4 de agosto de 2011

-Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



“La justicia, como el rayo, al aparecer a pocos hombres afecta, pero todos la deben temer”
 

En 1959 Robert Kanigher y Ross Andru crearían para DC Comics la primera versión del llamado Escuadrón Suicida en The Brave and the Bold #25, una cuadrilla de soldados militantes de la Segunda Guerra Mundial que, pese a no tener superpoderes ni habilidades especiales, se enfrentaban y combatían a enemigos con poderes sobrehumanos. Casi treinta años después, en 1986, el guionista John Ostrander, tal vez con por la película Los Doce del Patíbulo de Robert Aldrich en mente, presentaría una nueva encarnación de este grupo que tenía la particularidad y novedad de estar formado por reputados supervillanos contratados como mercenarios por el gobierno de Estados Unidos para llevar a cabo misiones encubiertas que superhéroes como Batman, Green Lantern o Superman nunca se prestarían a llevar a cabo. Llegados a este punto no sorprenderá a nadie si decimos que las dos grandes editoriales estadounidenses, DC Comics y Marvel Comics, a lo largo de su historia han recogido influencias y tomado ideas y conceptos una de la otra, indistintamente, por lo que un planteamiento como el del Escuadrón Suicida no iba a ser menos. Tenemos que llegar a los años noventa para corroborar esto último, cuando dicha década estaba haciendo auténticos estragos en La Casa de las Ideas, por entonces la polémica saga mutante de Onslaugth había tenido consecuencias drásticas y algunas de las cabeceras más importantes de la editorial, las que reunían principalmente a los miembros de los Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos, habían sido reiniciadas y relegadas a “un universo de bolsillo”, como lo califica acertadamente Raimon Fonseca, bajo el sello de la propuesta Heroes Reborn, un renacimiento concebido por personalidades de la talla de Rob Liefeld y Jim Lee. Serían los héroes urbanos como Spider-man o Daredevil y otros como el Doctor Extraño, Hulk y los X-men quienes se librarían de ese mismo trato manteniéndose en la continuidad tradicional de la que habían sido expulsados sus compañeros. Ante el hueco dejado por los héroes desaparecidos un nuevo grupo estaba llamado a ocupar su espacio, los Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley, una nueva serie que cogió desprevenidos a los seguidores marvelitas presentando una serie de desconocidos personajes como eran Ciudadano V, Meteorito, Atlas, Mach-1, Pájaro Cantor y Tecno, cuyas primeras apariciones se producirían en The Incredible Hulk #449, a cargo de Peter David y Mike Deodato, y en Tales of the Marvel Universe para posteriormente pasar a narrar sus aventuras en su propia serie regular. Sería ya en el primer número de esta donde se descubriría el pastel, la gran sorpresa que hacía diferente a esta serie de las demás, los Thunderbolts eran en sí mismos una farsa y guardaban un oscuro secreto, detrás de sus identidades se encontraba realmente la última personificación del clan de supervillanos conocidos como los Amos del Mal liderados por el Barón Zemo y con Piedra Lunar, Goliath, Escarabajo, Mimí Aulladora y El Arreglador entre sus filas.

