el salvador del futuro. Si te van los golpes, los chistes sobre la cultura pop y las salidas más o menos ingeniosas de nuestro Masacre, los planes mesiánicos de Cable te pueden dejar más bien frio (o helado).

Aun así, la serie de Cable & Masacre puede ser muy recomendable para los seguidores de ambos personajes, los dos en su línea habitual –aunque no desatados-, con unas historias narradas de tal manera que ya quisiéramos encontrarlas en los guiones de alguna de las películas de la FOX. No lloraré, no lloraré, Masacre sin boca no es para tanto, no lloraré, X-Men Orígenes Lobezno, no lloraré…

En definitiva, Masacre -mi preferido- suele ganar bastante en solitario, pero claro, esto es una opinión muy personal, culpa de mi criterio y según algunos, de las secuelas producidas por la LOGSE. Como dijo una vez el sabio, las opiniones son como los, perdón, me han dicho que no diga palabras malsonantes…


Ver también:
Marvel Monster: Cable & Masacre I en Zona Negativa (Alberto Morán) 
-Terror Inc. de David Lapham y Patrick Zircher-

-Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo de Brian Clevinger y Scott Wegener-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"¡Ay, Dios! 
¡Creo que ya se ha comido al Sr. Lovecraft!"

Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo es el título de la nueva y disparatada miniserie de nuestro robot aventurero preferido concebido por el tándem formado por el guionista Brian Clevinger y el dibujante Scott Wegener. Si en Atomic Robo y los Cientificos de Acción de Tesladyne disfrutamos de una serie de entretenidos relatos relacionados con la ciencia ficción y la serie B de corte clásico y en Atomic Robo y Los Perros de la Guerra nos adentramos en una disparatada epopeya bélica enmarcada dentro de la Segunda Guerra Mundial en Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo nos encontraremos con una aventura ligada al género de terror de tendencia lovecraftniana enfocada, eso sí, desde la comedia más alocada y divertida. La presencia del mismísimo H.P.Lovecraft en las páginas del cómic como un personaje más de la trama no es, desde luego, una mera coincidencia sino una muestra más de una serie que resulta todo "un canto a la lógica de lo absurdo" como su guionista Brian Clevinger la ha catalogado. Estamos en Nueva York, en el año 1926, donde un joven Atomic Robo ve perturbado su estudio por dos extravagantes individuos, H.P.Lovecraft y Charles Fort, que dicen ser antiguos compañeros de su padre y creador, el científico Nikola Tesla, junto al cual combatieron en el pasado a un extraño y terrible ser hiperdimensional que amenazaba a toda la existencia conocida y que surgió en el área de Tunguska -una zona de Rusia en la Siberia en la que precisamente en 1908 se produjo una fuerte explosión de origen desconocido similar a la detonación de un arma termonuclear y que aún hoy sigue siendo un misterio-. Ahora la criatura ha vuelto, más peligrosa que antaño, y el único que puede hacerle frente con cierta garantía de éxito es nuestro Atomic Robo. Este nuevo reto pondrá a prueba su ingenio y su paciencia, marcándole para el resto de su vida, pero con la ayuda de sus dos nuevos amigos, de los Científicos de Acción de Tesladyne y del inestimable y siempre sorprendente Carl Sagan nada puede salir mal.

Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo es la prueba definitiva de la inventiva de sus creadores, Brian Clevinger y Scott Wegener, que han conseguido ofrecernos una obra diferente y estimulante llena de sutiles y atractivas referencias científicas, con una sugerente simbiosis casi erfecta entre historia y fantasía, aventuras en estado puro salpicadas de un humor inteligente y un sentido de la acción adrenalítica. Todo ello, en conjunto, construye los cimientos y el armazón de uno de los cómics más entretenidos y frescos del panorama actual. "Unos cuantos chistes malos, unos porrazos tontos, chorradas varias", como lo resume de forma más modesta el dibujante Scott Wegener que asegura que cuando se meten en un callejón sin salida Brian Clevinger y él lo arreglan "haciendo estallar todo por los aires" siguiendo el "estilo Jim Henson" que tan buenos resultados deja siempre. Declaraciones estas que encontramos en el apartado Unas Palabras de los Creadores donde los autores nos dejan sus reflexiones y opiniones en relación a su obra, como viene siendo costumbre desde el primer volumen de la serie editada en nuestro país por Norma Editorial. En este caso Brian Clevinger nos habla de su pasión, ya desde niño, por su atípico héroe: Carl Sagan; y Scott Wegener intenta "defenderse" de las críticas, a veces malintencionadas e injustas, que consideran Atomic Robo como una especie de "Hellboy light". La obra de Mike Mignola es una influencia a tener en cuenta para sus autores, eso es innegable, pero Atomic Robo tiene una identidad y un carácter propio, es un cómic más visceral y directo que apuesta sin complejos por la comedia como vehiculo para llegar al lector, alejándose así del tono tenebrista y la enrarecida atmósfera habitualmente presentes en las historias de Hellboy.


