17 de febrero de 2011

-Atomic Robo y Los Perros de la Guerra de Brian Clevinger y Scott Wegener-

-Publicado Previamente en Zona Negativa-

 "Si tú hubieras perdido las piernas, 
yo estaría preocupado. Solo digo eso."


Atomic Robo y Los Perros de la Guerra es el segundo recopilatorio, con edición a cargo de Norma Editorial, de la interesante serie creada por el guionista Brian Clevinger y el dibujante Scott Wegener para Red 5 Comics y que en este caso prescinde de pequeños relatos autoconclusivos, como ocurría en Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne, para centrarse en un único arco argumental compuesto de cinco números y ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Es el año 1943 y el Barón Heinrich von Helsingard, un mad doctor nazi al que ya conocimos en los primeros números del primer volumen, y el general Otto Skorzeny, históricamente fue un ingeniero y coronel austríaco de la Alemania Nazi que era conocido entre los aliados como “El hombre más peligroso de Europa”, están consiguiendo frenar el avance de los aliados en Sicilia. El ejército alemán está desarrollando un supercañón con un poder altamente destructivo y con la ayuda de la Dra.Vanadis Valkyrie han logrado sus primeros éxitos para la creación de un terrorífico ejército de supersoldados robóticos genéticamente modificados (sospechosamente parecidos a los Reanimen del Invencible de Robert Kirkman y Ryan Ottley). Pero Atomic Robo ha llegado al campo de batalla dispuesto a inclinar la balanza y si es necesario a utilizarla como arma para golpear a sus enemigos allí donde más les duela. Sus peripecias le llevarán a formar equipo de forma eventual con la espía conocida como El Gorrión y con el soldado escocés James “Scottie” Milligan (personaje que supone un homenaje al abuelo de Scott Wegener que participó en la Segunda Guerra Mundial). Grandes dosis de acción, aventuras para dar y tomar, algo de ciencia ficción y desbordante humor en las nuevas hazañas del único robot del mundo conocido con “inteligencia automática” incorporada y patrocinado por Tesladyne y sus Científicos de Acción.

Después del prometedor debut que supuso Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne en la nueva miniserie del personaje, Atomic Robo y Los Perros de la Guerra, encontramos más de lo mismo, lo que en este caso no es poco pues se traduce en simple y llana diversión para todos los públicos. No obstante, de los tres tomos publicados hasta la fecha en nuestro país, este puede resultar el menos original de todos debido a un planteamiento que hemos podido ver en muchas otras publicaciones, en cómics, películas, novelas e incluso videojuegos. Historias que se centran en un momento histórico especialmente convulso y determinante de nuestra historia contemporánea como fue la Segunda Guerra Mundial y que aún hoy en día sigue ejerciendo una gran fascinación e influencia sobre muchos creadores y artistas. Pero, teniendo esto en cuenta, la gran virtud y acierto de Brian Clevinger y Scott Wegener es conseguir atraparnos con el enloquecido ritmo que imprimen a la trama y el humor desenfadado y directo con que adornan la historia que protagoniza su robótico personaje. Todo ello nos permite abstraernos de sus posibles defectos, de esa supuesta falta de originalidad temática en este caso, para quedarnos con la sensación de haber leído un cómic con una frescura y dinamismo pletórico que, por derecho propio, convierten a Atomic Robo en una de las revelaciones más interesantes de los últimos años. Tenemos ante nosotros un cómic que desprende verdadera energía positiva, algo muy raro en los tiempos que corren, con un cúmulo de “infinitas posibilidades esperándole”, como bien apunta el guionista Matt Fraction en la introducción del presente volumen de Norma Editorial.