De esta manera, la versión marvelita del Escuadrón Suicida de John Ostrander tenía por objetivo aprovechar la muerte de los superhéroes a manos de Onslaught para ganarse la confianza de los ciudadanos y la opinión pública estadounidense y así conseguir acceder a los secretos de defensa y seguridad nacional del país como antes lo habían hecho Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos. El juego de dobles identidades, mentiras y traciones había empezado a echar sus primeras raíces. Los Thunderbolts, innegablemente, son personajes herederos de su tiempo, unos años noventa convulsos que muchos recuerdan con escepticismo, decepción e incluso horror. En los primeros números de los Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley podemos encontrar los mismos defectos que en cualquier serie de la época, la prevalencia de la forma por encima del contenido, personajes tecnificados hasta el absurdo y un cierto maniqueísmo simplista en sus historias, pero los autores de esta serie son en este caso concreto una garantía de calidad y eso se deja notar en la evolución de la serie y en el resultado final. Aunque en un principio Kurt Busiek, un guionista que por entonces ya se había ganado cierto prestigio en la industria con obras como la nostálgica Marvels, las entrañables Las Historias Jamás Contadas de Spider-man (que van pidiendo un recopilatorio a gritos) o la primera miniserie de la excelente Astrocity, intenta adecuar su narrativa a la moda noventera imperante subliminando en parte algunas de sus virtudes, como son su talento para la caracterización y el desarrollo de historias alejadas de los tópicos recurrentes del género superheroico, todo eso iría cambiando número a número. Kurt Busiek, con la inestimable ayuda de los lápices de Mark Bagley, cuyo último trabajo destacable en Marvel Comics ha sido junto a Brian Michael Bendis en Ultimate Spider-man, consigue hacerse con las riendas de la serie y retener nuestra atención sobre un grupo de personajes residuales y a priori poco llamativos, a excepción del Barón Zemo, dotándoles de un plástico carisma y un atractivo que muchos de ellos no tenían originalmente. A ello se une un solvente manejo del suspense en el que se mueven todo un popurrí de personalidades encontradas, mejorando la trama cada vez que la acción es más anecdótica en ella, y logrando convertir a los Thunderbolts en una obra de culto de los años noventa, junto al Masacre de Joe Kelly y Ed McGuiness, que ha perdurado en el imaginario de los aficionados marvelitas hasta la fecha.

Respecto a esto hay que destacar capítulos como Thunderbolts: Distant Rumblings, una especie de número cero presente en todas las colecciones de Marvel Comics en aquellas fechas donde se narraba mediante flashbacks sucesos fundacionales del Universo Marvel, o el annual Thunderbolts ´97, episodios en los cuales Kurt Busiek se adentra en el pasado de los personajes retratando sus ambiciones, emociones y aspiraciones de forma certera y precisa, recuperando ese toque personal que le ha hecho despuntar en el medio. El tema de la redención que marcará el devenir de la serie en el futuro de forma casi asfixiante empieza a hacerse presente y los Thunderbolts encuentran su propio camino y entidad después de una génesis casi modélica. Sobre esta base trabajaría posteriormente sus argumentos Fabian Nicieza, sucesor de Kurt Busiek en la serie, que se haría cargo de la colección profundizando en la premisa marcada por este, con un aire clásico que se acabaría por romper en tiempos presentes después de las secuelas dejadas por Civil War. Thunderbolts ha sido una serie que ha vivido muchos cambios y adaptaciones, pero la más importante posiblemente sea la que llevó a cabo Warren Ellis, junto al dibujante Mike Deodato, en su estancia en la cabecera cuando acercó un poco más el concepto de estos personajes al del Escuadrón Suicida de DC Comics y la oscuridad y el perfil psicológico de sus protagonistas, con caracteres tan extremos como los de Norman Osborn, el nuevo líder de estos delincuentes metidos a superhéroes durante esta etapa, Bullseye o Venom, se hizo mucho más punzante y opresiva. Por eso, este puede ser un buen momento para echar la vista atrás y recordar, o conocer por primera vez, como fueron los inicios de este atípico grupo de héroes/villanos y esa oportunidad nos la ha brindado recientemente la editorial Panini Cómics, que empeñada en traernos lo mejor de los noventa a través de su Colección Extra Superhéroes, nos ofrece ahora un tomo recopilatorio con los primeros doce números de la serie regular de Kurt Busiek y Mark Bagley así como el mencionado especial Thunderbolts: Distant Rumblings, con los lápices de un soprendente Steve Epting, el annual de los Thunderbolts de 1997 y la segunda aparición del grupo en Tales of The Marvel Universe. En definitiva, Thunderbolts es la serie que hay que leer para entender los tiempos presentes en los que el cómic superheroico parece haber perdido el norte y cada vez le cuesta más diferenciar a sus héroes de sus villanos, tiempos extraños y violentos, ecos de un pasado donde incluso algunos villanos parecían tener alma y aspiraban a su propia redención.