El presente arco argumental es, quizás, el más redondo de las historias que hemos podido leer sobre Atomic Robo hasta el momento, con un manejo estupendo de los clichés del género por parte de sus autores y con unos diálogos fluidos y divertidos especialmente inspirados.Los saltos temporales, casi siempre circunvalados dentro de nuestro pasado siglo XX, han sido algo recurrente en la serie pero en Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo están utilizados dentro una misma y única historia permitiéndonos conocer la evolución de Atomic Robo a lo largo de los años desde su más tierna juventud, a finales de los años 20, hasta su presente madurez, en la primera década del siglo XXI. A destacar las hilarantes apariciones estelares, ya mencionadas anteriormente, de un paranoico y excéntrico H.P. Lovecraft y de Charles Fort, históricamente fue un investigador estadounidense de sucesos paranormales al que el propio autor de Los Mitos de Cthulhu consideraba como uno de sus maestros, y también el simpático papel que juega Carl Sagan en la trama casi como el "sidekick" de nuestro metálico compañero. Homenajes estos que, como en anteriores aventuras, nos hacen esbozar una sonrisa de complicidad. La fórmula funciona y Brian Clevinger y Scott Wegener, con la destacada ayuda de Ronda Pattinson encargándose del color de la serie, la van perfeccionado número a número sin perder, de momento, ni una pizca de la adictiva frescura de la propuesta auspiciada por la editorial estadounidense Red 5 Comics.

Como no podía ser de otra manera en este tomo, siguiendo la línea propuesta de los anteriores volúmenes editados por Norma Editorial, encontraremos algunas historias cortas del personaje entre los extras que como es costumbre están guionizadas por el propio Brian Clevinger y dibujadas en su mayoría por diferentes artistas invitados. En primer lugar tenemos un relato dibujado por Rick Woodall titulado La Huida donde Atomic Robo tendrá que intentar convencer al Dr. Levinson de que la plataforma voladora de su creación resulta realmente inestable y peligrosa. En Érase una vez en México volvemos a encararnos con otra historia cuyo protagonista, esta vez de forma más indirecta, es Jenkins, el compañero de aventuras de Atomic Robo cuya personalidad cada vez más parece inspirarse en la mitología popular que circula en internet sobre Chuck Norris pues, aparentemente, resulta tan letal como éste. En el apartado gráfico repite un Lauren Pettapiece que presenta un dibujo plano y sin matices muy parecido al que un niño de diez años podría conseguir con un poco de esfuerzo. Y, finalmente, en El demonio de Yonkers recuperamos al dúo estrella de Brian Clevinger y Scott Wegener para contarnos una breve historia sobre la lucha que mantiene Atomic Robo con un regordete enviado de las tinieblas en una fábrica abandonada del mencionado barrio de Nueva York. La edición de Norma Editorial se completa esta vez con una serie de bocetos de Scott Wegener y el texto incompleto, a modo de publicación periodística, Tesladyne: Al Otro lado del Mañana, con el subtítulo de Dos Días Con los Hombres, las Mujeres y el Robot Que Están Construyendo Nuestro Futuro por Dalton Nichols.

A los aficionados que les convenció lo que ya descubrieron en los dos primeros tomos de la serie este Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo no les defraudará, habiéndonos ya demostrado sus autores lo que puede dar de sí su "fanta-científica" creación y los buenos ratos que puede hacernos pasar sólo nos queda sentarnos, leer y disfrutar. Atomic Robo es una lectura ligera y ágil pero no exenta de matices, con un trasfondo histórico-cultural muy atractivo, que incluso puede resultar didáctico si el lector tiene interés que así lo sea, pero que ante todo es una diversión sin complejos que, poco a poco, va alcanzando su solidez argumental. Según sus autores la cuestión no es "que Atomic Robo sea una serie asombrosa que le guste a todo el mundo" sino que resulta "un alivio si se la compara con lo que hay por ahí". Su ambientación pulp y su tono desenfadado, emparentado con obras como el Tom Strong de Alan Moore o el Invencible de Robert Kirkman y Ryan Ottley, suponen una bocanada de aire fresco que esperemos se mantenga durante mucho tiempo incorruptible a las influencias de medio y al posible cansancio mental de sus autores. Para confirmar la buena salud de la serie tendremos que esperar a que Norma Editorial publique su siguiente recopilatorio, Atomic Robo and Other Strangeness (algo así como Atomic Robo y Otras Extravagancias), aunque para abrir boca podemos leer mientras tanto en la web de Norma Editorial la historia corta Por qué Atomic Robo Odia A Dr. Dinosaur que resulta una muestra perfecta de la esencia autoparódica de la serie, de su excepcional sentido de la acción y de la carismática propuesta de sus autores. Buscad, comparad, y si encontráis algo mejor, compradlo.

