-Publicado Previamente en Zona Negativa-
"Si lo piensas detenidamente, todo tiene que ver con el juego limpio. Si la gente viviera según las reglas del juego limpio... mi gente... toda la gente tendría un trato más justo"
Introducción
En la esquina azul, con calzones blancos, desde Louisville, Kentucky… un
auténtico genio del cuadrilátero y el campeón del pueblo… ¡
Muhammad Ali! Y en la esquina roja, con capa y mallas azules, desde el planeta Kripton… Kal-el, que lucha como… ¡
Superman! Como un auténtico espectáculo pugilístico, así presentaban en 1978 el veterano guionista
Denny O´Neil y el excelso dibujante
Neal Adams el mayor combate del siglo XX:
Superman Vs. Muhammad Ali.
Una obra heredera de su tiempo, los locos años setenta, una época en la
que cualquier lector podía encontrarse con verdaderas extravagancias
difícilmente repetibles en el panorama del cómic
mainstream
estadounidense moderno. Por entonces, era completamente normal encontrar
publicaciones protagonizadas por ídolos musicales como
Kiss o
Alice Cooper, igual que lo sería la llegada de personajes clásicos de la literatura de terror como el
Drácula de
Bram Stoker a las páginas de los cómics
marvelitas mientras en
DC Comics el
Sherlock Holmes de
Arthur Conan Doyle vivía nuevas aventuras junto a
Batman, su aprendiz más aventajado, y se ponían en marcha los primeros
crossovers superheroicos entre editoriales, como el ya mítico
Superman vs. The Amazing Spider-man de
Gerry Conway y
Ross Andru , un precedente a tener en cuenta cuando se habla del
Superman Vs. Muhammad Ali de
Denny O´Neil y
Neal Adams. En este panorama no resulta extraña, pese a que el propio
Neal Adams desafíe
“a cualquiera que dijera que podría haber predicho este proyecto”, una obra de este cariz, fruto de
“una operación afortunada en un momento de bajada en picado de las ventas”, como bien apunta
Álvaro Pons en
La Cárcel de Papel, supeditando a ella cualquier valor artístico que pudiese atesorar dicha aventura. En aquellos años
Muhammad Ali, nacido como
Cassius Clay antes de su conversión al Islam, era una leyenda viva del deporte y una figura destacable del
show business estadounidense,
“el Superman negro”, como así lo llamaría el grupo británico
Johnny Wakelin And The Kinshasa Band en la canción que dedicarían al popular boxeador en 1974 y que llevaba por título
Black Superman. Por su lado,
“el auténtico Superman”, se había convertido en todo un cuarentón, la creación inmortal de
Jerry Siegel y
Joe Shuster había madurado y estaba a punto de convertirse en todo un icono cinematográfico, volando de las viñetas de los cómics al
glamour de Hollywood, todo a consecuencia del inminente estreno de la película dirigida por
Richard Donner y protagonizada por el fallecido
Christopher Reeve.
Era cuestión de tiempo que los destinos de ambos personajes se acabasen
cruzando, de una manera u otra, pues no hay que olvidar que estamos
también en el naciente mundo contemporáneo del
marketing y la
publicidad, instrumentos que se habían profesionalizado en los últimos
años y en los que la creatividad empezaba a jugar un peso importante a
la hora de acercar un determinado producto a los consumidores. Por
separado,
Superman y
Muhammad Ali eran dos grandes marcas, pero juntos eran algo más, eran los mejores.
Historia y Análisis
Las casualidades no existen. No puede ser una simple cuestión de azar
que en 1978, el mismo año en que se estrenaba la mencionada película
Superman de
Richard Donner, un par de experimentados y curtidos autores de la talla
Denny O´Neil y
Neal Adams presentasen un cómic como
Superman Vs. Muhammad Ali. Una obra concebida a mayor gloria de dos de los iconos más representativos de la América de los setenta que desde
DC Comics
tratarían con toda la fanfarria y lujo que merecía la ocasión,
auspiciando una maniobra comercial que les llevaría a publicar una
edición en gran formato de dicho cómic, como ya se había hecho con la
pionera
Superman vs. The Amazing Spider-man de
Gerry Conway y
Ross Andru ,
lo cual no paso desapercibido en la prensa de la época que lo vivió
como todo un acontecimiento. En este aspecto tuvo mucho que ver, como
relata la editora
Jenette Kahn, una figura como
Don King, el famoso y extravagante promotor pugilístico que
“tenía el corazón de un estafador y la imaginación de un visionario”, organizador de algunos de los combates más recordados de
Muhammad Ali contra rivales de renombre como
George Foreman y
Joe Frazier. Este peculiar personaje, inspirado por el éxito de ese
Superman Vs. The Amazing Spider-man, promocionado como
The Battle of the Century y en el que también habían colaborado el mismo
Neal Adams y
John Romita Sr., había sabido ver la posibilidad de seguir rentabilizando la fama de
Muhammad Ali
más allá de los cuadriláteros, pues no podía haber mejor reclamo
publicitario que la de ver al héroe del pueblo enfrentado a un
“verdadero Hombre de Acero”. El proyecto sólo requería la aprobación del manager del boxeador,
Herbert Muhammad, de su abogado
Charles Lomax y del propio
Muhammad Ali ,
cuando las condiciones del trato estuvieron claras finalmente
accedieron a ello, todo lo demás, como se suele decir, es sólo historia.
