31 de agosto de 2011

-Bunsen de Jorge Pinto-



-Publicado Previamente en Zona Negativa-

“¿Si encendemos una máquina de improbabilidad cuántica, no podríamos alterar el curso natural del universo?”

Introducción 

El concepto de webcómic es todavía a día de hoy algo difuso y complejo de analizar, un medio que pugna por alcanzar la madurez lleno de ramificaciones y posibilidades cuya libertad y potencial es un aliciente para una gran variedad de autores, con más o menos formación artística, que a su vez tienen formas muy diversas de enfocar sus obras y proyectos. En muchos casos hay aún una cierta tendencia a vislumbrar la publicación en internet como un paso previo al salto al soporte material, el papel y recopilatorio de toda la vida, pero también hay determinados autores, tal vez algunos menos, que no piensan más allá de la “virtualidad” de su obra y que ven el origen y el final de su trabajo en la labor que llevan a cabo en internet sin importarles ese posible mercado del “mundo real”. Estos autores siguen publicando sus trabajos de forma gratuita en la red, al amparo y promoción de las hoy todopoderosas redes sociales, desarrollando sistemas para rentabilizar su esfuerzo y dedicación mediante ingresos en publicidad, merchandising u otro tipo de alicientes que consigan fidelizar a su público. Respecto a esto es interesante mencionar la propuesta que representa un webcómic como Bunsen, “un cómic de ciencia y chocolate” del autor mexicano Jorge Pinto, ilustrador y diseñador freelance que también se ha hecho un hueco en la dirección de arte publicitario y ha trabajado en el desarrollo de software y contenido digital. Bunsen, de la que Jorge Pinto realiza varias tiras cómicas semanales, es un webcómic protagonizado por un par de científicos cuarentones de la Universidad Autónoma de México: el físico y matemático Dr. Adel Ortega y el químico orgánico Dr. Víctor Arroyo; un par de inadaptados sociales, unos geeks y nerds entregados a los designios de la ciencia que se entretienen “martirizando” a sus animales de laboratorio: el ratón maníaco-depresivo Órvil, la idealista emplumada Diana y Niko y su peculiar padre, un par de monos con unas vidas muy humanas.

Bunsen: Una Obra Dinámica

Bunsen es un webcómic orgulloso de serlo que utiliza como trasfondo el mundo de la tecnología y la ciencia, una de las mayores aficiones e intereses de su creador, Jorge Pinto, pero eso, ni mucho menos, provoca que la obra deje der ser accesible a todo el mundo ya que en ella no se manejan complejos algoritmos, ecuaciones o cuestiones científicas de gran magnitud. Podéis respirar tranquilos pues no vais a necesitar desempolvar vuestros conocimientos matemáticos ni refrescar la tabla periódica de elementos para comprender los gags de Bunsen. Más bien al contrario, la ciencia es en Bunsen una excusa para acercarnos a otros temas en los que encontraremos inevitablemente “referencias forzadas a la cultura popular de los 80″, un sentido del humor inteligente y adictivo no carente de ironía así como unos personajes entrañables y carismáticos con los que es fácil empatizar en todo momento. Jorge Pinto define a su creación como una obra dinámica “inmediata e independiente de las limitaciones físicas tradicionales”, un cómic digital en su formato y en su filosofía planteado como “un experimento de comunicación y distribución” (pero esto es algo que contará mejor él mismo en la entrevista que podéis localizar más abajo).

Todo esto encaja con un webcómic en el cual el color amarillo de la piel de sus personajes protagonistas nos recuerda forzosamente a Los Simpsons de Matt Groening y donde Jorge Pinto nos presenta un exquisito apartado gráfico trabajado desde photoshop que, pese a tener como referentes obras como el Peanuts de Charles M. Schulz, la Mafalda de Quino o el Calvin & Hobbes de Bill Watterson consigue separarse totalmente de estos para hallar su propio camino y desarrollar su particular personalidad. Bunsen, como la serie televisiva estadounidense The Big Bang Theory de Chuck Lorre, centra su atención en sus personajes siendo la ciencia y la tecnología un elemento muchas veces anecdótico que sirve como vehículo al humor de la serie, igual que el tratamiento de la cultura popular que en la obra de Jorge Pinto esta bastante diversificado y admite todo tipo de referencias, desde programas de televisión como House o Dr. Who, pasando por videojuegos como Super Mario Bros., World of Warcraft o el ancestral Pacman o películas como la saga Star Wars, Harry Potter o Transformers. No faltan en Bunsen homenajes, dedicatorias y guiños a eminentes miembros del “club científico” como Charles Darwin, Thomas Alva Edison o Carl Sagan ni a escritores de ciencia ficción como Douglas Adams, el autor de la saga que conforma la Guía del Autoestopista Galáctico.