Ver también:
Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne
Atomic Robo y Los Perros de la Guerra

24 de febrero de 2011

Cine Om -TRON: Legacy de Joseph Kosinski-


En 1982 se estrenó Tron, la película costó una fortuna a Disney, superando con creces el presupuesto medio de la época. Lamentablemente el público no respondió y no fue un éxito en la taquilla. Con el paso de los años llegó a convertirse en una película de culto en los círculos afines a la ciencia ficción. Lo que es innegable es que el film supuso una revolución en la historia del cine al convertirse en el primer largometraje en incluir secuencias infográficas de forma exhaustiva. Veintiocho años después llega TRON: Legacy, concebida como la secuela de la película de 1982. Ha sido producida por el director y escritor de la película original, Steven Lisberger. Por su parte, Joseph Kosinski ha sabido mostrar buen hacer en su ópera prima como director. TRON: Legacy nos ofrece una actualización espectacular del universo digital creado hace ya casi tres décadas.



Kevin Flynn, programador de videojuegos, lleva preso más de veinte años en el mundo virtual que él mismo diseñó en los años ochenta. En el mundo real, su hijo Sam Flynn desconoce el paradero de su padre. Heredero del imperio ENCOM, vive al margen de la empresa, incluso se dedica a sabotearla de vez en cuando. Pero todo cambia cuando el antiguo compañero de aventuras de su padre, Alan Bradley, recibe en su antiguo busca un mensaje de Flynn. En ese corto texto el padre de Sam da señales de vida y lo insta a investigar en su antiguo salón de recreativos. Sam es transportado al universo creado por su padre. Allí conocerá a Clu, una copia virtual de su padre, un ser creado con buenas intenciones, pero que en su afán de buscar la perfección se convierte en un temible villano que tiene sometido a ese misterioso mundo virtual. Flynn vive como un ermitaño de lujo fuera de las fronteras de la ciudad virtual. Convertido en una especie de Obi Wan Kenobi, goza de la compañía de la bella Quorra y lleva una existencia ascética influenciado por la filosofía Zen.



Quorra es la última de los isos, unos seres especiales surgidos misteriosamente en el sistema. No son obra humana como los demás programas que pueblan el mundo digital. Flynn no comprende de dónde han salido, pero estos isos le hacen ver que ese mundo virtual creado por el hombre no es comparable al mundo real. Esos isos no son creados por el hombre, sino por un ser superior que se escapa a la comprensión humana. Quizá por eso Clu se dedicó a exterminarlos a todos de su ordenado mundo virtual, porque de alguna forma ellos no encajaban allí. Todos perecieron salvo Quorra. Ella representa la inocencia de un ser que no ha conocido el mundo real, pero al mismo tiempo es capaz de amar la belleza de los libros y sueña con las novelas de Julio Verne. Anhela poder ver la luz del sol porque percibe que hay algo más allá de esa prisión de neón virtual, el mundo real. Sam, su padre y Quorra intentarán alcanzar el portal que los transportará fuera de ese mundo de bits, pero antes deberán sortear multitud de obstáculos al tiempo que vivirán emocionantes aventuras.



Pese a las críticas que está recibiendo la película en referencia a su endeble guión, éste cumple con su cometido quizá con más eficacia que su predecesora. Las numerosas escenas de acción vienen perfectamente enlazadas por abundantes diálogos que intentan introducirnos en la historia. Si se profundiza mínimamente es posible encontrar numerosas referencias simbólicas y filosóficas, con moraleja incluida. Abundan los homenajes a películas como Star Wars, incluso guiños a Matrix. Hay un ambiente retro y ochentero que hará las delicias de los más nostálgicos. En el aspecto visual es impresionante, los paisajes, el diseño de producción, el vestuario; toda esa estética cyberpunk no deja indiferente. Por su parte, la banda sonora creada por el dueto frances Daft Punk hará las delicias de los amantes de la música electrónica y, sin lugar a dudas, se adapta a la perfección a la película en donde cobra por sí misma un marcado protagonismo. El rescate de los antiguos protagonistas interpretados por Jeff Bridges y Bruce Boxleitner es todo un acierto. Las interpretaciones son correctas, aunque Olivia Wilde y Jeff Bridges son los que más brillan en la pantalla. Si te gusta la música electrónica y la ciencia ficción, amenizadas con un poco de aventura y una historia entretenida, ésta es tu película.


