10 de junio de 2011

-Death Note de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-



“Este mundo está podrido,
¡Y aquellos que lo ensucian deben morir!
¡Alguien tenía que hacerlo!
Incluso a costa de su propia mente y alma.
¡Este mundo necesita ser limpiado!”
 
 
Death Note es uno de los mangas que más fama y repercusión ha obtenido en los últimos años, manteniendo en vilo a miles de aficionados con su rebuscada y retorcida trama, generando toneladas de merchandising, entre ellas varias novelas oficiales, y habiendo sido adaptada con notable éxito al anime por el estudio Madhouse y a una saga de películas, live action que se dice hoy en día, que han reventado la taquilla japonesa y han provocado el interés de Hollywood por realizar un remake del fenómeno en cuestión. En Death Note econtramos un manga que entremezcla de manera atractiva ciertos aspectos de la mitología japonesa con una “prudencial” aproximación social y humana de reminiscencias dostoievskianas sobre el concepto del bien y el mal y que sus autores, Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, plantean de una forma ligera, dentro de una enrevesada y compleja trama de suspense e intriga. Death Note comenzó a publicarse en el año 2003 por parte de la editorial japonesa Shūeisha , en la famosa revista semanal Shōnen Jump, empresa que en la última década ha presentado en sus páginas auténticos superventas a nivel mundial como Bleach de Tite Kubo, Naruto de Masashi Kishimoto o One Piece de Eiichirō Oda. La obra de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata alcanzó un total de doce tomos recopilatorios más uno adicional conocido como How to Read en el que se incluían todo tipo de datos sobre la serie como pueden ser anécdotas, curiosidades, entrevistas a sus creadores, fichas de personajes y el capítulo piloto original de la propuesta de Death Note en el que se puede apreciar la evolución en el planteamiento de la obra hasta llegar a su definición final. Death Note es un manga que tiene un enfoque más ligado al género seinen aunque su desarrollo y su tratamiento de personajes pueda parecer más inclinado al shōnen pero, no obstante, es la ambivalencia entre ambos géneros de la que resulta uno de sus mayores atractivos de esta obra que ha sabido aportar algo diferente al género, una temática más adulta dentro de una propuesta que no deja de tener como principal objetivo el simple y llano entretenimiento.

Light Yagami, un sobresaliente estudiante a punto de iniciar la universidad, se encuentra un buen día un extraño cuaderno tirado en la calle con una inscripción en la que se puede leer las palabras Death Note y con unas instrucciones en su interior donde se detalla que todo aquel que escriba el nombre completo de una persona en sus páginas mientras visualiza el rostro de ésta morirá de un ataque al corazón. Light Yagami, en un principio escéptico, pone a prueba el cuaderno y comprueba con sorpresa su veracidad, poco después se aparece ante él un shinigami, un dios de los muertos amante de las manzanas llamado Ryuk que afirma que aquel cuaderno le pertenece y que lo abandonó expresamente para que alguien lo pudiese encontrar y así distraerse de su rutinaria inmortalidad viendo lo que podía ocurrir al ceder a un humano dicho poder. Light Yagami decide entonces utilizar el cuaderno para crear un nuevo orden mundial eliminando con él a todos los delincuentes y asesinos del planeta y convirtiéndose de esta manera en un implacable justiciero anónimo y omnipotente que será conocido por el nombre de Kira. Las fuerzas policiales y los gobiernos de todo el mundo pronto se ponen en alerta y el caso consigue llamar la atención de un famoso y misterioso detective privado conocido simplemente como L. Una terrible batalla de ingenio y habilidad se desatará entre L y Kira, un macabro juego psicológico entre dos rivales realmente muy parecidos que persiguen metas muy distintas y a las que no están dispuestos a renunciar. En base a este argumento Tsugumi Ōba desarrolla una compleja trama, con múltiples personajes secundarios en liza, en función de la cual la intriga se maneja como el principal elemento de la historia llegando a expandirse hasta cotas surrealistas y la cual tiene a bien poner en imágenes Takeshi Obata cuyo estilo de dibujo se aleja en gran medida de las filias y fobias de otros autores del género shōnen. Un dibujo perfilado y detallado, con una narrativa muy apropiada para un manga que más que en la acción, anecdótica en el transcurso del relato, se basa en los diálogos, en la fuerza que desprenden sus carismáticos personajes y en el desarrollo de su argumento. Estos personajes resultan arquetipos, especialmente hablando de sus dos protagonistas principales, L y Kira, que son las dos caras de una misma moneda, dotados ambos de un carácter y una atractivo casi plástico sobreactuado y llevado al exceso que disimula su escasa profundidad real.


