2 de junio de 2009

Podria Pasarle A Cualquiera -Los Suegros-


Yo era una de esas criaturas enamoradas y felices que se consolaban con la perspectiva de que los padres de su novio vivían a muchos kilómetros de distancia y que el día de conocerlos estaba aún muy lejano. ¡Esa es una de las grandes ventajas de las relaciones a distancia! Con esa ilusión vivía día tras día hasta que llegó el verano pasado en que ya las excusas habituales no me sirvieron para nada.

Con la maleta que me iba a Barcelona.

Durante el "viajecito" de unas escasas 12 horas en autobús me dio tiempo a cuestionarme muchas cosas pero entre ellas el replantearme, varias veces, si el amor que sentía por ese hombre era lo suficientemente fuerte como para tales sacrificios. Y lo era pero la próxima vez, si la hay, pillo un avión o me quedo en mi casa que entre otros mi trasero lo agradecerá. No soy remilgada pero el pobre había tomado ya la textura del tapizado del asiento. Y lo peor fue al principio cuando me invadió el terror al creer que aquello podía ser celulitis. No lo era y, afortunadamente para mi novio, eso le libró de que al llegar a la Estación de Autobuses de Barcelona no se llevase una buena patada en los co***** como muestra de lo mucho que le había echado de menos.

Entonces, a eso de las 12.00 pasadas de la mañana, vi el cartel de entrada a la ciudad y como ya hiciera Freddie Mercury en su momento entoné con energía y ganas un ¡Barcelona! que fue digno de resucitar al difunto... para que me golpease con el micrófono y me enterrase a dos metros bajo tierra sepultada bajo hormigón armado para que no tuviese posibilidad alguna de volver a levantarme. Puede que él no pero mis compañeros de viaje estoy segura de que lo pensaron pero... ¡Bah! Fuí la única de todos ellos que se atrevió a hacer lo que todos estaban pensando.

El caso es que había llegado a Barcelona. Bajé del autobús y me reencontré con al motivo de mis desagravios mientras intentaba volver a recuperar, poco a poco, la capacidad motriz de mis piernas. No estaba nerviosa. "Disfrutando" del viaje se me había olvidado el motivo de la visita. Pero no estaba nerviosa. Entramos en el metro y no estaba nerviosa. Pero al salir "por el otro lado" me empezaron a entrar los sudores fríos. Cuando estábamos cerca de la casa de mi novio empecé a ponerme nerviosa. Llegamos al portal de su casa y las piernas me flaqueaban. Subimos las escaleras y entramos en su piso y no es ya que estuviese taquicardica, no, es que el corazón se había largado y me había dejado a mi sola con el marrón. La puerta de casa se entreabría y entre las sombras adivinaba la silueta de mis suegros.

Entonces un ángel acudió a mi rescate.

Bueno... Un ángel que ladraba y babeaba pero un ángel al fin y al cabo y me salvó. Sandy es la niña consentida de mi suegra y al ganarmela a ella al menos tendría una tregua y me ahorre un infarto de miocardio ya a mi tierna edad. ¡Bendita perra! En estas situaciones siempre debería haber un perro o un niño pequeño cerca -cumplen la misma función- para ganarse las simpatías de los suegros. Algo que, por cierto, ya decía Jane Austen. Aunque claro... teniendo en cuenta que Jane Austen -contrariamente a lo que diga la película- murió sin marido, ni novio, ni tan siquiera un puñetero perro que le ladrase... En fin que lo mismo no es buen ejemplo para seguir en estos tiempos.

El resto del día parece que fue bien y conseguí sobrevivir al encuentro incluso en el momento de la comida cuando logré poner cara de agrado cuando por dentro me estaba ahogando porque mi suegra se había pasado "ligeramente" con el vinagre de la ensalada. Muy "ligeramente". Estaba por replantearme mi carrera porque mi talento actoral era mayor del que creía. Pero lo peor... bueno, lo más extraño de esa jornada estaba por llegar.
Por fin se había hecho de noche.

Como he dicho era verano y hacía calor. No hacía ni 5 minutos que me había ido a la cama cuando me sobrevino la tentación de recostarme contra la pared que parecía de lo más fresquita. Y en ese instante un agujero negro en la habitación de mi novio -ese día dormimos separados que conste- me succionó hacía abajo quedando atrapada entre la cama y la pared antes casi de llegar a pensar "Oh que bien se esta aquí". Parece una tontería pero pensadlo por un momento: yo, en aquella postura, inmovilizada allí hasta por la manaña a la espera de que alguien encontrase mi cuerpo aprisionado en aquella trampa mortal. Porque la opción de pedir socorro estaba descartada ya que no parecía la situación apropiada para dar una buena impresión a los suegros.

Pensé entonces que mi novio sería el primero en llegar. Que aparecería cual príncipe azul a hacerme una visita nocturna y me liberaría de mi mal. ¡Oh mi héroe! Pero después de un par de minutos en aquella posición ni héroe ni narices. En aquello me encontraba yo sola contra mis dos feroces enemigos: la pared y la cama. En mi mente sonaba la música de Xena la Princesa Guerrera mientras se creaba una imagen mental en mi cabeza conmigo arrastrándome por debajo de la cama como un soldado entre las trincheras. Aunque aún me iba a encontrar otro problema... La cama estaba ejerciendo presión y me estaba quedando sin aire. Debía ser rápida y no sólo sigilosa. En mi cabeza la melodía cambió y ahora sonaba Misión Imposible. La de los 10 panes, los 2 pirulís y 1 donut.

Como ya he dicho me estaba quedando sin oxigeno...

Al final con un preciso y calculado movimiento conseguí que mi pierna aprisionada llegase hasta el suelo. Luego tuve que empujar con lo que viene siendo la espalda y con una patada volver de un salto a la cama. Vamos que me caí del todo y al menos pude salir rodando como una cochinilla de aquella trampa mortal. Tentada estuve de dormir aquella noche en el frío suelo...

Y no, no volví a apoyarme en la pared.

3 comentarios:

Mythos dijo...

Y yo mientras tanto pensando que dormias tan tranquila agotada por el viaje. Por el bien que me interesa espero que la próxima vez que vengas -pronto- sea en avión.

Osukaru dijo...

Coñe... Me ha gustado mucho como está narrada la historia!. Muy bien, muy bien!.

En cuanto al Saló del Cómic... A ver que año podré ir. No he ido nunca... -sigh-

ladilla verde dijo...

y eso q no ha contado el dia que se esparramo por las escaleras huyendo de aquel monstruo acosador al que llamamos "el pesao"..nooooooooooooo..la verdad es q tuvo mucho gracia