Ver también:

18 de febrero de 2011

-Justicia de Jim Krueger, Alex Ross y Doug Braithwaite-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

 "Quiero que sepas, 
cuando la humanidad no muera en el día de hoy, 
que fue gracias a mí"

Alex Ross es el escultor de superhéroes, de los prodigios como los llamaba Kurt Busiek en Marvels -la obra donde coincidieron en 1994 ambos autores-, siendo tal vez, junto a Jim Lee, uno de los mejores "publicistas" del género superheróico. Su dibujo hiperrealista  representa una cierta corriente neoclasicista dentro del cómic con una manera de captar la épica del superhéroe, en cada uno de sus movimientos y poses, que le hace reconocible al instante. Todo ello estaba presente ya en Kingdom Come, su epopeya con los personajes de DC guionizada por Mark Waid, y ha seguido presente en todos sus trabajos desde entonces, como es el caso de Justicia, uno de sus últimos proyectos. Esta maxiserie de doce números, reeditada ahora por Planeta de Agostini en formato bolsillo dentro de su sello Booket y donde también se ha publicado el Batman: Silencio de Jeph Loeb y Jim Lee, cuenta con Alex Ross colaborando en el argumento de la historia y en el apartado gráfico, secundado en este último por el inglés Doug Braithwaite, y con Jim Krueger al mando de los guiones. Justicia supone el enésimo enfrentamiento de la Liga de los Justicia contra una alianza imposible de sus peores adversarios, con Brainiac y Lex Luthor en primer fila, pero en esta ocasión, al contrario que otras veces, los villanos pretenden vencer a Superman, Batman, Wonder Woman y compañia en su propio terreno: salvando a la humanidad. En un mundo vuelto del revés los malos de la película reciben los aplausos de las masas mientras los héroes, impotentes y acorralados, no pueden hacer más que luchar por su vida mientras el implacable reloj del destino se acerca cada minuto que pasa a su terrible desenlace. "¿Podrán los héroes derrotar a los villanos más terribles del Universo DC?".

Justicia podría haber funcionado como un macroevento más del Universo DC, en la línea de Crisis Final o La Noche Más Oscura, pero la historia se sitúa fuera de continuidad aunque no se incluye dentro del sello Elsenworlds de la editorial al que normalmente son destinados este tipo de proyectos. Justicia es una obra que recuerda poderosamente, por su tono, su narración pausada y, por supuesto, por Alex Ross, a la mitificada Kingdom Come. Pero mientras esta se sitúa en un hipotético futuro, o en la Tierra-22 del antiguo multiverso de DC, Justicia se enmarca dentro de la conocida como Edad de Plata de la editorial. La historia tiene un inicio prometedor, resultando una vuelta de tuerca a los tan manidos encuentros multitudinarios entre héroes y villanos, con un Jim Krueger que consigue otorgar a todos los personajes su momento de gloria aunque, eso sí, sacrificando en el camino el ritmo de la narración. Como no podía ser de otra manera, a medida que avanza la trama, la interesante situación de partida se va diluyendo entre los clichés del género y el estupendo fresco en viñetas dibujado por Alex Ross y Doug Braithwaite. Sigue resultando una lectura amena y hasta cierto punto entretenida que puede convertirse en una buena introducción al Universo DC para los más neófitos, especialmente por no adscribirse a la continuidad regular de la editorial y por el tratamiento ligero que se aplica a la mayoría de personajes que aparecen en la obra, pero no tanto para los veteranos entre los que juega con desventaja al ser un relato algo manido que no aporta nada nuevo a lo ya conocido. Justicia tiene, por ejemplo, algún giro argumental bien llevado pero que no cogera ni mucho menos desprevenido a los lectores más avispados y recelosos.


El único sentido de ser de una obra como Justicia es recrearse en el trabajo de su dibujante y portadista estrella. Aunque en esta ocasión a Alex Ross le fue encomendado un escudero, Doug Braithwaite, para ayudarle con los plazos de entrega que suelen ser poco compatibles con el minucioso estilo tan característico que le ha hecho famoso. Doug Braithwaite consigue amoldarse al fotorealismo clásico del reputado dibujante mimetizándose por completo con este sin que podamos apreciar mayores diferencias con otros trabajos anteriores de Alex Ross ni vislumbrar aparentemente ninguna prueba palpable de la identidad artistica de su ayudante. Algo que el británico Doug Braithwaite ya hizo en uno de sus primeros trabajos en la industria estadounidense, a finales de los ochenta del pasado siglo, colaborando con Richard Chase en unos pocos números de la Doom Patrol de Grant Morrison. En este caso que nos atañe, el resultado del trabajo conjunto de ambos artistas es espectacular, consiguiendo distraernos lo suficiente para no reparar demasiado en los defectos de la historia creada por el propio Alex Ross y el guionista Jim Krueger (con quién también se ha asociado ya en el pasado el dibujante estadounidense). Pero la figura de Alex Ross es, a día de hoy, una sombra demasiado larga sobre cualquier proyecto en el que participa, independientemente de la calidad de este último, lo que asegura una gran promoción de la obra pero también marca decisivamente la historia obligando a los guionistas de turno a adaptarse siempre a él y no al revés lo cual acaba limitando las posibilidades de la obra de turno.     

