1 de julio de 2009

Podría Pasarle a Cualquiera -La Avispa-


Era un día aburrido, como de costumbre, en clase de Brasan. Brasan es el típico profesor que, como su propio nombre indica, es una brasa. No nos quedamos calvas para ponerle el apodo pero le compusimos una canción preciosa (otro día la conoceréis). El caso es que Jezabel y yo estábamos atendiendo a sus explicaciones como alumnas ejemplares (JA!) en un estado de meditación profunda: yo meditaba sobre como estaría Hugh Jackman en bolas y Jezabel canturreaba la canción de Los Mosqueperros mentalmente y, a veces, audiblemente.

De pronto se oyó como un ruido que parecía una voz en la lejanía. Será mi Hugh diciéndome "Soy todo tuyo" pensé. La dura realidad es que no era mi Hugh sino Brasan con su voz desagradable que invita al sueño intentando interrumpir, paradójicamente, mi fantasía. Entonces recapacité: "¿No habré vuelto a confundir la palabra puertas con putas?".

La situación me la explicaron después cuando Jezabel me pegó con todos sus folios en mi cabeza demostrando el gran amor que tiene hacia mi persona. Después de dejarme desorientada añadió: "¡Que ha dicho que hay una avispa!". Entonces, volví a pensar para mí, "Ya picará al gilipollas del pelota", pero miré a mi alrededor y allí estaba la muy puta al lado de mi cabeza posada junto al cristal de la ventana.

Como soy una gran amante de estos bichitos que pican (jajaja) decidí dejarla vivir. Allí posada en el cristal de la ventana me daría un motivo de entretenimiento en aquella clase viendo a la pobre avispa desesperada por salir de aquel horrible lugar (porque sí, la pobre avispita, reitero, quería huir de aquel terrible lugar).

Así que dejé de mirar a la avispa y volví la vista al frente. ¿Cuál fue mi sorpresa? Ver a Brasan con cara de paciencia esperando que hiciese algo con la avispa. "Pero si la pobre ahí no hace daño a nadie. ¡Ya te picase en los huevos y te murieses, pesao!" pensé. Pero Brasan no había comprendido mi postura y tuve que debatirme entre dos opciones: echar a la avispa por el ventanal que había al lado abierto (porque el que estaba a mi lado no la abre ni Hulk) o matarla de un solo golpe para que no sufriera.

Como todo el mundo sabe y conoce no soporto a esos bichos por lo que la opción de echarla quedó rápidamente descartada a no ser que encontrase algo lo suficientemente largo como para no tener que aproximarme a ella a menos de cinco metros. Así que por como podéis deducir, con vuestra inteligencia arrolladora, decidí aplastarla sin ninguna piedad.

Para ello revise todos los objetos que se encontaban en la mesa. El primer objeto que atisbé fue mi estuche de PARIS. Sin embargo eso implicaba que seguramente la avispa se quedaría pegada en él y luego habría que limpiarlo, así que deseché la idea. A continuación vi los folios con que Jezabel me había arreado antes pero como yo soy buena no se los quite (porque la quiero mucho jajaja). De esta manera, me encontraba en un apuro, porque Brasan seguía mirándome y Jezabel no sé porque motivo tenía cara de acojonamiento (y eso que Kiko, su emo admirador/acosador, no estaba cerca).

Ahora vais a entender porque Jezabel me tiene tanto aprecio. Como si me encontrara en mi casa decidí sacar mi arma más letal: mi manoletina de color blanco (observar foto adjunta). Al ver la clase que buscaba algo en el suelo todos pusieron cara de que coño está haciendo esta. Cuando me levanté, empuñando mi gran manoletina del número 37 y me puse de frente a la ventana, calculé como debía darle a la avispa. Porque la muy puta estaba cerca del marco y con ese zapato, tan flexible de suela, y temía que se iba a doblar y que cuando la retirase para ver el cadáver no estaría ahí, y como venganza la avispita me picaría en los ojos y no a Brasan en su enorme pandero que era el culpable de aquella situación.

