3 de septiembre de 2009

La Distopía del Mañana en V de Vendetta (I)


En donde aprendemos que es una distopía:
como nace, crece, de que color es y para que sirve.
Y de como el excelso guionista
Alan Moore,
gustándole la idea y temiendo los tiempos de Margaret Thatcher
lo aplicó, con éxito, en
V de Vendetta.


Durante los años ochenta Margaret Thatcher, como principal representante del partido conservador británico, gobernó como Primera Ministra del país lo cual y debido a su mano dura con las cuestiones del estado le acabó otorgando el sobrenombre de La Dama de Hierro. Pronto se acuñó también el término “thatcherismo” para definir una política que se caracterizaba por sus valores férreamente cristianos y tradicionalmente conservadores que se traducían en el ensalzamiento del patriotismo británico, sobre todo a raíz del conflicto de las Maldivas que habían conseguido su independencia en 1965, y su conexión con las ideas y políticas estadounidenses representadas en la figura del por entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan. En este contexto histórico, Alan Moore y David Lloyd, plantearon V de Vendetta como una historia de ciencia-ficción situada a finales de la década de los 90, es decir, en un futuro muy cercano, donde encontramos a Gran Bretaña sometida a una dictadura, fría y conservadora, que reflejaba una cierta visión pesimista y deprimente del mundo que por aquel entonces conocían sus autores. Este simple hecho ya lo apartaba del tipo de cómic que en al aquel momento se realizaba en Inglaterra. El simple hecho de que V de Vendetta presente una crítica social implícita en su trama y una potente reflexión política, que en ningún momento resulta moralista, no hace más que acrecentar esta idea.

V de Vendetta es una historia, contada en capítulos mensuales en el momento que se publicó, que relata como después de una guerra nuclear que ha tenido efectos mundiales devastadores, destruyendo la mayor parte de Euroasia y Norteamérica, el partido fascista Norsefire se hace con el poder en Inglaterra. El gobierno comandado por el líder Adam J. Susan implanta un férreo control sobre sus ciudadanos a través de un marcado estado policial racista, homófobo y opresivo, y del uso de cámaras de seguimiento en cada esquina de Londres. Es este estado fascista el villano al que se debe enfrentar el “héroe” de la historia: un pintoresco y revolucionario personaje que viste un disfraz de Guy Fawkes que se hace llamar V y que lucha utilizando medios terroristas, impregnados con una marcada filosofía anarquista, que desconcierta tanto a la policía y a los máximos dirigentes políticos como a los ciudadanos.

El planteamiento de la historia se aleja, no obstante, de cualquier visión futurista tecnificada o en exceso fantasiosa que no hubiese podido tener visos de credibilidad para la sociedad británica de la época en que fue concebida la obra. Este tipo de sociedad que reflejan Alan Moore y David Lloyd en su historia es terriblemente cercana y posible en el momento de ser publicada y se puede incluir dentro de lo que en la literatura y cine de ciencia-ficción ha tenido a bien llamarse como distopía. El concepto de distopía es el opuesto al de utopía, es decir, una sociedad ficticia en donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal: una utopía perversa o negativa por decirlo así. Las distopías, al contrario de las utopías, suelen ambientarse en futuros cercanos teniendo muy en cuenta el contexto socio-político del momento y surgen como obras de advertencia o sátira que muestran tendencias de la actualidad extrapoladas, normalmente, en finales apocalípticos. Por ejemplo, algunas distopías de la primera mitad del siglo XX advertían y criticaban, entre otras muchas cosas, de los peligros del socialismo del estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la evolución de las democracias liberales hacía sociedades totalitarias, del consumismo y del aislamiento del ser humano en relación a las nuevas tecnologías y roles de la sociedad.

El caso es que cuando Alan Moore y David Lloyd concibieron V de Vendetta lo hicieron teniendo como referente la literatura distópica precedente del género que había forjado obras tan destacables como pueden ser 1984 de George Orwell escrita en 1948, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury publicada en 1953 o ¡Arrepiéntete, Arlequín! Dijo el Señor Tic-tac un relato corto en clave satírica de Harlan Ellison del año 1965. Todas ellas, entre otras, obras a las que los autores de V de Vendetta querían emular y de las cuales se pueden encontrar referencias, guiños o similitudes en el planteamiento y el desarrollo de la misma. En el caso de 1984 de George Orwell, la que resulta la novela quizá más conocida del género, encontramos una sociedad bastante parecida a la que utilizarán con posterioridad Alan Moore y David Lloyd en su novela gráfica. Los paralelismos en este caso son bastante evidentes e, incluso, se podría decir que V de Vendetta sería posible interpretarla como una excelente continuación a la obra de George Orwell siguiendo el relato allí donde este acababa y culminando con la caída del estado totalitario allí donde en 1984 se perpetuaba.