La edición de Planeta de Agostini en bolsillo, después de haber editado la serie hace un tiempo en grapa en tamaño revista, es un nuevo intento de tantear el mercado en busca de otro tipo de lector diferente al habitual. La mayor ventaja de este formato es la obvia comodidad que supone poder disponer de la obra en cualquier momento y lugar y la mayor desventaja la posible perdida de calidad en el dibujo al tener que ajustarse a una edición más reducida lo que puede ser un handicap para algunas obras especialmente destacadas por su apartado gráfico y artístico como han sido precisamente las elegidas en este caso por Planeta de Agostini con Alex Ross y Jim Lee siendo el principal reclamo de Justicia y Silencio respectivamente. En todo caso la apuesta por el cómic de bolsillo no es algo nuevo, ya la propia Planeta de Agostini lo intentó en los últimos tiempos de Forum en el original sello 100 % Marvel, con obras como el destacable Daredevil de Kevin Smith y Joe Quesada, el Punisher gamberro de Garth Ennis y Steve Dillon o los inspirados primeros números de Ultimate Spider-man de Brian Michael Bendis y Mark Bagley. Más recientemente la colaboración entre Panini Cómics y Random House Mondadori ha promovido la aparición dentro del sello DeBolsillo de encarecidas ediciones como la adaptación de la obra La Torre Oscura de Stephen King por parte de Peter David y Jae Lee. Eso sin olvidar que el próximo mes de Febrero, la propia Random House Mondadori y también dentro de su sello DeBolsillo, publicará en nuestro país, en dos volúmenes, el Supreme de Alan Moore, Joe Bennet y Rick Veitch al completo. El tiempo dirá si las ediciones de bolsillo han llegado esta vez para quedarse o seguirán siendo simplemente una anécdota a pie de página en la historia editorial de nuestro país.


Volviendo a la obra en cuestión y resumiendo las impresiones que nos deja esta Justicia de Alex Ross y Jim Krueger la valoración final resulta un tanto agridulce. La idea funcionó, a grandes rasgos, con Kingdom Come y con un guionista con personalidad como Mark Waid, el cual supo sobreponerse a la influencia del desbordante trabajo de Alex Ross; contando además con la ventaja de ser una historia hasta cierto punto sorprendente y revolucionaría en el momento de su publicación allá por el año 1996. Funcionó aún mejor con Marvels donde Kurt Busiek, con esa sensibilidad tan personal suya que ha sabido imprimir en obras como Identidad Secreta junto a Stuart Immonen o Astrocity con Brent Anderson (y con el propio Alex Ross de portadista), con habilidad e ingenio supo encauzar la épica del dibujo del afamado artista en su beneficio transformándola en un lírico, realista y emotivo homenaje al conjunto de la historia marvelita de los años 40 hasta comienzos de los años 70 del siglo XX. Pero Jim Krueger no es Mark Waid ni Kurt Busiek y en Justicia se limita a dejarse llevar por la determinante personalidad de Alex Ross ofreciendo un resultado que se puede calificar de entretenido (en función de la exigencias del lector), con un ritmo narrativo algo deficitario aunque con ciertos momentos destacables, pero sin aportar mayores matices ni profundidad a la historia lo que lo convierte en un cómic simplemente correcto que no deja una huella perdurable en el lector. Un bonito retablo de cuidada factura en su arte que hará las delicias de los completistas y de los seguidores incondicionales de Alex Ross y su peculiar culto al panteón de superhéroes del Universo DC.

Ver también:
-Identidad Secreta de Kurt Busiek y Stuart Immonen- 



17 de febrero de 2011

-Atomic Robo y Los Perros de la Guerra de Brian Clevinger y Scott Wegener-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

 "Si tú hubieras perdido las piernas, 
yo estaría preocupado. Solo digo eso."


Atomic Robo y Los Perros de la Guerra es el segundo recopilatorio, con edición a cargo de Norma Editorial, de la interesante serie creada por el guionista Brian Clevinger y el dibujante Scott Wegener para Red 5 Comics y que en este caso prescinde de pequeños relatos autoconclusivos, como ocurría en Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne, para centrarse en un único arco argumental compuesto de cinco números y ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Es el año 1943 y el Barón Heinrich von Helsingard, un mad doctor nazi al que ya conocimos en los primeros números del primer volumen, y el general Otto Skorzeny, históricamente fue un ingeniero y coronel austríaco de la Alemania Nazi que era conocido entre los aliados como “El hombre más peligroso de Europa”, están consiguiendo frenar el avance de los aliados en Sicilia. El ejército alemán está desarrollando un supercañón con un poder altamente destructivo y con la ayuda de la Dra.Vanadis Valkyrie han logrado sus primeros éxitos para la creación de un terrorífico ejército de supersoldados robóticos genéticamente modificados (sospechosamente parecidos a los Reanimen del Invencible de Robert Kirkman y Ryan Ottley). Pero Atomic Robo ha llegado al campo de batalla dispuesto a inclinar la balanza y si es necesario a utilizarla como arma para golpear a sus enemigos allí donde más les duela. Sus peripecias le llevarán a formar equipo de forma eventual con la espía conocida como El Gorrión y con el soldado escocés James “Scottie” Milligan (personaje que supone un homenaje al abuelo de Scott Wegener que participó en la Segunda Guerra Mundial). Grandes dosis de acción, aventuras para dar y tomar, algo de ciencia ficción y desbordante humor en las nuevas hazañas del único robot del mundo conocido con “inteligencia automática” incorporada y patrocinado por Tesladyne y sus Científicos de Acción.