Después de calcular como debía dar el golpe de gracia eché mi mano hacia atrás, que creo que casi le pegué a Jezabel con ella en la cara de tanto estirar el brazo, agarré mi manoletina con firmeza y exclamé para mí "¡Hostia va!" y ¡Boom! le dí tan fuerte al cristal que este se tambaleó. Pero he de decir que no es difícil hacer que los cristales de las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada se tambaleen porque la facultad es tan antigua que los cristales ya no tienen ni rastro de silicona alrededor de ellos para evitar ciertas desgracias. Como que no se caigan encima de personas inocentes (¡Coño! Ya hemos descubierto para que los tienen así: ¡Para matar a Brasan!). Están tan mal que en invierno entra el frío por todos lados. Si quieren matarnos y no nos hemos dao ni cuenta...

Bueno a lo que iba, dí ese gran golpe, quite la zapatilla y para mi sorpresa y la de todos los demás que se encontraban en la clase (descojonándose de verme con el zapato en la mano) la puta avispa seguía viva. Por supuesto no iba a echarme atrás en mi iniciativa y solté otro golpe aún más fuerte volviendo a calcular para asegurarme de que esta vez sí la mataría (jajajaja) pero allí seguía la muy puta. Entonces, para mis adentros, pensé "¡PUTA AVISPA DE LOS COJONES, NO ME VAS A DEJAR ASÍ!". Así que desistí en calcular y pasé a pegarle "hostiejas y zapatazos" sin piedad alguna y el cristal venga a balancearse (casi me lo cargo).

Finalmente, al cuarto golpe, la avispa cayó al suelo. Y exclamé tan feliz, que no me cabía la sonrisa en la cara, "Hala, pos ya no hay avispa". Se empezó a reír todo el mundo de nuevo pero era una realidad como un templo que ya no estaba. Encima el gilipollas de Brasan va y dice: "Se habrá muerto del susto". Otra vez a reírse la clase. Por ese motivo me dieron ganas de decirle "¿A qué no hay huevos de poner tu enorme cabezota aquí en el cristal? A ver si te mueres de susto o de qué te reviento la cabeza como si fuera un tomate podrido".

La pobre avispa quedó descuartizada en cuatro pedazos y para asegurarme de que no volvía a revivir la pisé.

Además, pasé un mal rato porque no soporto esos bichos, me dan asco y miedo. Soy de esas gilipollas que de pequeñas una vez les dijeron que si una avispa se le acercaba se mordiera la punta de la lengua para que no le picase (hablando de lenguas un día contaré lo que me pasó una vez haciendo "la cascada"). El caso es que un día me mordí la lengua tan fuerte que casi me quedo sin la puntita porque aquello no era una avispa sino un "avejonazo". Y después razonas, cuando todo ha pasado, "Ni que la avispa tuviera rayos láser en el culo para ver si te estás mordiendo la lengua o no".

Resumiendo esa ha sido la clase más divertida de Brasan en todos sus años de profesor y nadie se ha dignado a darme las gracias ni nada. Incluso Brasan se reía tanto de la situación que se tuvo que quitar las gafas.

En fin. Ya sabéis que si necesitáis matar a una avispa llamad a Ladilla Verde que mata por perseverancia que no por precisión.

5 comentarios:

Mythos dijo...

Ya he comprobado que no te cortas un pelo nunca xDD Mucho más ameno para la clase debió ser esto que poner diapositivas o algun trozo de la película. Seguro xDD

Osukaru dijo...

MYTHOS & cía: Me váis a perdonar que no haya puesto comments últimamente, pero algo falla en mi blogroll. Mañana os leo todos los post, me pongo al día y os comento cosas.
Un saludo, chic@s!.

Jezabel dijo...

No pensaste para ti "puta avispa", lo dijiste bien fuerte mientras la aporreabas... Por cierto, lo de darte con los folios fue en un acto de solidaridad porque me venia de frente y te la lance.

ladilla verde dijo...

jajajj...jo habria sido digno de ver desde afuera que penita..acto de solidaridad y de egoismo diría yo..no???

Anónimo dijo...

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