Bunsen se distribuye en un conjunto de tiras cómicas que Jorge Pinto lleva publicando desde 2007 en internet y cuya idea asaltó a su autor en su estancia en Barcelona ese mismo año cuando estudiaba dirección de arte en dicha ciudad por lo que, como él mismo comenta, se podría decir que su obra “es un producto catalán después nacionalizado mexicano”. En sus tiras cómicas Jorge Pinto centra su atención en las relaciones sociales de sus personajes, muchas veces reconocidos como geeks y nerds que hacen gala de sus frustraciones y desavenencias con el mundo actual y real del que suelen refugiarse en su trabajo, en la tecnología y en las redes sociales. Los gags de la serie suelen basarse por ello en hechos cotidianos y habituales, con alguna pequeña trama cercana a la ciencia ficción, y muchos de ellos tienen como protagonistas a los animales de laboratorio y sus habituales reividincaciones sobre su identidad y dignidad. En conjunto, el Bunsen de Jorge Pinto es un recomendable webcómic divertido y lleno de ideas, con un apartado gráfico muy sencillo y atractivo capaz de arrancarnos una sonrisa y hacernos el día a día un poco más llevadero. Como diría el Atomic Robo de Brian Clevinger y Scott Wegener: “Mantengan la calma y confíen en la ciencia” y no olviden, como nos demuestra Bunsen y Jorge Pinto, que también puede ser divertida.

Zona Negativa Entrevista a Jorge Pinto

Zona Negativa.- ¿Hay recopilatorio en papel en tu país de Bunsen? ¿Has recibido alguna oferta o has pensado en autoeditarte?


Jorge Pinto.- No hay libro y no creo que lo haya durante un buen tiempo. Bunsen nació como un experimento de comunicación y distribución. Mi cómic es digital desde el principio, no sólo en cuanto a formato, sino en filosofía. Esto significa que aunque no descarto la posibilidad de imprimirlo en papel algún día, todos mis esfuerzos se enfocan a mejorar la distribución digital.
Cuando terminé la “primera temporada” del cómic, puse a la venta una serie de memorias USB en forma de los personajes (las mandamos a hacer en una impresora 3D, fue un proceso interesantísimo) que incluían los cómics en formato navegable y en versión de alta resolución para que cualquiera pudiera imprimir en casa sus tiras favoritas.
Recientemente saqué a la venta una aplicación para teléfonos móviles que permite leer los comics, compartirlos y guardarlos, pero que además tiene un sistema de navegación hecho a la medida y con contenido extra. Esta aplicación, por ejemplo, permite al lector “entrar” al laboratorio de Bunsen, moverse dentro de él y descubrir pasajes secretos. Tiene acceso a todos los cómics publicados, arte, música original, un mini-juego y cuesta 10 veces menos que un libro común.
Para mí, eso es Bunsen: no se trata de imagenes estáticas en un papel, sino que es una obra dinámica, inmediata e independiente de las limitaciones físicas tradicionales.
Aún así, he recibido un par de propuestas de imprimirlo en papel y las he considerado muy seriamente. Pero al final hubiera tenido que dejar mucho del control creativo y logístico en manos de otras personas. Prefiero vender lo que hago directamente a mis lectores; así el producto es más honesto, más barato y me produce mayores beneficios tanto personales como económicos.


ZN.- ¿De qué manera trabajas tus tiras? ¿Dónde encuentras la inspiración?

JP.- Me siento cada mañana frente a mi editor de texto hasta que sale un guión. Una vez que sale, lo dibujo de inmediato para publicar la tira antes del medio día. No tengo tiempo o paciencia para esperar a que llegue la inspiración, así que la obligo a salir cada mañana con fuerza de voluntad y café: no me alejo del ordenador hasta que termine, aún si lo que sale no es el mejor cómic de mi vida.
La mayoría de las historias están inspiradas en lo que veo y leo de la gente con la que convivo: sus opiniones, motivaciones y frustraciones. Intento que dentro de toda la locura del cómic, siempre hable de algo muy real. Y si me topo con una pared creativa, me hago la pregunta: “¿Quién o qué te molesta en este momento?”. Cuando estás muy en contra o a favor de algo, es mucho más fácil encontrar tu voz y, por lo tanto, escribir cosas buenas. Por eso en muchas de las tiras parece que me estoy burlando de alguien o quejando de algo.
(Por cierto, cuando le hablo de esto a amigos artistas, no siempre es bien recibido. Hay una especie de mito interno en nuestra profesión por el que muchos creen que hacer arte significa salir a ver las nubes y estar en paz absoluta hasta que lleguen las musas. Pero tengo mucho trabajo y me aburro demasiado fácil como para eso).