Después del prometedor debut que supuso Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne en la nueva miniserie del personaje, Atomic Robo y Los Perros de la Guerra, encontramos más de lo mismo, lo que en este caso no es poco pues se traduce en simple y llana diversión para todos los públicos. No obstante, de los tres tomos publicados hasta la fecha en nuestro país, este puede resultar el menos original de todos debido a un planteamiento que hemos podido ver en muchas otras publicaciones, en cómics, películas, novelas e incluso videojuegos. Historias que se centran en un momento histórico especialmente convulso y determinante de nuestra historia contemporánea como fue la Segunda Guerra Mundial y que aún hoy en día sigue ejerciendo una gran fascinación e influencia sobre muchos creadores y artistas. Pero, teniendo esto en cuenta, la gran virtud y acierto de Brian Clevinger y Scott Wegener es conseguir atraparnos con el enloquecido ritmo que imprimen a la trama y el humor desenfadado y directo con que adornan la historia que protagoniza su robótico personaje. Todo ello nos permite abstraernos de sus posibles defectos, de esa supuesta falta de originalidad temática en este caso, para quedarnos con la sensación de haber leído un cómic con una frescura y dinamismo pletórico que, por derecho propio, convierten a Atomic Robo en una de las revelaciones más interesantes de los últimos años. Tenemos ante nosotros un cómic que desprende verdadera energía positiva, algo muy raro en los tiempos que corren, con un cúmulo de “infinitas posibilidades esperándole”, como bien apunta el guionista Matt Fraction en la introducción del presente volumen de Norma Editorial.

En Atomic Robo y Los Perros de la Guerra encontraremos, como ya ocurría en el primer tomo de la serie, un gran surtido de extras en forma de relatos cortos que en su totalidad están guionizados por Brian Clevinger pero con un buen puñado de artistas invitados a los lápices. El primero de estos relatos, dibujado por James Nguyen, tiene por título Una Cita en Madrid y supone una especie de epílogo a la historia central del volumen pero también una constatación de que sus autores son unos verdaderos “empollones de historia” (como se autodenomina Scott Wegener a sí mismo y a su compañero). La breve historia se sitúa en 1974 en Madrid y supone el reencuentro de Otto Skorzeny y Atomic Robo años después de haber acabado la guerra. El auténtico Otto Skorzeny se retiró a España después de haber conseguido huir junto a un grupo de antiguos oficiales de las SS del campo de desnazificación en el que había sido recluido. Todo ello a pesar de haber sido declarado inocente de sus crímenes de guerra en los juicios de Núremberg. Moriría de cáncer a los 67 años de edad en Madrid, en el año 1975, uno antes de la fecha en la que se emplaza el relato. En la siguiente historia, Intoxicación Por Marisco, con Zack Finfrock encargándose del apartado gráfico, Atomic Robo se enfrentará a un crustáceo gigante en las playas de Clearwater en Florida ante la atenta mirada de unos sorprendidos bañistas. En el relato Lo Que Pasa En Egipto Se Queda En Egipto se continua una de las historias aparecidas en Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne y que nos dejó con un final bastante abierto y repentino, para la ocasión Derrick Fish es el elegido en este caso para sustituir a Scott Wegener.

También descubriremos en este volumen una historia sin título dibujada por Lauren Pettapiece y centrada de nuevo en el personaje secundario de Jenkins (el primer tomo recopilatorio ya incluía la historia El Superviviente). Jenkins, al que aquí se describe como alguien capaz de “encontrar seis formas de matar a un hombre sean cuales sean las circunstancias”, apenas ha sido utilizado por sus creadores en la serie regular pero es un personaje recurrente en este tipo de historias cortas. En Robo y Goliath, una historia en la que colaboran Joshua y Jonathan Ross, la acción se sitúa en los años 50 en Corea del Sur donde Atomic Robo se tendrá que enfrentar al robot gigante de turno. Y, finalmente, completando la colección de historias cortas encontramos el Atomic Robo Free Comic Book Day 2008, con Scott Wegener de nuevo a los lápices, en una historia situada en plena Guerra Fría y donde nuestro metálico héroe se verá obligado a ayudar al ejército de Estados Unidos para combatir los malvados planes del resentido científico ruso Ivan Koshchey -autodenominado Maestro del Átomo-. Este último relato es el mejor de todos los citados al recuperar al equipo habitual de Atomic Robo demostrando además, en comparación, lo mucho que aporta el dibujo de Scott Wegener a la serie. Los extras de la edición de Norma Editorial se ultiman con un texto ficticio atribuido a Nikola Tesla y titulado En Defensa del Robot Atómico, una curiosidad muy en la línea de los juegos metatextuales que suele utilizar Alan Moore en La Liga de los Caballeros Extraordinarios y otras obras suyas o, más recientemente, Gerard Way en su The Umbrella Academy.


