7 de julio de 2011

-Daredevil: El Diablo en el Infierno de Ann Nocenti John Romita Jr.-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Solías creer que un solo hombre, por muy insignificante que fuera, podía combatir el mal. Que era capaz de desafiarlo, y plantarle cara. Creías que por el mero hecho de desafiar a la maldad, eras más importante, más grande y más noble. Pero estás dejando de creer en ello, Daredevil"

Desde que en 1986 Frank Miller, apoyado en los lápices de David Mazzuchelli, se sirviese de su saga Born Again para colocar la última “piedra fundacional” que habría de configurar y marcar decisivamente, para bien y para mal, a un personaje como Daredevil y a las historias que de él se contarían en décadas venideras, los autores y artistas que después del siempre polémico guionista estadounidense llegarían a la colección habrían de lidiar con la sombra de este que les perseguiría entre viñetas como una mala pesadilla de la que es imposible escapar. Tener la capacidad de superar fácilmente el legado que Frank Miller había dejado era inviable, asumirlo e intentar aportar algo nuevo era algo arriesgado, por lo que sólo unos pocos autores elegidos han sabido comprender que únicamente a través de una visión tan personal e inspirada como la propuesta por el artífice de El Regreso del Caballero Oscuro y Sin City serían capaces de luchar, al menos, con alguna esperanza en el horizonte. Eso ha provocado indirectamente que la serie regular de Daredevil, desde su nueva génesis, se haya convertido en una campo de experimentación del que han salido, más o menos bien libradas, etapas como la de D.G. Chichester y Lee Weeks, J. M. DeMatties y Ron Wagner, Brian Michael Bendis y Alex Maleev o la de Ed Bubaker y Michael Lark. Pero a finales de los años ochenta, después de la segunda marcha de Frank Miller, la sensación que circulaba en el ambiente era que difícilmente nadie podría superar con éxito aquel punto y aparte en la historia de Daredevil y la colección se volvería a hundir en la mediocridad como había pasado anteriormente cuando Denny O’Neil paso a encargarse de la serie regular del personaje. En este caso, la responsabilidad de enfrentarse a ese reto sería de una casi desconocida Ann Nocenti, una autora que acostumbraría a vestir sus historias de un fuerte componente de denuncia social, reconocida por sus ideas progresistas y su militante feminismo, que no tenía nada que envidiar en lo narrativo a Frank Miller ni a otros guionistas del momento, aunque el tiempo ha sido algo injusto con su trabajo y con su posición dentro del mundo del cómic del que desapareció a principio de los noventa porque, como ella misma cuenta, “simplemente dejaron de encargarme cómics”. Contra todo pronóstico, la etapa de Ann Nocenti, a la que se uniría posteriormente en el apartado gráfico el incombustible John Romita Jr., se convertiría por méritos propios en una de las mejores que ha vivido El Hombre Sin Miedo en sus casi cincuenta años de historia a pesar de que, por desgracia, pocas veces ha sido reeditada y que en nuestro país sigue en parte inédita.

Pero para hacer un poco de justicia sobre esto último recientemente, dentro de su colección Marvel Héroes, Panini Cómics ha publicado un tomo, el número veinte de la colección, dedicado al Daredevil de Ann Nocenti bajo el título de El Diablo en el Infierno y que incluye los números #265 al #273 de la serie regular del personaje. Estos números corresponden al inicio del “segundo acto” de la etapa orquestada por la guionista estadounidense cuando Matt Murdock, profundamente devastado por sus desencuentros con Maria Tifoidea y Karen Page, decide abandonar New York para vagar sin rumbo fijo por la América profunda. La primera historia de este recopilatorio, Contemplamos De Nuevo Las Estrellas, nos sitúa directamente en el corazón de la epopeya desarrollada por Ann Nocenti, en las consecuencias directas que se desprenden del crossover mutante Inferno de 1989 que ha provocado que la ciudad se encuentre sumida en el caos debido a una “infección demoníaca”. Pero, no sin cierta habilidad, Ann Nocenti aprovecha la situación para relacionar a Matt Murdock, en pleno estado de shock, con el demonio Mefisto que intenta tentar al héroe en sus horas más bajas y cuyas acciones tendrán su importancia e interés en sucesivos números, como los que resultan de la gestación del villano Blackheart. La ambientación de género negro, con la que Frank Miller había rebautizado al personaje, sigue presente en estas historias y Ann Nocenti se desenvuelve bien en ellas aunque tiene mayor tendencia en sus relatos a tocar temas de mayor calado social, supeditando la acción a estos en todo momento, como pueden ser el maltrato animal y el ecologismo radical, el miedo al holocausto nuclear o el concepto de lo femenino y de lo masculino en la sociedad contemporánea. Esto provoca que Ann Nocenti caiga alguna vez en un tono excesivamente panfletario y moralizante, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de un cómic de corte superheroico al uso, aunque la propia naturaleza del personaje, abogado y justiciero al mismo tiempo, se prestan con facilidad a este tipo de experimentos y el resultado no resulta, ni mucho menos, desafortunado.