ZN.- ¿Por qué un webcómic centrado en el mundo de la ciencia?

JP.- El mundo de la ciencia y tecnología es uno de mis mayores intereses. Para mí, los hombres y mujeres de ciencia son los verdaderos héroes; los verdaderos rockstars. Gracias a ellos, tenemos un nivel de vida tan alto (y quien diga que el mundo está cada vez peor y todo es sufrimiento, lo invito a imaginarse cómo estaban las cosas en la Edad Media, cuando la superstición y la ignorancia reinaban el mundo).
Cuando comparas las cosas que han logrado científicos en CERN, NASA o en la OMS, por dar algunos ejemplos, no queda más que preguntarte cómo es que los que cantan frente a un micrófono o patean una pelota acaban siendo los héroes y los millonarios.


ZN.- ¿Tenemos que tener fe en la ciencia?

JP.- En lo absoluto. La fe es ciega; es una trampa para los crédulos. No necesitamos fé en la ciencia, sólo confianza en ella.
Muchos detractores usan el argumento de que no podemos confiar en la ciencia porque está hecha por el hombre y el hombre se equivoca. Ese es un argumento falso. Que nuestra apreciación de la verdad pueda ser incorrecta no quiere decir que la verdad no exista y por lo tanto que no valga la pena buscarla. Hay personas que la llevan acabo erróneamente y situaciones en las que no podemos tener el control absoluto de la investigación (lo cual ha causado muchos errores en nombre de la ciencia: muchos de ellos fueron vergonzosos, como la frenología, y algunos fueron buenos intentos descartados, como el lamarckismo). Eso no quiere decir que el método científico no sea confiable. De todos los intentos para encontrar sistemáticamente la verdad que se han probado a lo largo de la historia, el método científico ha sido el más confiable, con diferencia.
En otras palabras, no debemos tener fe a la ciencia pero debemos confiar en el consenso científico: ese conocimiento que se ha ido formando a lo largo de los años, a través de generaciones de científicos (algunos equivocados y algunos con la razón) y que ha probado ser, una y otra vez y ante centenas de pruebas, lo más acercado a la “verdad” que podemos identificar con nuestra inteligencia limitada.
Y además de confianza, la ciencia requiere apoyo. Aún si no todos podemos dedicarnos a ella, en la población general podemos hacer toda la diferencia si apoyamos y defendemos lo que ha hecho la ciencia por nosotros. Entre menos paredes (sociales, “morales”, económicas) se topen los científicos, más fácil y rápido será el progreso del que nos beneficiemos todos.


ZN.- ¿Influencias en tu obra que puedas reconocer en público? ¿Cómo definirías el tipo de humor de Bunsen?

JP.- Mi mayor influencia viene de los grandes comediantes americanos. George Carlin, Dave Chapelle, Jerry Seinfeld y últimamente Louis CK y Tina Fey.
Conan O’Brien probablemente ha sido mi mayor influencia y quien me enseñó lo que significaba ser gracioso desde que soy niño, dado que él escribió los mayores capítulos clásicos de Los Simpson. Siempre he pensado que Los Simpson es para mi generación lo que los Beatles fue para la de mis padres: una obra que dejó una marca indeleble, que se coló a todo y que influye en el modo en el que vemos y entendemos nuestra propia cultura. Mis amigos y yo seguiremos haciendo citas y referencias a Los Simpson hasta que seamos viejos, del modo en que nuestros padres seguirán cantando Let it Be hasta el final.

De esas personas aprendí que el mejor modo de hacer comedia es ser sincero, evitar la pretensión y hablarle al público como le hablarías a una persona real, frente a ti. Con ellos aprendí mucho sobre la estructura, ritmo y composición de un chiste, que va muchísimo más allá del guionismo tradicional de cómics. La clave está en escribir cómics que no parezcan cómics, sino que sean simplemente un retrato fiel y bien comunicado de lo que estás pensando. Si lo lees en voz alta y no tiene el ritmo y la fuerza para hacer reír a la gente frente a ti, no es un buen cómic.


ZN.- ¿Eres un lector habitual de cómics? ¿Qué tipo de obras y autores se encuentran entre tus preferidos?

