25 de agosto de 2011

-Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Si lo piensas detenidamente, todo tiene que ver con el juego limpio. Si la gente viviera según las reglas del juego limpio... mi gente... toda la gente tendría un trato más justo"


Introducción
En la esquina azul, con calzones blancos, desde Louisville, Kentucky… un auténtico genio del cuadrilátero y el campeón del pueblo… ¡Muhammad Ali! Y en la esquina roja, con capa y mallas azules, desde el planeta Kripton… Kal-el, que lucha como… ¡Superman! Como un auténtico espectáculo pugilístico, así presentaban en 1978 el veterano guionista Denny O´Neil y el excelso dibujante Neal Adams el mayor combate del siglo XX: Superman Vs. Muhammad Ali. Una obra heredera de su tiempo, los locos años setenta, una época en la que cualquier lector podía encontrarse con verdaderas extravagancias difícilmente repetibles en el panorama del cómic mainstream estadounidense moderno. Por entonces, era completamente normal encontrar publicaciones protagonizadas por ídolos musicales como Kiss o Alice Cooper, igual que lo sería la llegada de personajes clásicos de la literatura de terror como el Drácula de Bram Stoker a las páginas de los cómics marvelitas mientras en DC Comics el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle vivía nuevas aventuras junto a Batman, su aprendiz más aventajado, y se ponían en marcha los primeros crossovers superheroicos entre editoriales, como el ya mítico Superman vs. The Amazing Spider-man de Gerry Conway y Ross Andru , un precedente a tener en cuenta cuando se habla del Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams. En este panorama no resulta extraña, pese a que el propio Neal Adams desafíe “a cualquiera que dijera que podría haber predicho este proyecto”, una obra de este cariz, fruto de “una operación afortunada en un momento de bajada en picado de las ventas”, como bien apunta Álvaro Pons en La Cárcel de Papel, supeditando a ella cualquier valor artístico que pudiese atesorar dicha aventura. En aquellos años Muhammad Ali, nacido como Cassius Clay antes de su conversión al Islam, era una leyenda viva del deporte y una figura destacable del show business estadounidense, “el Superman negro”, como así lo llamaría el grupo británico Johnny Wakelin And The Kinshasa Band en la canción que dedicarían al popular boxeador en 1974 y que llevaba por título Black Superman. Por su lado, “el auténtico Superman”, se había convertido en todo un cuarentón, la creación inmortal de Jerry Siegel y Joe Shuster había madurado y estaba a punto de convertirse en todo un icono cinematográfico, volando de las viñetas de los cómics al glamour de Hollywood, todo a consecuencia del inminente estreno de la película dirigida por Richard Donner y protagonizada por el fallecido Christopher Reeve. Era cuestión de tiempo que los destinos de ambos personajes se acabasen cruzando, de una manera u otra, pues no hay que olvidar que estamos también en el naciente mundo contemporáneo del marketing y la publicidad, instrumentos que se habían profesionalizado en los últimos años y en los que la creatividad empezaba a jugar un peso importante a la hora de acercar un determinado producto a los consumidores. Por separado, Superman y Muhammad Ali eran dos grandes marcas, pero juntos eran algo más, eran los mejores.

