26 de mayo de 2011

-Kick-Ass de Mark Millar y John Romita, Jr.-


-Publicado Previamente en Zona Negativa-

"¿Por qué la gente quiere ser Paris Hilton
y nadie quiere ser Spider-man?"



El conocido como Millarworld, el universo no cohesionado que enmarca las desfasadas y brutales creaciones en el cómic independiente del ya veterano guionista escocés Mark Millar, ha ido creciendo a pasos agigantados en los últimos años, sobre todo a través de sus colaboraciones en el sello Icon de Marvel Comics y de sus trabajos en otras editoriales estadounidenses como Avatar Press, Dark Horse o Image Comics en la que han visto la luz “revolucionarias” propuestas como Superior, Némesis, Wanted o la presente Kick-Ass. En el camino, sus recurrentes y polémicas reinvenciones heroicas, han conseguido asaltar con relativo éxito el siempre complaciente y efervescente mundo cinematográfico de Hollywood. Un mundo con el que Mark Millar parece congeniar lo suficiente como para, por ejemplo, obviar y tolerar, previo pago de sus dividendos, la adaptación perpetrada por el director Timur Bekmambetov sobre su obra Wanted, protagonizada por Angelina Jolie, James McAvoy y Morgan Freeman, su parecido con el trabajo original dibujado y entintado por J.G. Jones es prácticamente nulo e inexistente. Más peculiar y afortunado ha sido el caso de Kick-Ass cuya película, a cargo del efectivo Matthew Vaughn, responsable de la inminente X-Men: First Class, se desarrolló casi en paralelo con la publicación del cómic. Mientras el propio Mark Millar colaboraba activamente en la producción, después de lo que él mismo definió como “un acuerdo realmente feliz”, finiquitaba también su participación en proyectos tan dispares como Lobezno: El Viejo Logan o Marvel 1985. La película, con Aaron Johnson, Chloë Grace Moretz, Mark Strong y Nicolas Cage como principales reclamos de su reparto, es ya todo un filme de culto de principios de siglo y el cómic, que Mark Millar comenzó a publicar en 2008 junto al ya célebre dibujante John Romita Jr., se ha convertido en todo un éxito de ventas. Esto significa, en definitiva y en resumen, que Kick-Ass tiene asegurada futuras continuaciones y secuelas, tanto en el celuloide como en la industria del cómic, y asimismo resulta una ostentosa muestra de la habilidad de Mark Millar para la autopromoción y para su dominio del negocio del show business. Miedo da pensar en lo que el guionista de Superman: Hijo Rojo podría tramar junto a su homólogo Todd McFarlane aunque hay cosas que es mejor no descubrir nunca.

Kick-Ass cuenta la historia de Dave Lizewski, un chico normal de dieciséis años, “ni el payaso de la clase ni el genio de la clase” como él mismo se describe, lector habitual de cómics de superhéroes y, por alguna extraña razón, aficionado a las películas de Ryan Reynolds. Un buen día Dave Lizewski decide disfrazarse de superhéroe con un traje de neopreno comprado en eBay y salir a combatir el crimen bajo la identidad de Kick-Ass. Su primera incursión superheroica resulta un desastre y acabando en el hospital después de la paliza propinada por unos problemáticos chicos del barrio. Pero aún así Dave Lizewski insiste en sus hazañas consiguiendo, más debido a la fortuna que a sus innatas capacidades como superhéroe, labrarse cierto renombre y popularidad convirtiéndose en todo un fenómeno mediático después de salvarle la vida a un hombre. Pronto empezarán a surgir imitadores de Kick-Ass por toda la ciudad, como es el caso del enigmático Red Mist o de los letales HitGirl y Big Daddy, dos superhéroes con métodos algo más radicales… Esta propuesta era calificada por Mark Millar en unas declaraciones al portal Newsarama como “potencialmente enorme” asegurando ingenuamente que “nunca se ha hecho algo así en nuestro mundo” y especificando que su historia “trata de una persona normal en el mundo real que se pone una máscara y se mete en problemas” pero el guionista escocés parece haber olvidado, sorprendentemente, a Los Minutemen y la obra magna del género superheroico, el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, que hace ya casi un cuarto de siglo jugaba con esa misma premisa en sus páginas. Kick-Ass es la enésima vuelta de tuerca al género superheroico donde Mark Millar vomita sus recurrentes tópicos argumentales caracterizados por su abierto tratamiento de la violencia y por sus “juveniles diálogos” que viven por y para la polémica como si no hubiese un mañana. De esta manera, en Kick-Ass pasamos del emblemático eslogan “¡Spider-man nunca más!” que Stan Lee y John Romita, Sr. acuñaban en 1967 en The Amazing Spider-man, una historia imitada hasta la saciedad en donde Peter Parker decidía abandonar su cruzada contra el mal, al “¡Kick-Ass nunca más en la puta vida!” que Mark Millar pone en boca de Dave Lizewski, “sin poderes, sin responsabilidades” como rezaba len los carteles publicitarios del filme de Matthew Vaughn, en un momento dado de la trama.

