22 de septiembre de 2009

-Capitán América de Ed Brubaker- La Balada de Steve Rogers-


Con la reedición este mes por parte de Panini, en su reciente línea Marvel Deluxe, de la etapa de Ed Brubaker al mando de la serie de el Capitán América parece buen momento para aprovechar y hacer balance de estos casi seis años que el guionista estadounidense ha estado a cargo de las historias del llamado Centinela de la Libertad. Este nuevo tomo de Panini recupera los siete primeros números de la colección bajo el título de Otro Tiempo (Out of Time, de la saga original que abrió la etapa de Ed Brubaker) con algunos bocetos e ilustraciones obra de Steve Epting como complemento de la recopilación. Es en estos primeros números, y en las sagas posteriores, donde encontramos al mejor Ed Brubaker cuya llegada a la serie supuso todo un revulsivo para esta que, antes de él, se había quedado anclada en un simple panfleto estadounidense post 11-S del que, poco a poco, había conseguido empezar a salir. El guionista de otras series de éxito de la Casa de las Ideas como Daredevil o El Inmortal Puño de Hierro construyó desde el principio una trama compleja, adulta y pausada. Una trama que se toma su tiempo para desarrollarse, ajena, salvo en casos puntuales, a la más rabiosa actualidad del Universo Marvel, y en la que destaca su tratamiento de los personajes y su talento para manejar y administrar la intriga de los acontecimientos.

Se puede decir que Ed Brubaker nos ofrece una serie de el Capitán América donde lo menos importante es el personaje, al menos como tal, pues el guionista ha sabido tratar de manera excelente el verdadero mito e icono que se encuentra bajo la máscara de este: Steve Rogers. De esta manera, la serie se toma una distancia prudencial de su personaje principal, creando una panorámica respecto a los supuestos personajes secundarios, ya sean villanos, aliados o compañeros, que nos permite conocer lo que para cada uno de ellos significa la sola presencia del personaje. En esta etapa es Steve Rogers, no el Capitán América, quién se convierte en un verdadero símbolo del coraje, de la lucha y de la libertad, unido a la confrontación con un pasado que se llega a volver tangible y cuyas consecuencias resultan inevitables y, a menudo, dramáticas. El componente superheroico pasa a un segundo plano y Ed Brubaker recupera personajes denostados o caídos en el olvido (entre ellos destaca la asombrosa y ejemplar resurrección de Bucky Barnes ahora como El Soldado de Invierno y actual Capitán América) y los actualiza haciéndolos atractivos a los nuevos tiempos mientras plantea la trama de un ajedrecista profesional disponiendo las piezas sobre el tablero y tomándose el tiempo necesario para dejar en jaque al lector al final de cada número. Capitán América es una de esas obras "corales" donde todos los personajes tienen algo que decir y que, adaptando lo que Andy Warhol ya apuntó en los años 80, todos tienen sus 15 viñetas de gloria.

Este tratamiento de personajes, por otro lado, es común en la narrativa del guionista y se aprecia en todas las series en las que ha participado aunque es en el Capitán América donde ha alcanzado su mayor virtuosismo, donde la historia y la mitología propia del personaje se adaptan mejor a sus guiones centrados en la intriga y el espionaje, en comparación a otras series como, por ejemplo, Daredevil donde el autor no consigue cogerle el pulso al personaje pese a edificar unas más que correctas historias. Aunque pese a estos aciertos, la propia serie del Capitán América en su etapa posterior a Civil War con la "política" muerte de Steve Rogers, adolece de las mismas virtudes que la serie tenía en sus primeras sagas pero que aquí, en algunos casos, se convierten en sus mismos defectos. La trama se alarga en exceso, su decompressive storytelling es muy acusado, y se repiten muy a menudo recursos, ideas y situaciones en donde los lavados de cerebro, la recuperación de personajes del pasado (casi todas las encarnaciones que ha tenido el Capitán América hacen acto de presencia en un momento u otro) y la casi omnipresencia de personajes secundarios como Sharon Carter que parecen ir a la deriva o la galería de villanos recurrentes y demasiado habituales utilizados por el guionista lastra, en gran medida, las historias que cuenta. Los personaje van y vienen pero ya no se tiene la sensación de que haya una evolución sino que la historia se estanca en una cierta monotonía, acrecentada involuntariamente por el dibujante regular de la serie Steve Epting, y todo ello pese a la novedad que supone la nueva identidad del Capitán América con matices muy diferentes a los que ofrecía Steve Rogers.

