8 de abril de 2011

-North 40 de Aaron Williams y Fiona Staples-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"Creo que la idea de un Dios tan jodido como nosotros
da más miedo que todos los sermones sobre lagos de fuego juntos"

Hace ya unos meses se publicaba en nuestro país, de la mano de Norma Editorialy en su ya clásica línea Made in Hell, North 40, obra del grupo creativo formado por el guionista estadounidense Aaron Williams y la dibujante de origen canadiense Fiona Staples cuya labor en la serie le valió una nominación al premio Eisner al Mejor Dibujante de 2010 y que acabaría arrebatándole J. H. Williams III por su trabajo en Detective Comics. Por su parte, Aaron Williams ha dejado su huella en pequeñas editoriales como Henchman o Dork Storm Pressen con proyectos como la serie de tiras cómicas Full Frontal Nerdity, sobre el mundo del fandom, o historias como Nodwick, una parodia ligera de fantasía épica, y PS238, una aventura protagonizada por un grupo de jóvenes superhéroes en la línea de la serie de animación española Hero Kids de Julián M. Clemente y Víctor Gómez. Mientras, su compañera Fiona Staples, ha colaborado con Mike Costa en el especial La Historia Secreta de The Authority: Jack Hawksmoor y también ha participado junto a Steve Niles y Ashley Wood en Mystery Society y con Brian Wood en la serie Northlanders de la línea Vertigo de DC Comics en el número titulado The Sea Road. Así pues, este par de autores casi desconocidos son los responsables de la presente North 40, obra publicada por el sello Wildstorm que representa una nueva apuesta enmarcada dentro del género de terror, de evidente inspiración lovecraftniana y con un marcado tono humorístico y paródico repleto de acción. El propio Steve Niles, guionista con una gran experiencia a la hora de abordar relatos truculentos, como hemos podido comprobar con títulos como 30 Días de Noche, Remains o Wake the Dead, define telegráficamente North 40 como “una buena historia, arte genial y monstruos” preguntándose acto seguido “¿Qué más se le puede pedir a un cómic?”.

En Lufton, un pequeño pueblo del condado de Connover, nunca sucede nada digno de mención así que para huir de la rutina, los inadaptados Dyan y Robert, deciden invocar a un ancestral dios de las profundidades con la ayuda de un antiguo libro encontrado en la sección de “restringidos” de la biblioteca universitaria. Inmediatamente todo el mundo dentro de los límites del condado cae en un profundo sueño para despertar a la mañana siguiente descubriendo, en muchos casos, su nueva y terrorífica condición. La mayoría de habitantes de la pequeña localidad se han convertido en todo tipo de increíbles engendros, monstruos y no-muertos dispuestos a desatar el infierno en Lufton para preparar el camino a la locura que aún está por llegar. Mientras tanto, otros habitantes del lugar han adquirido poderes más allá de la comprensión humana, entre ellos, los jóvenes Wyatt y Amanda, que junto al curtido sheriff Morgan (un sosias de Clint Eastwood), deberán plantar cara al caos e intentar salir con vida de la pesadilla que amenaza sus vidas. La historia planteada de esta manera en North 40 por Aaron Williams y Fiona Staples funciona en la línea de las producciones cinematográficas ligadas al llamado “terror adolescente” que tan alejado parece, a priori, de los relatos de H.P. Lovecraft de los que toma apenas su débil premisa así como ciertos retazos de su representativa imaginería y estética. Fuera de la ecuación queda ese “horror filosófico” y psicológico, definido como “cosmiquismo” por el propio H.P. Lovecraft en sus mejores días, caracterizado por una visión nihilista y pesimista sobre un universo desprovisto de todo orden y lógica; siendo esta la base y la esencia del universo concebido e ideadas por el famoso novelista estadounidense. El creador de los mitos de Cthulhu sigue siendo uno de los escritores más referenciales e imitados dentro género de terror aunque, a menudo, sólo en la superficie y la forma, cliché del que tampoco ha escapado a menudo el mundo del cómic siendo buena muestra de ello la presente North 40.

North 40 es una obra muy desigual, con una narrativa excesivamente lineal, apresurada e inconexa que a veces resulta ciertamente desconcertante, casi como si sus responsables quisiesen otorgar a la historia un cierto componente onírico que disimule las carencias de Aaron Williams a la hora de construir una atmósfera verdaderamente terrorífica y unos personajes bien definidos. Se puede palpar la inexperiencia de este autor a la hora de acercarse a un género que no acaba por dominar, recurriendo a la comedia y la parodia, más afines a su estilo, para solapar sus limitaciones, mientras la trama avanza pero no parece conducir a ningún lugar concreto. Sus personajes tienen un potencial latente marcado por un plástico y visual atractivo, que debe mucho al excelente trabajo de su compañera Fiona Staples, pero Aaron Williams no es capaz de aprovechar la situación para profundizar en ellos de manera más certera dejando a sus creaciones deambular por las páginas del cómic libremente y sin ataduras. No obstante, el argumento urdido por Aaron Williams, pese a sus posibles defectos, no resulta ni evidente ni excesivamente tópico, hilvanando secuencias y escenas imposibles de predecir que, por desgracia, carecen de una mayor fuerza narrativa. En este sentido North 40 adolece de un planteamiento irregular que la relega a la categoría de propuesta ligera, entretenida y falta de pretensiones que, en resumidas cuentas, “muerde más de lo que puede tragar”. A medida que la aventura avanza parece ir de más a menos, con un ritmo monocorde y falto de intensidad que configura toda la obra y que provoca que su clímax se convierta en algo anodino y estéril. Todo ello sin tener en cuenta, por otro lado, el final abierto del relato y los numerosos cabos sueltos en su conclusión que parecen anunciar una inminente continuación.

En el apartado gráfico, Fiona Staples, con unos lápices que en algunos aspectos parecen inspirarse en el trabajo del dibujante australiano Ben Templesmith en la mencionada 30 Días de Oscuridad de Steve Niles, consigue realzar el nivel de la propuesta con un dibujo detallado y de corte realista, con algunos diseños verdaderamente inspirados y una narrativa visual ágil y directa aunque el entintado y color de la obra resulta demasiado sobrio y poco favorecedor para su trazo. Aún así supone el mayor atractivo de este North 40 que, en líneas generales, supone un producto mediocre, entretenido a ratos, tedioso en otros momentos. No logra ser una obra inquietante ni terrorífica, por mucho que Brian Wood asegure haberse “acojonado de verdad” con ella, ni tampoco consigue atraparnos con su humor demostrando, en definitiva, cierta improvisación a la hora de perfilar claramente el tono y la intencionalidad de la historia. Como sucede en otros medios, como la literatura o el cine, el género de terror es uno de los más difíciles de abordar sin una cierta perspectiva y una finalidad última clara y el cómic, a pesar de sus características propias, es un medio que no puede escapar a ese principio. La edición de Norma Editorial de North 40, como ya hemos dicho anteriormente, responde al formato clásico de la colección Made in Hell, incluyendo los seis primeros números de la serie y sus respectivas portadas. Una edición apropiada para una obra como North 40, volátil y prescindible, recomendable para los amantes del terror ligero y el relato gótico, de los aficionados a la estética lovecraftniana en todas sus vertientes o para aquellos que buscan una simple y llana distracción pasajera para desconectar durante un par de horas de esta realidad acechada por antiguos dioses de nombres desconocidos y aspecto monstruoso.

 Ver también:
Victorian Undead de Ian Edginton y Davide Fabbri
Lenore, la Hermosa Niña Muerta de Roman Dirge