JP.- No lo soy. El 90% de mi tiempo de lectura se va a la literatura “convencional”. Al principio pensé que era extraño que me dedicara tanto a los cómics cuando en realidad ni siquiera soy un gran consumidor de estos, pero con el tiempo he conocido a muchos colegas comiqueros que me han confesado que tampoco son lectores habituales.
Claro que he leído cosas como Ghost World y Dark Knight Returns (aunque prefiero The Long Halloween). Hubo una temporada en la que me obsesioné con Jeffrey Brown después de leer Clumsy (que por cierto fue el mismo año que empecé Bunsen, y supongo que tuvo mucho que ver en su creación, aunque formal y conceptualmente no se parezcan en nada).

El año pasado tomé el primer número de Planetary y no paré hasta que los leí todos de golpe. Lo mismo me pasó con Y The Last Man y con los primeros 70 números de The Walking Dead.
Como mi mayor influencia viene de la literatura, busco ese tipo de experiencia en los cómics: tener a mi disposición una obra completa en la que me puedo meter de lleno. Por eso prefiero esperar a tener todo Planetary, por ejemplo, a leerlo en partes poco a poco. Estar a la merced del contenido episódico es una de las razones por las que nunca me volví demasiado asiduo al cómic.
Con tiras cómicas es otra historia. Peanuts y Calvin & Hobbes son parte muy importante de mi vida. Son el tipo de obras que sólo de pensar en ellas me ponen de buen humor. Pero no me gusta abusar de lo bueno; no los leo seguido. De hecho tengo toda la colección de Calvin & Hobbes (pesa como 20 kilos), pero sólo he leído una tercera parte de las tiras, porque quiero que me duren durante muchos años. Quiero poder tener nuevos Calvin & Hobbes para leer y descubrir durante años.


ZN.- ¿Qué piensas del fenómeno webcómic?

JP.- Entre los webcómics hay muchas joyas y mucha basura. Eso es lo que me emociona tanto. Antes tenías que dedicar años a una carrera política y complacer a los amigos indicados para que te abrieran la puerta de una editorial. Prefiero una industria en la que un niño de secundaria puede publicar sus ideas en el mismo medio que un ganador del Premio Eisner. Cierto, muchas veces esa publicación será terrible y nadie querrá leerla, pero de vez en cuando saldrán verdaderas ideas nuevas que cambien lo que podemos hacer con los cómics.

Mientras que las editoriales tradicionales siguen sacando a los mismos superhéroes y tiras de Garfield de toda la vida, en el mundo de los webcómics podemos experimentar con nuevas historias, personajes y medios de distribución progresivos. En el arte, como en la ciencia, el progreso es lo más importante.

ZN.- ¿Crees que el futuro del cómic se encuentra en internet?

JP.- El presente del cómic se encuentra en internet. Internet no es una cosa del futuro, no es algo que haya llegado y tengamos que adoptar (eso ya pasó en los noventa). Ve cómo están volviéndose locas las casas de cómics sacando aplicaciones para iPad, o como las editoriales se están peleando para entrar al mercado en Kindle. Siempre habrá literatura (incluyendo cómics) en papel para los que prefieran ese medio, pero irá perdiendo fuerza a comparación de los medios digitales. Una prueba de esto es que amazon.com desde hace unos meses ya vende más copias de libros digitales que de papel. El cambio ya sucedió. No es algo que tengamos que discutir todavía – y créeme, hay quien lo sigue haciendo, defendiendo al papel como si fuera sagrado, olvidando que lo importante de la literatura es el contenido, no el material en el que esté plasmada. Sólo hace falta un poco de tiempo para que esta tendencia se haga presente en otros países e industrias.

ZN.- ¿Queda Bunsen para rato?

Bastante. Mi plan es publicarlo durante seis años más (para un total de 10 años, como Calvin & Hobbes). Conforme pasa el tiempo disfruto más hacer el cómic y es más fácil para mí, ya sea porque encontré el mejor modo de comunicar lo que quiero o por pura práctica, así que no lo dejaría antes.
Pero nunca me atrevería a sacarlo más tiempo del que sea necesario. Ve a los Simpsons: los últimos 10 años han sacado vergüenzas que no tienen nada que ver con la genialidad de su primera década. Prefiero terminar las cosas cuando aún me emocionen y poder pasar a otras y probar algo nuevo. No sé qué habrá después, pero sé que no será un cómic. Hay muchos otros medios con los que me gustaría aprender y experimentar.


Ver también:

-Webcómic online de Bunsen de Jorge Pinto
-Muestra de ilustraciones y diseños de Jorge Pinto
-Información de talleres y conferencias sobre creatividad y medios digitales impartidos por Jorge Pinto