Esta doble condición del personaje que hemos mencionado, la de abogado y justiciero, una de sus grandes y atractivas paradojas de Daredevil, sirven de base para abordar otros perfiles del mismo, como su devoción católica que otros autores han obviado en sus etapas, como es el caso de Ed Brubaker y Michael Lark, y que siempre ha propiciado momentos cumbre en la vida de Matt Murdock. Una autora como Ann Nocenti, como también Brian Michael Bendis haría tiempo después en la era Marvel Knights, es capaz de percatarse del trasfondo y profundidad que desprende un personaje como Daredevil, posiblemente uno de los más agradecidos en ese sentido de todos los presentes en el catálogo de la factoría Marvel Comics, tanto que ni siquiera sus creadores, Stan Lee y Bill Everett, fueron capaces de vislumbrar todo el potencial que este atesoraba cuando lo concibieron a principios de los lejanos años sesenta. Por otro lado, la aportación de John Romita Jr. al conjunto es impecable, con un dibujo muy alejado del tipo de trazo al que hoy en día le ha conducido su evolución artística y que, en comparación con el que aquí podemos disfrutar, resulta mucho más artificioso, acartonado y carente de matices, dando por cierta esa máxima que dice que cualquier pasado siempre fue mejor. El nivel de detallismo de sus lápices y la expresividad que en estos números alcanza John Romita Jr., beneficiados por el excelente entintando del recientemente fallecido Al Williamson, se antojan uno de los momentos cumbre de su carrera y contrastan con el personal estilo que desde entonces ha ido desarrollando. John Romita Jr. consigue ofrecer a la etapa de Ann Nocenti la estabilidad gráfica necesaria de la que había carecido esta en sus primeros números en la que hubo un constante baile de dibujantes, con ilustres nombres como Sal Buscema, Todd McFarlane o Keith Giffen que, no obstante, siempre estaban de paso.
Los números recopilados por Panini Cómics en este tomo saben a poco, presentan muchos huecos y ausencias notables (como la creación de un personaje tan relevante como Maria Tifoidea) respecto al resto de la larga trayectoria de Ann Nocenti en la serie; sirve para hacerse una idea del tono de las historias concebidas por esta guionista y son una muestra del brillante pasado de John Romita Jr. que, a veces, nos empeñamos en olvidar, pero no pueden ofrecer una visión global y de conjunto de esta destacable etapa. Esperemos que este sea el preámbulo que anuncie una próxima reedición de la obra completa de Ann Nocenti en Daredevil por parte de Marvel Comics, y posteriormente por Panini Cómics, que se siguen haciendo de rogar en este tema pese a ser una de las etapas más demandadas por los aficionados de El Hombre Sin Miedo. De momento, no hay otro remedio, nos tendremos que conformar con este aperitivo que nos ofrece la colección Marvel Héroes de Panini Cómics que recopila todas las portadas originales de los números incluidos en el tomo y que se inicia con una introducción del omnipresente Julián M. Clemente titulada La Senda del Diablo en la que analiza brevemente el trabajo de Ann Nocenti en Daredevil. La gran virtud de esta autora, infravalorada en gran medida por la industria estadounidense y parte del fandom, es haber sabido plantear una etapa original y atípica en la historia del personaje, sin desdecir a su antecesor Frank Miller sino, más bien, sustentándose en el trabajo de este y arriesgando para concebir unas historias llenas de intenciones, ideas y matices. Por otro lado, es cierto que estos mismos planteamientos, donde cada vez tenían más presencia los elementos cósmicos del vasto Universo Marvel y que tan ajenos parecen a priori de Daredevil, apenas aún desarrollados en el presente tomo, se le acabaron escapando de las manos a Ann Nocenti pero eso no quita un ápice de mérito ni interés al largo y productivo viaje que durante seis años nos dejo un legado de imprescindibles relatos que no han hecho más que enriquecer la leyenda del diablo rojo de Hell´s Kitchen.

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3 comentarios:

PAblo dijo...

Muy buena reseña.

Impacinentes Saludos.

Fer1980 dijo...

Gracias por el enlace, como dices lo mejor de Nocenti es que supo encontar su propia voz alejandose de al sombra de Miller y haciendo de paso grandes comics, por cierto en esta época Romita Jr. estaba enorme, me sigue pareciendo de lo mejor que ha hecho.

Mythos dijo...

PAblo, gracias ;)

Fer, totalmente de acuerdo contigo sobre John Romita Jr., creo que esta es su mejor versión, su dibujo ha evolucionado desde entonces y se ha hecho muy icónico pero creo antes era una delicia. Y el enlace era obligado ;)