A lo largos de estos años Steve Epting se ha mantenido en la serie como dibujante oficial otorgando a esta ese tono oscuro, de novela negra clásica, que Ed Brubaker gusta de ver en sus obras. El dibujo feucho y mal definido del artista, muy irregular en su evolución, resulta, a pesar de todo, adecuado al tono de la serie. También ha participado en esta etapa a los lápices Michael Lark que como segundo dibujante se ha encargado, principalmente, de los flashbacks de la serie ambientados, mayormente, durante la Segunda Guerra Mundial o el período de Guerra Fría entre los años 50 y 90 y habitualmente protagonizados por Steve Rogers y Bucky Barnes. El dibujo de Michael Lark, en la línea de Steve Epting, resulta más espectacular que este y destaca por su habilidad para introducir retoques informáticos concretos en su dibujo que le ayuda, por ejemplo, a confeccionar preciosas estampas lluviosas en algunos números (Captain America #5). Finalmente, en referencia al tomo presente, tenemos un capítulo final (Captain America #7), con la historia titulada La Solitaria Muerte de Jack Monroe (The Lonesome Death of Jack Monroe) de la que se encarga a los lápices John Paul Leon con un estilo más peculiar ligeramente de influencia cartoon. El apartado gráfico, a todo esto, esta en todo momento supeditado a los guiones -de prosa muy literaria- de Ed Brubaker, que hace valer las viñetas de los artistas con los que trabaja y no al contrario como sería más propio de un cómic. Sólo el español David Aja con el que Ed Brubaker -"escoltado" por Matt Fraction- trabajó en las primeras sagas de El Inmortal Puño de Hierro consigue "jugar" de igual a igual con el guionista con sus atrevidas composiciones de página.

Otra de las peculiaridades de Ed Brubaker en Capitán América es la opresiva referencia al pasado, que antes ya hemos mencionado, entendiendo el guionista, como pocos autores anteriormente han hecho, el dilema de un personaje como Steve Rogers -aunque también se puede aplicar a Bucky Barnes en este caso- que se encuentran, literalmente, fuera de tiempo. Por ello, la muerte de Steve Rogers, dentro de la saga La Muerte de un Sueño, es la muerte de unos ideales, de una manera de pensar y de hacer las cosas pero también es el triumfo de la realidad frente a unos personajes, los superhéroes, que ya no resultan tan fascinantes ni útiles. Steve Rogers no muere como un héroe, sino como un mártir y, más aún, como un criminal con las manos esposadas. El antaño símbolo de una nación al ceder el testigo a Bucky Barnes, de entre toda la galería de candidatos a vestir su máscara que podria haber elegido Ed Brubaker, no hace más que hacernos participes de un secreto: nos descubre quién es o era realmente Steve Rogers a través de las emociones y recuerdos de su compañero de batallas. El Centinela de la Libertad no representa más que el viejo sueño americano violado y pisoteado por su propia nación. Y esta huella, esta impresión, no abandona la serie en ningún momento y se diría que Steve Rogers casi se convierte en un personaje más del reparto, inexistente a efectos técnicos, que guia las acciones y los acontecimientos de la trama como una balada que se repite y se sucede. Todo ello hace que, pese a los altibajos de la serie, podamos determinar, sin duda, que esta es una de las mejores etapas en mucho tiempo del personaje creado por Jack Kirby y Joe Simon allá por los lejanos años 40 del siglo pasado.


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3 comentarios:

Osukaru dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Mythos. La verdad que es una ran etapa, pero al final la acción se estanca y pierde bastante interés. Cuando terminó la saga de Craneo Rojo dejé de comprar las grapas del Capi. Prefiero esperar a que hayan avanzado suficiente las nuevas tramas y ver si merece la pena continuar la serie.

En cuanto a Daredevil, también es cierto que sin estar al nivel del propio autor, al menos la saga de Lady Bullseye me ha despertado de nuevo el interés en la serie.

Un saludo!.

Mythos dijo...

Y ahora soy yo el que está totalmente de acuerdo contigo. La última saga de Daredevil remonta el vuelo de la serie bastante... a ver si le va a pillar el tono ahora que se va. Ed Brubaker empezó bien, aunque creo que desaprovecho algunas historias de la situación que le había dejado Bendis, y va a acabar bien al parecer pero... entre medias, aunque no es mal guionista, no llega a despertar el interés.
El Capitán América ha sido más constante aunque quizá sea porque conozca menos al personaje y aunque ahora, como decía, ha perdido un poco el interés. Pero veremos si tiene algo más que contarnos...

David dijo...

Guau! peaso reseña, sí señó. No sabía que lo hubieras comentado, si no te hubiera enlazado en mi propia reseña. Coincidimos en muchos puntos (tanto que da miedo). Como viste sólo he leído el primer volumen, y me ha gustado bastante. Pero sigo buscando al Brubaker de Sleeper en cada cómic suyo que leo.