Historia y Análisis

Las casualidades no existen. No puede ser una simple cuestión de azar que en 1978, el mismo año en que se estrenaba la mencionada película Superman de Richard Donner, un par de experimentados y curtidos autores de la talla Denny O´Neil y Neal Adams presentasen un cómic como Superman Vs. Muhammad Ali. Una obra concebida a mayor gloria de dos de los iconos más representativos de la América de los setenta que desde DC Comics tratarían con toda la fanfarria y lujo que merecía la ocasión, auspiciando una maniobra comercial que les llevaría a publicar una edición en gran formato de dicho cómic, como ya se había hecho con la pionera Superman vs. The Amazing Spider-man de Gerry Conway y Ross Andru , lo cual no paso desapercibido en la prensa de la época que lo vivió como todo un acontecimiento. En este aspecto tuvo mucho que ver, como relata la editora Jenette Kahn, una figura como Don King, el famoso y extravagante promotor pugilístico que “tenía el corazón de un estafador y la imaginación de un visionario”, organizador de algunos de los combates más recordados de Muhammad Ali contra rivales de renombre como George Foreman y Joe Frazier. Este peculiar personaje, inspirado por el éxito de ese Superman Vs. The Amazing Spider-man, promocionado como The Battle of the Century y en el que también habían colaborado el mismo Neal Adams y John Romita Sr., había sabido ver la posibilidad de seguir rentabilizando la fama de Muhammad Ali más allá de los cuadriláteros, pues no podía haber mejor reclamo publicitario que la de ver al héroe del pueblo enfrentado a un “verdadero Hombre de Acero”. El proyecto sólo requería la aprobación del manager del boxeador, Herbert Muhammad, de su abogado Charles Lomax y del propio Muhammad Ali , cuando las condiciones del trato estuvieron claras finalmente accedieron a ello, todo lo demás, como se suele decir, es sólo historia. Contra todo pronóstico el Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams se ha convertido con el transcurrir de las décadas en todo un cómic de culto que ha sabido trascender las limitaciones impuestas por su género y finalidad originales para alzarse como un referente victorioso de un período en el cual todo parecía nuevo y fascinante, tanto en las viñetas, donde había un universo por explorar, como en el deporte, que definía a los héroes del mañana. Superman Vs. Muhammad Ali parte de una premisa muy simple, cuando Rat’Lar, el líder de una belicosa raza extraterrestre llamada Scrubb y originaria del planeta Bodace, declara a la humanidad una especie peligrosa y destructiva que debe perecer para salvaguardar la integridad del universo. Pero, para evitar la confrontación bélica Rat’Lar propone a la Tierra que escojan a su campeón para enfrentarse y medir sus fuerzas al invicto guerrero Hun-ya, sólo si este es derrotado en un combate en igualdad de condiciones los Scrubb desistirán de sus intenciones y renunciarán a la guerra. Dos son los únicos pretendientes que aceptan el desafío, el altruista y luchador por la libertades Superman y el ególatra campeón de los pesos pesados Muhammad Ali que están dispuestos a enfrentarse en un combate previo para dilucidar quién de ellos debe batirse para representar a la Tierra y liberarla de su fatídico destino.



Con este argumento, planteado por Denny O´Neil y Neal Adams aunque desarrollado en más extensión por este último, tenemos un cómic marcado por la acción y por las constantes vueltas de tuerca pero, sobre todo, por la espectacular narrativa gráfica desplegada por uno de los grandes artistas del cómic superheroico estadounidense que resulta todo un uppercut directo a la creatividad. Este aspecto convierte a Superman Vs. Muhammad Ali en todo un clásico, en un cómic referencial, son los lápices de Neal Adams los que consiguen esconder las debilidades argumentales de una historia marcada por una sarta de tópicos recurrentes del género superheroico y convertir el resultado final en un potente gancho visual muy difícil de olvidar. Superman Vs. Muhammad Ali es un producto pensado y meditado para ser todo un acontecimiento pero “no sólo tenía que ser un entretenimiento épico sino que también debía explorar los ideales y las acciones que los habían convertido en héroes en todo el mundo”, como explica de nuevo Jenette Kahn, por lo que son patentes los intentos y esfuerzos de sus creadores para reflejar fielmente la filosofía y el carácter chulesco y bravucón del que siempre hizo ostentación Muhammad Ali. Este era un personaje de primera magnitud y repercusión mediática, un boxeador temible en el ring porque “flotaba como una mariposa y picaba como una abeja”, un símbolo que representaba la lucha del ciudadano afroamericano contra las desigualdades sociales y un hombre de principios que en 1967 había rechazado incorporarse al ejército estadounidense en su campaña en la Guerra de Vietnam habiendo sido por ello despojado durante cuatro años de su título de boxeo. El retrato que de él se haría en Superman Vs. Muhammad Ali sería bastante agraciado pero cercano a la realidad, dejando a un lado la idealización que en él se pueda encontrar fruto del género abordado, corriendo mejor suerte que el mismo Superman, un personaje plegado a las necesidades de la historia y rendido a las excelencias de su adversario, mentor y compañero. De hecho, podemos decir que Superman es en este cómic una mera excusa argumental destinada al mayor lucimiento de “la estrella invitada”, la realidad se impone a la ficción y el Hombre de Acero mimetiza el comportamiento de Muhammad Ali mostrándose tan altanero y desafiante como este y relegando gran parte del protagonismo que de otra manera atesoraría el famoso superhéroe para darle a “The Greatest” una mayor porción del pastel.