De esta manera, el tándem creativo formado Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, que triunfan actualmente con la también excelente Bakuman, demuestran una gran química y entendimiento entre ellos que queda plasmado en la intensidad que son capaces de transmitir en la historia. Death Note es un manga que basa su estructura en sus continúas vueltas de tuercas y en el uso de un recurrente deus ex machina que, por tramposo, resulta de lo más ameno y entretenido ya que sus autores lo plantean desde un buen principio como parte del juego. No obstante, en ocasiones se echa de menos que Tsugumi Ōba se implique más en la trama y tome partido hacia un lado u otro para no dejar todo a la interpretación del posible lector. Es precisamente esto lo que convierte a Death Note en un producto más ligero de lo que sus pretensiones insinúan y que podrían haberla transformado en una obra referencial de no haber pecado de falta de ambición. Lejos de eso, la historia resulta en extremo alargada y estirada, dejando entrever además dos partes claramente bien diferenciadas. La primera, la mejor de las dos, se centra en el conflicto surgido entre los dos personajes principales convirtiéndose este enfrentamiento en la raíz de la historia que va, poco a poco, in crescendo, aumentando su ritmo e intensidad, creando una atmósfera propicia para ello, hasta su inevitable clímax. Después de este, que podría ser interpretado como un final en sí mismo en cuanto que ofrece una contundente respuesta a una de las grandes cuestiones del manga, posiblemente la principal, en la que encontramos vencedores y vencidos, asistimos a la segunda parte de la historia que cae en una vulgar repetición, no sólo de esquemas sino también de personajes que resultan clónicos de otros anteriores y que no suponen una evolución patente de un relato demasiado acomodado en su estructura y definición.

La historia, pese a seguir estando bien narrada por Tsugumi Ōba, pierde parte de su interés y razón de ser debido a ese inútil bypass entre ambas partes, el cual sólo sirve para intercambiar una pieza por otra manteniendo el mismo engranaje prácticamente inalterable, sumando a ello la ausencia de uno de los personajes más interesantes del relato que servía de perfecto contrapunto a su homónimo y rival. La evolución del relato brilla por su ausencia y sus autores pierden la oportunidad de retratar mejor los cambios que se podrían producir en una sociedad marcada por un devenir de este tipo, aunque este sea de corte fantástico, y que hubiesen sido interesantes de abordar para dotar de mayor profundidad a la obra y liberarla algo de la fuerza y monopolio que ejercen el carisma de sus personajes sobre la historia. Death Note ha sido publicada por Ediciones Glénat en nuestro país en doce tomos recopilatorios siguiendo al pie de la letra la edición japonesa, a eso se añade el mencionado especial How to Read que, después de la insistente y reiterativa demanda de los aficionados, fue editado en un tomo en tapa dura prescindiendo del formato de los anteriores números. En definitiva, Death Note es una obra que, pese a sus defectos, los cuales sabe solapar de manera inteligente, resulta una lectura muy recomendable que asegura un entretenimiento realmente absorbente y ameno. Es también Death Note una manera de acercarse al grupo creativo formado Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, uno de los más frescos del actual paronama del cómic japonés, como demuestra su más reciente Bakuman , una obra muy alejada de la temática de Death Note, centrada en el mundo mismo del manga y que ha sorprendido a propios y extraños gratamente. Un par de autores que nos pueden dar más de una alegría en un futuro próximo, que han conseguido con Death Note hacerse un hueco en la siempre implacable industria japonesa con una obra con un estilo propio y una temática que permite diferenciarla claramente de otras propuestas más clásicas del manga japonés. Un punto de partida con mucho potencial, una trama envolvente y unos personajes a la zaga hacen que la manida lucha entre el bien y el mal nunca haya sido tan real en un manga de corte fantástico como en Death Note y eso, por lo menos, es un motivo más que suficiente como para echarle una ojeada.