Esto último sólo viene a demostrar que la obra concebida por Mark Millar es un producto heredero de nuestro tiempo, marcado por un ambiguo y estéril “deconstructivismo político” y por una cierta identificación con una pretendida “amoralidad social” de carácter capitalista y cosmopolita. En este tablero de juego se sitúa un manido arquetipo de aficionado o fanboy, o de personaje “culturalmente dispersos” como recordaría Cels Piñol, con el que parece reconocerse su autor. De ahí los continuos guiños y homenajes, algo ya inevitable en cualquier obra del género, a las historietas de superhéroes, principalmente las relacionadas con el Universo Marvel, a series de televisión, películas y otras referencias propias de la cultura pop. Dicho bagaje subcultural no resulta incompatible con las ventajas y facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías hoy en día, lo que Mark Millar viene a llamar el loco mundo de “internetzeitgeist”- la palabra zeitgeist es una expresión alemana que significa “el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”- y que se atreve a plasmar con acierto en Kick-Ass. El guionista escocés se sirve aquí de la sátira y la ironía para abordar su concepto de “american way of life” del cual no es capaz de escapar la figura del superhéroe por ser un elemento más de la sociedad establecida estadounidense cuyos valores e ideales conservadores encarnan y se identifican con estos mismos justicieros y vigilantes, con la figura de Clint Eastwood, las condescendientes leyes americanas sobre armas de fuego -compartiendo así el estado su monopolio de la violencia con el ciudadano convertido en héroe de turno o, más comúnmente, en villano- o las grandes empresas y marcas estadounidenses desde McDonalds a Microsoft pasando por Coca-Cola o Texaco.

De esta manera el superhéroe sirve en Kick-Ass como vehículo a la parodia de la comunidad consumista occidental y del difunto sueño americano donde un demócrata o progresista no es más que “un gilipollas trastornado capaz de manifestarse por el derecho a matar bebés y de convocar manifestaciones con velas por asesinos múltiples” y los malvados de turno suelen tener, sospechosamente, rasgos de origen latino, afroamericano o italoamericano. Esto podría verse más claramente en la continuación de la historia, Kick-Ass 2: Balls to the Wall, centrada con contar como los criminales deciden convertirse en supervillanos. En todo caso, Mark Millar parece dejar bastante claro que Kick-Ass es la propia visión que Estados Unidos tiene de sí misma, una sociedad cuyo orgullo de serlo, con una mentalidad patriótica fuera de toda duda, le hace padecer cierta ceguera sobre sus propias hipocresías, contradicciones y miserias. Por otro lado, Kick-Ass incide en la perversa forma en que los medios de comunicación y la sociedad contemporánea articulan la fama y el éxito entorno a figuras marcadamente decadentes y a la utilización del morbo y el espectáculo como complementos a una información sesgada, manipulada y carente de valores y principios. En este panorama la historia se sirve de un componente desequilibrante como es la estampa del héroe que acaba igualmente sometido a este destino mediático del que entra a formar partido voluntariamente.