Nostalgia, Cuestiones Editoriales y Aficionados


El pasado año se publicaba en Estados Unidos una nueva edición del Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams, cosa que no ocurría desde hacía tres largas décadas, la nueva versión de este clásico ha sido conocida como Deluxe Edition. Este nuevo formato presenta una reducción de tamaño respecto a la edición original, un nuevo coloreado remasterizado y una portada retocada y ajustada por el propio Neal Adams a las necesidades editoriales. También están incluidos en ella una serie de extras entre los que destacan algunos bocetos del artista estadounidense y una explicación de la historia que encierra la mítica portada original de Superman Vs. Muhammad Ali en donde podemos entretenernos buscando a algunas celebridades, reales y de ficción, del mundo de la política, la televisión, el espectáculo y el cómic de los años setenta. Esta edición ha sido la escogida por Planeta DeAgostini para licenciar la obra en nuestro país, amoldando la edición estadounidense al formato absolute, en detrimento de la Facsimile Edition con las proporciones y la portada originales que seguramente habría disparado y encarecido el precio del producto. Esto último será un drama y un quebradero de cabeza para muchos aficionados que les incapacitará para poder disfrutar de esta reedición, algunos de ellos pondrán el grito en el cielo por el recoloreado de la obra, podría ser mejor pero también peor, otros por la reducción de formato respecto al cómic original, demostrando su poca fe en el trabajo de Neal Adams al asumir que esa brutal ofensa supone una merma de la calidad de sus lápices, mientras otros maldecirán el hecho de que la portada de la edición escogida por Planeta DeAgostini este “mutilada” simplemente porque faltan unos milímetros para poder regocijarnos con el primer plano de la calva de Lex Luthor u observar en uno de los laterales, junto al histórico Joe Schuster, la presencia de los famosos y archiconocidos por estos lares Bert Wasserman, Jay Emmett o Joe Namath. Vaya por delante, como comentábamos más arriba, que en la presente edición podemos encontrar entre sus extras la portada original reproducida íntegramente y con un esquema completo y detallado, con nombres y apellidos, de los rostros populares y personajes de ficción que Neal Adams retrató en ella en los años setenta. No obstante, las quejas son inevitables, tanto que a veces uno diría que hay un porcentaje bastante elevado de aficionados que nunca compran ni leen cómics ya que es imposible que encuentren una edición a su gusto, es decir, personalizada. Muchas veces las ediciones son mejorables, nadie dice que no pueda ser el caso de este Superman Vs. Muhammad Ali, pero parecemos olvidar que lo importante es nuestra pasión por leer cómics y no sólo por atesorarlos como una reliquia sagrada en una estantería. Muchos pueden acabar hastiados de tanto elitismo que provoca que, más veces de las que debería, estemos más preocupados de hablar de formatos y decisiones editoriales polémicas que de las virtudes y defectos del cómic de turno y de intercambiar opiniones e impresiones sobre el mismo.


Nos quejamos, no sin falta de razón, cuando las editoriales nos avasallan con ediciones de auténtico lujo y a precios indecentes y desorbitados que hacen a estas obras sólo sean accesibles para unos pocos y agraciados elegidos pero, indirectamente, es lo que muchas veces les estamos pidiendo con nuestra actitud puntillosa. En este caso en concreto, todos los cambios que podemos observar en Superman Vs. Muhammad Ali han sido aceptados, cuando no auspiciados, por sus autores responsables como bien deja entrever Neal Adams en la introducción del tomo donde afirma, bastante henchido de orgullo, que cualquiera que piense que “puede borrar la sonrisa que me provoca la reedición de este cómic, anda muy equivocado” para acabar declarando que “los cómics son un gran negocio al que dedicarse”. Estas declaraciones hacen referencia a la edición Deluxe Edition estadounidense, que difiere en algunas cosas de la presentada por Planeta DeAgostini en nuestro país, pero Neal Adams no se escandalizaría viendo la presente edición ni evitaría firmársela a nadie en el Salón del Cómic de Barcelona. Los autores siempre quieren ver sus obras en el mercado porque es lo lógico y normal. Deberíamos empezar a entender que las ediciones personalizadas no existen y que los cómics se editan para todo el mundo, el cómic es un arte pero también es un negocio como bien defiende Neal Adams, se produce en serie como los automóviles, los autores cobran por su arte y aspiran a vivir de él y que la gente pueda disfrutarlo. El cómic, al igual que el cine o la literatura, está sujeto a los siempre injustos devenires comerciales y a la particularidad intrínseca que lo convierte en un tipo de representación artística que pretende ser accesible a las masas pero, en cambio, parecemos más intransigentes con las maniobras editoriales aplicadas a él que las que vemos a diario obras de carácter cinematográfico o literarias. Disfrutemos de los cómics porque valen la pena y exigamos ediciones dignas pero no pidamos piezas de relojería, la nostalgia no es un camino a la objetividad y la industria del cómic evoluciona y cambia como cualquier otro medio. Este Superman Vs. Muhammad Ali de Denny O´Neil y Neal Adams es un cómic que puede sorprendernos pero debemos estar abiertos a esa posibilidad.