8 de julio de 2011

-Freefall de Mark Stanley-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



“¡Si hay un problema y la duda te apabulla, corre en círculos, grita, chilla y aúlla!”
 
El fenómeno que hoy conocemos como webcómic empezó a pegar con fuerza a finales de los años noventa y tuvo en Scott McCloud, guionista, ensayista y teórico del mundo del cómic a partes iguales, a uno de sus mayores defensores y abanderados, una moda que él mismo analizó en su destacada La Revolución de los Cómics, la polémica secuela de su obra magna Entender el Cómic. El propio Scott McCloud ha colaborado y puesto en práctica las posibilidades reales del webcómic con experimentos como The Right Number, un webcómic sobre “matemáticas, sexo, obsesiones y números de teléfono” con un ingenioso diseño, o Zot! Online: Hearts & Minds, un capítulo especial de su historieta más conocida, y también ha puesto en marcha de eventos como el 24 Hour Comics Day en el que han participado reconocidos autores de la talla de Dave Sim, Stephen R. Bissette, Rick Veitch o Neil Gaiman. Esta publicidad, sin duda, ha facilitado y propiciado en las dos últimas décadas la aparición en internet de propuestas de todo tipo relacionadas con el webcómic de las que podemos citar, remitiéndonos ahora y exclusivamente a obras publicadas en habla inglesa, el Sluggy Freelance de Pete Abrams, el Penny Arcade de Jerry Holkins y Mike Krahulik, Megatokyo de Fred Gallagher, Ctrl+Alt+Del de Tim Buckley o Freefall de Mark Stanley. Este último se empezó a publicar en el año 1998 lo que lo convierte en uno de los webcómics más veteranos del medio y aún hoy sigue en activo después de cientos de tiras a sus espaldas, una obra de humor y ciencia ficción escrita y dibujada por el mencionado Mark Stanley cuyo trabajo le valió ganar en 2001 el premio Web Cartonist’s Choice Awards en la categoría Mejor Webcómic de Ciencia Ficción. El éxito de Freefall ha auspiciado que, como el caso de otros webcómics que han ido adquiriendo cierta fama en las redes sociales, haya sido traducido a varios idiomas, entre ellos al castellano, por los siempre altruistas aficionados e internautas. Publicada originalmente en blanco y negro, Freefall sería coloreada posteriormente por George Peterson, pero el resultado no cambia la impresión sobre un webcómic ya ciertamente histórico.


 Freefall es una historia enclavada en un futuro (muy) lejano en un planeta llamado Jean que se encuentra en los estadios finales del proceso conocido como “terraformación”, sistema mediante el cual la humanidad ha pasado a colonizar y adaptar otros mundos del espacio exterior a sus necesidades sirviéndose, especialmente, de sus logros en el campo de la robótica. En este punto y lugar comienza la epopeya de la desastrosa tripulación de la nave espacial Savage Chicken capitaneada por Sam Starfall, un perezoso y amoral alienígena humanoide cuya raza evolucionó de un cefalópodo primigenio, y al que acompañan Helix, un robot bobalicón dedicado a tareas de carga y descarga que ha ido mimetizando los deshonestos comportamientos de su compañero, y Florence Ambrose, ingeniera de a bordo y loba antropomorfa de la “raza Bowman”, resultado de las pruebas genéticas llevadas a cabo por la poderosa empresa Ecosystems Unlimited. Estos tres personajes son los que sustentan la trama de Freefall, organizada en tiras cómicas de apenas tres o cuatro viñetas, a la que Mark Stanley va añadiendo, poco a poco, toda una amplia galería de personajes secundarios. Entre estos tienen especial protagonismo e importancia los robots, como el obrero Sawtooth Rivergrinder o el presuntuoso sastre robótico Triac, que presentan gustos e inhibiciones propiamente humanas y gozan de una destacada autonomía sujeta a ciertas normas y leyes que muchas veces parecen ignorar deliberadamente.


 Freefall se podría considerar una parodia ligera del género de ciencia ficción, sin llegar a los bucles surrealistas de La Guía del Autoestopista Galáctico de Douglas Adams ni a la locura kitsch del Mark Attacks! de Tim Burton, más bien todo lo contrario, este webcómic presenta un tono cercano a la tira cómica clásica que han encarnado tradicionalmente historietas como el Peanuts de Charles M. Schulz o el Calvin y Hobbes de Bill Watterson. En base a esto, el universo fantástico que plantea Freefall, está supeditado a los personajes y a los diálogos, con cierto toque a la comedia de situación, no tanto a la acción pues incluso se puede considerar que el trasfondo propio del género de ciencia ficción de este webcómic es más bien una excusa puramente circunstancial. Freefall sigue una cierta continuidad que se va desarrollando lentamente a lo largo del tiempo y que va cobrando importancia escalonadamente a medida que las tramas se vuelven algo más ambiciosas y se expande la mitología y universo concebidos por Mark Stanley, en lo cual tiene mucha influencia la literatura de Isaac Asimov y su temática robótica, sin perder en el camino su particular enfoque humorístico en ningún momento. El apartado gráfico de Freefall puede ser lo más flojo de este webcómic, teniendo en cuenta que hablamos de una obra de ciencia ficción y lo que eso supone, pero encaja en el planteamiento y el tono utilizado por Mark Stanley, dentro de una historia de personajes con un claro enfoque humorístico. Una obra, en definitiva, que se encuentra cómoda en las distancias cortas y sabe jugar con las herramientas que tiene más a mano: imaginación e ingenio.