En resumidas cuentas, Atomic Robo es una lectura que se devora en cuestión de minutos y, pese a soportar diversas relecturas, uno no puede más que lamentarse de la nueva adicción contraída por culpa de Brian Clevinger y Scott Wegener. Un cómic “de acción y aventuras en su máxima expresión”, como se puede leer en la contraportada del presente recopilatorio, que nos permite un respiro de tantas historias de superhéroes de hoy en día, oscuras y pretendidamente adultas, que parecen todas cortadas por un mismo patrón. De hecho, Brian Clevinger y Scott Wegener, declararon en una entrevista en exclusiva a Zona Negativa el pasado año (podéis leerla aquí) que Atomic Robo surgió como “una reacción contra ese tipo de narrativa” a la que calificaban como una odiosa tendencia. Lo cierto es que entre todas esas publicaciones Atomic Robo destaca por encima del resto, por méritos propios, sólo hay que ojearlo para darse cuenta. A ello contribuye también el fantástico trabajo realizado por Ronda Pattinson con el color de la serie y por el cual fue nominada a los Premios Eisner de 2008 como Mejor Colorista junto a otra nominación para Atomic Robo en la categoría de Mejor Serie Limitada y que finalmente se acabaría llevando la ya mencionada The Umbrella Academy de Gerard Way y el “mignolizado” dibujante brasileño Gabriel Bá. A pesar de ello Atomic Robo ha llegado para quedarse, para patear culos nazis, para combatir a monstruos que parecen sacados de la cabeza del mismísimo H.P.Lovecraft, salvar periódicamente el mundo y, sobre todo, para hacernos pasar un buen rato.

Ver también:
Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne de Brian Clevinger y Scott Wegener
Atomic Robo: Entrevista a Brian Clevinger y Scott Wegener en Zona Negativa

10 de febrero de 2011

-Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. de Brian Michael Bendis y Alex Maleev-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Y si fuera yo; si fuera la persona 
más desequilibrada de la historia del universo. 
¿Qué haría entonces?"



Desde su llegada a la Casa de las Ideas, Brian Michael Bendis siempre había anhelado la posibilidad de escribir una serie regular de Spider-Woman pero hasta hace poco, el actual guionista emblema de Marvel, se había tenido que resignar simplemente a poder “jugar” con la conocida arácnida en las páginas de Los Nuevos Vengadores. Alias, una serie ideada en su momento para ser protagonizada por la heroína creada en 1977 por Archie Goodwin, Sal Buscema y Jim Mooney, tuvo que ser redifinida porque Marvel no estaba convencida por aquellos tiempos de los planes de Brian Michael Bendis para su arácnida estrella por lo que, junto al dibujante Michael Gaydos, creó un personaje de nuevo cuño para sus historias en dicha serie (aunque reservó un “cameo” especial para Jessica Drew en alguno de sus números). De aquella experiencia, como ya sabemos todos, nacería otra Jessica, Jessica Jones, un personaje con más de una similitud sospechosa con su homónima y que con el tiempo ha ido cobrando cierta relevancia dentro del Universo Marvel donde, a pesar de ello, suele jugar un rol casi siempre secundario en los cómics donde aparece. Pero después de haber revitalizado en gran medida la franquicia de Los Vengadores y haber demostrado su valía en Marvel decidieron, con posterioridad a los acontecimientos sucedidos en Invasión Secreta, darle una oportunidad a Brian Michael Bendis para hacer realidad su sueño. Después de realizar una primera toma de contacto con el personaje junto a Brian Reed en Spider-Woman: Origen se uniría a Alex Maleev, con quién Brian Michael Bendis ya había trabajado anteriormente en Daredevil, en la nueva serie de Jessica Drew que, por fin, se iba a convertir en una realidad después de tantos años de espera por parte de sus seguidores y del afamado guionista estadounidense.