La sociedad británica presentada por el autor de Rebelión en la Granja esta subyugada por el totalitarismo, con un Partido Único que se ha alzado con el poder y que resulta ser una extrapolación aglutinante de las prácticas de la Unión Soviética y la Alemania nazi que conoció el autor durante los horrores de la Segunda Guerra Mundial o en la Guerra Civil Española. El gobierno en 1984 lo ostenta un líder omnipresente e invisible conocido como el Gran Hermano que tiene todo el país controlado mediante cámaras de vigilancia y micrófonos. Algo que también apreciamos en V de Vendetta, en la figura en este caso del líder Adam J. Susan, al que Alan Moore lleva al límite convirtiéndolo en casi una caricatura del poder. Un personaje dependiente totalmente de su propio sistema de control basado, como en la noevla de George Orwell, en una red de cámaras de vigilancia que el mismo supervisa constantemente y que le sirven como aparato centralizador de su estado perfecto. Irónicamente este líder llega a expresar sentimientos humanos hacía su máquina, llamada Fate (Destino), mientras es capaz de negárselos al resto de ciudadanos sobre los que gobierna a pesar de desear ser amado por estos como si de un padre se tratase. Un ser asocial que busca ser aceptado en su propio mundo.

El estado de Adam J. Susan, al igual también como el del Gran Hermano de George Orwell, esta organizado a través de diferentes ministerios que en el caso del primero reciben apelativos corporales y humanos: El Dedo, El Ojo, La Oreja, La Nariz, La Boca y El Cerebro. Estas últimas son las más importantes y son representadas por La Voz del Destino, un locutor radiofónico exaltado con todas las maneras propias de un telepredicador televisivo, y el propio líder como organismo pensante del estado. Esta jerarquización tiene correspondencia a la que encontramos en 1984 donde aparece la llamada Policía del Pensamiento, encargada de hacer cumplir la ley y conformada como el elemento represivo número uno, divida en diferentes ministerios a saber: Ministerio del Amor, Ministerio de la Paz, Ministerio de la Abundancia y Ministerio de la Verdad en los que se conforma el estado “orwelliano”.

Por otro lado, Wiston Smith el protagonista de 1984, puede recordar en muchos aspectos a la Evey que encontramos en V de Vendetta. En ambos casos son personajes grises y apáticos fruto directo del sometimiento a la tónica general de los respectivos estados totalitarios en los que viven y que, en cierto momento, comienzan a cuestionarse todo lo que les rodea cuando un segundo personaje entra en sus vidas y la pone patas arriba. Lo cual hará que ambos pasen a la clandestinidad y la resistencia y que, a lo largo de sus historias, experimenten una evolución interior y una catarsis final fruto de una gran revelación. Aunque en el caso del personaje de Wiston Smith esta catarsis final vendrá determinada con consecuencias fatales al ser consciente de hasta que punto su esperanza ha sido manipulada y truncada. En el caso de Evey, a través de la “fábula” y el premeditado engaño que V orquesta para ella, se producirá el caso contrario y su transfiguración le abrirá una nueva óptica del mundo que le rodea.

Es reseñable el hecho de que, al igual que Evey, V anteriormente también sufrirá esta transfiguración pero él lo hará a través del fuego en contraposición a Evey que lo hace a través del agua. Por ello, como personaje, V esta determinado por su génesis como instrumento del caos y la destrucción, un "elemento deconstructivo", y no puede escapar a este sino. Sabe que su destino es la muerte pues su objetivo último es la venganza y una vez conseguida no quedará nada ni podrá dar vida a algo nuevo ni retormar la suya propia allí donde la dejo. Sólo Evey puede sucederle que, al revés que él, ha sido redefinida en un elemento regenerador como es el agua. Ello la hace apta como elemento constructivo que, por fuerza, ha de llegar después de la labor de “deconstrucción” que V lidera con sus acciones terroristas. Este concepto de "deconstrucción" para crear algo nuevo es un elemento que se encontrará en muchas obras de Alan Moore desde, por ejemplo, Watchmen, donde el personaje de Ozymandias al igual que el de V comprende que para que las cosas mejoren antes deben empeorar, al capítulo Lección de Anatomía de la serie de La Cosa del Pantano con el cuál en su momento el guionista inglés dio una vuelta de tuerca al personaje llevándolo a asumir su nueva condición a través de una transfiguración casi tan dolorosa como la del propio V.

-Continuará-