En Atomic Robo y Los Perros de la Guerra encontraremos, como ya ocurría en el primer tomo de la serie, un gran surtido de extras en forma de relatos cortos que en su totalidad están guionizados por Brian Clevinger pero con un buen puñado de artistas invitados a los lápices. El primero de estos relatos, dibujado por James Nguyen, tiene por título Una Cita en Madrid y supone una especie de epílogo a la historia central del volumen pero también una constatación de que sus autores son unos verdaderos “empollones de historia” (como se autodenomina Scott Wegener a sí mismo y a su compañero). La breve historia se sitúa en 1974 en Madrid y supone el reencuentro de Otto Skorzeny y Atomic Robo años después de haber acabado la guerra. El auténtico Otto Skorzeny se retiró a España después de haber conseguido huir junto a un grupo de antiguos oficiales de las SS del campo de desnazificación en el que había sido recluido. Todo ello a pesar de haber sido declarado inocente de sus crímenes de guerra en los juicios de Núremberg. Moriría de cáncer a los 67 años de edad en Madrid, en el año 1975, uno antes de la fecha en la que se emplaza el relato. En la siguiente historia, Intoxicación Por Marisco, con Zack Finfrock encargándose del apartado gráfico, Atomic Robo se enfrentará a un crustáceo gigante en las playas de Clearwater en Florida ante la atenta mirada de unos sorprendidos bañistas. En el relato Lo Que Pasa En Egipto Se Queda En Egipto se continua una de las historias aparecidas en Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne y que nos dejó con un final bastante abierto y repentino, para la ocasión Derrick Fish es el elegido en este caso para sustituir a Scott Wegener.

También descubriremos en este volumen una historia sin título dibujada por Lauren Pettapiece y centrada de nuevo en el personaje secundario de Jenkins (el primer tomo recopilatorio ya incluía la historia El Superviviente). Jenkins, al que aquí se describe como alguien capaz de “encontrar seis formas de matar a un hombre sean cuales sean las circunstancias”, apenas ha sido utilizado por sus creadores en la serie regular pero es un personaje recurrente en este tipo de historias cortas. En Robo y Goliath, una historia en la que colaboran Joshua y Jonathan Ross, la acción se sitúa en los años 50 en Corea del Sur donde Atomic Robo se tendrá que enfrentar al robot gigante de turno. Y, finalmente, completando la colección de historias cortas encontramos el Atomic Robo Free Comic Book Day 2008, con Scott Wegener de nuevo a los lápices, en una historia situada en plena Guerra Fría y donde nuestro metálico héroe se verá obligado a ayudar al ejército de Estados Unidos para combatir los malvados planes del resentido científico ruso Ivan Koshchey -autodenominado Maestro del Átomo-. Este último relato es el mejor de todos los citados al recuperar al equipo habitual de Atomic Robo demostrando además, en comparación, lo mucho que aporta el dibujo de Scott Wegener a la serie. Los extras de la edición de Norma Editorial se ultiman con un texto ficticio atribuido a Nikola Tesla y titulado En Defensa del Robot Atómico, una curiosidad muy en la línea de los juegos metatextuales que suele utilizar Alan Moore en La Liga de los Caballeros Extraordinarios y otras obras suyas o, más recientemente, Gerard Way en su The Umbrella Academy.


En resumidas cuentas, Atomic Robo es una lectura que se devora en cuestión de minutos y, pese a soportar diversas relecturas, uno no puede más que lamentarse de la nueva adicción contraída por culpa de Brian Clevinger y Scott Wegener. Un cómic “de acción y aventuras en su máxima expresión”, como se puede leer en la contraportada del presente recopilatorio, que nos permite un respiro de tantas historias de superhéroes de hoy en día, oscuras y pretendidamente adultas, que parecen todas cortadas por un mismo patrón. De hecho, Brian Clevinger y Scott Wegener, declararon en una entrevista en exclusiva a Zona Negativa el pasado año (podéis leerla aquí) que Atomic Robo surgió como “una reacción contra ese tipo de narrativa” a la que calificaban como una odiosa tendencia. Lo cierto es que entre todas esas publicaciones Atomic Robo destaca por encima del resto, por méritos propios, sólo hay que ojearlo para darse cuenta. A ello contribuye también el fantástico trabajo realizado por Ronda Pattinson con el color de la serie y por el cual fue nominada a los Premios Eisner de 2008 como Mejor Colorista junto a otra nominación para Atomic Robo en la categoría de Mejor Serie Limitada y que finalmente se acabaría llevando la ya mencionada The Umbrella Academy de Gerard Way y el “mignolizado” dibujante brasileño Gabriel Bá. A pesar de ello Atomic Robo ha llegado para quedarse, para patear culos nazis, para combatir a monstruos que parecen sacados de la cabeza del mismísimo H.P.Lovecraft, salvar periódicamente el mundo y, sobre todo, para hacernos pasar un buen rato.

Ver también:
Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne de Brian Clevinger y Scott Wegener
Atomic Robo: Entrevista a Brian Clevinger y Scott Wegener en Zona Negativa