Mark Millar, según sus propias palabras, pretendía en Kick-Ass tirar “por tierra todo lo que amamos de los superhéroes” para volverlo “a construir de un modo nuevo”. Dicha reconstrucción se hace en base a un estilo de “falso realismo postmoderno” respecto a lo cual Mark Millar no ha dejado nunca de insistir en que el mayor atractivo de Kick-Ass es el hecho de poder “imaginar el mundo real creando un personaje que pueda funcionar bajo premisas realistas” apartándose de la fantasía inherente al género superheroico pero no de sus clichés fetichistas relacionados también con este tipo de relatos como son las mallas y las identidades secretas. La acción, por otro lado, “es muy cercana y personal” y es por ello que Mark Millar cataloga la elección de John Romita Jr., con quién ya había colaborado anteriormente en la serie regular de Lobezno dentro la saga Enemigo de Estado y su secuela Agente de S.H.I.E.L.D., como el perfecto para el trabajo ya que este “es una leyenda y el mejor dibujante de acción del negocio”. Por desgracia Kick-Ass no es, ni de lejos, el mejor trabajo de John Romita Jr. , su dibujo parece especialmente descuidado y desproporcionado para lo que suele ser habitual en él. Sea como sea, Kick-Ass es una nueva mano ganadora del siempre controvertido Mark Millar cuyo efectivo estilo fast food lo ha transfigurado en uno de los autores más exitosos y solicitados de la industria estadounidense en la última década, siendo artífice de auténticos blockbusters comiqueros como Civil War o Lobezno: El Viejo Logan, de bestsellers en la línea de Marvel Knights Spider-Man, Ultimate X-men y The Ultimates y, en menor grado, de destacables obras como su etapa en The Authority o su magnífica Superman: Hijo Rojo para el sello Elsenworlds de DC Comics. En este panorama Kick-Ass es una propuesta que encaja en las dos primeras categorías, un entretenimiento ligero y una de esas historias “de las que salpican”, como la describe Celes J. López en su introducción a la, por otro lado, notable edición de Panini Comics de la presente obra. Kick-Ass sigue las directrices y parámetros ya frecuentes en los trabajos más personales de Mark Millar y no deja de ser un espectáculo que, en ocasiones, no resulta tan gratuito y vacío como aparenta, mientras que en otras carece de esa originalidad de la que presume y que sólo parece ser parte del marketing viral desplegado por su creador.


Ver también:


Lobezno: El Viejo Logan de Mark Millar y Steve McNiven
Superman: Hijo Rojo de Mark Millar y Dave Johnson
Wanted de Mark Millar y J.C. Jones 

5 comentarios:

David dijo...

No he leído KickAss, pero a priori parece más de Ennis que de Millar. Está muy de moda esto de revisar el género superheroico, así que no esperaba mucha innovación en este trabajo del escocés, veremos qué tal le ha quedado.

Al margen de KickAss, veo que Millar no te entusiasma. Mira que coincido contigo en todo lo que dices, pero, al margen de todo eso, tiene un talento para crear historias con pegada que ya quisieran la mayoría de guionistas de su generación. A mí con The Ultimates me ganó para la causa, y lo único que no me ha convencido del escocés es Wanted. Gran éxito de críticas, pero me parece demasiado similar a Sleeper (en fondo y forma) pero peor contado.

Mythos dijo...

Mark Millar me merece más o menos la misma opinión que a ti. Ni me entusiasma ni lo aborrezco en exceso aunque creo que su faceta de showman me sobra un poco... Por lo demás tiene obras entretenidas, en ningún caso obras maestras, como es el caso de Kick-Ass, que se pueden leer con gusta sin que se le vaya tanto la cabeza como a Garth Ennis cuando lo dejan suelto (citando sobre tu teoría sobre él xD). Aunque aún no he leído Wanted.

charlie furilo dijo...

Yo me lo he pasado teta, leyendo "Kick-Ass" la verdad.

También pienso que Millar es un tipo con un enorme talento, y grandísimas ideas, aunque quizá nunca llega a desarrollarlas del todo y le pierde un poco la vena macarra y de querer provocar y epatar al personal. En cualquier caso, a mi encanta este tipo. De momento no he leido ningun comic suyo que me haya defraudado, todos me han dado lo que a priori prometían, aunque si que es verdad, que obras maestras como tales no tiene en su currículum ("The Ultimates" y su etapa en "The Authority" estarían muy cerca)

Garth Ennis es mucho más sobrao que Millar (y más en los últimos tiempos que está totalmente desatado).

Mythos dijo...

Como bien dices Charlie, el problema es que Mark Millar es un tío con talento y con ideas pero que no suele aprovecharlas todo lo que podría. Sus historias son muy entretenidad pero a menudo se quedan sólo en eso. Excepción de Superman: Hijo Rojo, una obra prácticamente redonda, o historias cortas como El Elegido que aunque no es una maravilla demuestra que puede centrarse en una idea sin recurrir a excesos innecesarios. Excesos que, en todo caso, son mucho más comedidos de lo que pueda hacer Garth Ennis.

Arion dijo...

Siempre es bueno tener un buen debate debate sobre Kick-Ass. Yo acabo de escribir un comentario sobre el primer volumen en mi blog: www.artbyarion.blogspot.com