El resultado, no obstante, no ha sido el esperado y la serie fue cancelada en Estados Unidos en su número siete convirtiéndose de esta manera en una breve miniserie autoconclusiva sobre la atormentada superheroína que en nuestro país ha sido publicada bajo el título de Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. por parte de Panini Cómics. Todavía se especula sobre si la cancelación de la serie se debió a las bajas ventas o a la apretada agenda de Alex Maleev como afirma el propio Brian Michael Bendis que se habría negado, con el beneplácito de Marvel, a continuar la historia con otro dibujante que no fuese su compañero de fátigas. Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. sigue narrativamente la estela de Alias llevando un paso más allá el arte de Alex Maleev, respecto a lo que habiamos visto en sus anteriores trabajos, convirtiéndose en una gran parte del verdadero interés y atractivo del cómic. La historia narrada por Brian Michael Bendis se sitúa después de los sucesos acaecidos durante la ya mencionada Invasión Secreta y que afectaron especialmente al personaje de forma decisiva. Hemos de recordar que fue su imagen e identidad la que la Reina Skrull Veranke utilizó para infiltrarse dentro de la comunidad superheróica mientras ella era secuestrada, o más bien abducida, y puesta en animación suspendida junto a otros muchos héroes como Pájaro Burlón, Sue Storm o Rayo Negro. Ahora sus compañeros no pueden evitar recordar el dolor que han padecido cada vez que ven su cara y su disfraz aunque ella haya sido sólo una víctima más de las circunstancias. Todo esto, unido a su traumático pasado y origen, hacen que Jessica Drew se haya empezado a considerarse a sí misma como “la persona más desequilibrada de la historia del universo”, incluso por encima de Lobezno que, según ella, ostentaba anteriormente dicho título. Pero S.W.O.R.D., subdivisión secreta de S.H.I.E.L.D., traducida en nuestro país como Departamento de Observación y Respuesta de Mundos Inteligentes, esta dispuesta a darle una oportunidad a Jessica Drew para redimirse y ejecutar su venganza contra los metamorfos skrull, muchos de los cuales aún perviven escondidos en nuestra sociedad esperando una nueva oportunidad para sembrar el caos en el mundo.

Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. recupera lo mejor de Brian Michael Bendis logrando una gran caracterización de su personaje fetiche y profundizando en la psicología de esta de manera acertada apostando, como no podía ser de otra manera, por un tono cercano al “género negro” que ya hemos visto en otras obras suyas como Powers, Jinx o Sam y Twitch. Spider-Woman se convierte así en un prototipo de personaje recurrente utilizado habitualmente por Brian Michael Bendis en este tipo de historias. Jessica Drew, junto a personajes como Jessica Jones o Deena Pilgrim, son féminas que se caracterizan por un carácter ambiguo y dualista que bascula entre su rudeza, seguridad y decisión y una cierta fragilidad sentimental y mental que desemboca habitualmente en una recurrente lucidez introspectiva fruto de la insatisfacción que suponen sus vidas. En esta ocasión este arquetipo también se encuentra presente pero debido al factor autoconclusivo de la historia y un uso menos agudizado del decompressive storytelling propio de su autor se convierte casi en una “pose teatral” algo exagerada. Podemos concluir de esta manera que este primer arco argumental, primero y último de la serie por el momento y que en principio debía resultar como apertura y presentación, es un fiel reflejo de los trabajos clásicos a los que nos tiene acostumbrado el guionista estadounidense. Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. es también una serie ligada a la actualidad Marvel donde resuenan los ecos del Reinado Oscuro de Norman Osborn, como pueden constatar los cameos y apariciones estelares en sus páginas de los Thunderbolts o Los Nuevos Vengadores.


 Pero si algo destaca especialmente en Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. es su apartado gráfico con un Alex Maleev verdaderamente inspirado que nos ofrece un trabajo casi cinematográfico, aunque más conservador que su etapa en Daredevil, con viñetas dotadas de un gran realismo y un dominio del color excelente que, al igual que en el caso de Alex Ross, muchos podrán verlo una cierta sensación de inmovilismo poco apropiada, sobre todo, para las escenas de acción. La modelo Jolynn Carpenter fue en este caso el referente del dibujante de origen bulgaro para crear su Spider-Woman. El trabajo de Alex Maleev fue además utilizado como base para que Marvel pudiese promocionar y experimentar con nuevos formatos digitales ofreciendo versiones animadas de algunas de sus obras más recientes: los llamados motion comics (el compañero Raúl López de Zona Negativa lo explica mejor aquí). En este punto el estilo de Alex Maleev parecía perfecto para la ocasión aunque también supuso un esfuerzo extra para el dibujante que, como ya hemos dicho, podría haber sido la causa definitiva para su salida del proyecto y posterior cancelación de la serie. En nuestro país los siete números que componen Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. han sido incluidos por Panini Cómics en un único tomo dentro de su línea 100% Marvel con todas las portadas originales y sus variantes, una pequeña pero útil introducción de Raimon Fonseca y el texto que Brian Michael Bendis escribió a modo de despedida y donde, como no, amenaza con regresar algún día a trastocar de nuevo la vida de su arácnida favorita. Spider-Woman: Agente de S.W.O.R.D. es, en definitiva, “un buen adelanto de una serie que ya no será”, una lectura agradable, sobre todo para aquellos interesados en el personaje, con un apartado gráfico y una narrativa con el reconocible sello de identidad de sus autores.


Ver también:
 -Spider-woman de Brian Michael Bendis, Brian Reed y Luna Brothers-