Contra todo pronóstico el
Superman Vs. Muhammad Ali de
Denny O´Neil y
Neal Adams
se ha convertido con el transcurrir de las décadas en todo un cómic de
culto que ha sabido trascender las limitaciones impuestas por su género y
finalidad originales para alzarse como un referente victorioso de un
período en el cual todo parecía nuevo y fascinante, tanto en las
viñetas, donde había un universo por explorar, como en el deporte, que
definía a los héroes del mañana.
Superman Vs. Muhammad Ali
parte de una premisa muy simple, cuando Rat’Lar, el líder de una
belicosa raza extraterrestre llamada Scrubb y originaria del planeta
Bodace, declara a la humanidad una especie peligrosa y destructiva que
debe perecer para salvaguardar la integridad del universo. Pero, para
evitar la confrontación bélica Rat’Lar propone a la Tierra que escojan a
su campeón para enfrentarse y medir sus fuerzas al invicto guerrero
Hun-ya, sólo si este es derrotado en un combate en igualdad de
condiciones los Scrubb desistirán de sus intenciones y renunciarán a la
guerra. Dos son los únicos pretendientes que aceptan el desafío, el
altruista y luchador por la libertades
Superman y el ególatra campeón de los pesos pesados
Muhammad Ali
que están dispuestos a enfrentarse en un combate previo para dilucidar
quién de ellos debe batirse para representar a la Tierra y liberarla de
su fatídico destino.
Con este argumento, planteado por
Denny O´Neil y
Neal Adams
aunque desarrollado en más extensión por este último, tenemos un cómic
marcado por la acción y por las constantes vueltas de tuerca pero, sobre
todo, por la espectacular narrativa gráfica desplegada por uno de los
grandes artistas del cómic superheroico estadounidense que resulta todo
un
uppercut directo a la creatividad. Este aspecto convierte a
Superman Vs. Muhammad Ali en todo un clásico, en un cómic referencial, son los lápices de
Neal Adams
los que consiguen esconder las debilidades argumentales de una historia
marcada por una sarta de tópicos recurrentes del género superheroico y
convertir el resultado final en un potente gancho visual muy difícil de
olvidar.
Superman Vs. Muhammad Ali es un producto pensado y meditado para ser todo un acontecimiento pero
“no sólo tenía que ser un entretenimiento épico sino que también debía
explorar los ideales y las acciones que los habían convertido en héroes
en todo el mundo”, como explica de nuevo
Jenette Kahn,
por lo que son patentes los intentos y esfuerzos de sus creadores para
reflejar fielmente la filosofía y el carácter chulesco y bravucón del
que siempre hizo ostentación
Muhammad Ali. Este era un personaje de primera magnitud y repercusión mediática, un boxeador temible en el ring porque
“flotaba como una mariposa y picaba como una abeja”,
un símbolo que representaba la lucha del ciudadano afroamericano contra
las desigualdades sociales y un hombre de principios que en 1967 había
rechazado incorporarse al ejército estadounidense en su campaña en la
Guerra de Vietnam habiendo sido por ello despojado durante cuatro años
de su título de boxeo. El retrato que de él se haría en
Superman Vs. Muhammad Ali
sería bastante agraciado pero cercano a la realidad, dejando a un lado
la idealización que en él se pueda encontrar fruto del género abordado,
corriendo mejor suerte que el mismo
Superman, un personaje
plegado a las necesidades de la historia y rendido a las excelencias de
su adversario, mentor y compañero. De hecho, podemos decir que
Superman es en este cómic una mera excusa argumental destinada al mayor lucimiento de
“la estrella invitada”, la realidad se impone a la ficción y el
Hombre de Acero mimetiza el comportamiento de
Muhammad Ali
mostrándose tan altanero y desafiante como este y relegando gran parte
del protagonismo que de otra manera atesoraría el famoso superhéroe para
darle a
“The Greatest” una mayor porción del pastel.
Nostalgia, Cuestiones Editoriales y Aficionados
El pasado año se publicaba en Estados Unidos una nueva edición del
Superman Vs. Muhammad Ali de
Denny O´Neil y
Neal Adams, cosa que no ocurría desde hacía tres largas décadas, la nueva versión de este clásico ha sido conocida como
Deluxe Edition.
Este nuevo formato presenta una reducción de tamaño respecto a la
edición original, un nuevo coloreado remasterizado y una portada
retocada y ajustada por el propio
Neal Adams a las
necesidades editoriales. También están incluidos en ella una serie de
extras entre los que destacan algunos bocetos del artista estadounidense
y una explicación de la historia que encierra la mítica portada
original de
Superman Vs. Muhammad Ali en donde podemos
entretenernos buscando a algunas celebridades, reales y de ficción, del
mundo de la política, la televisión, el espectáculo y el cómic de los
años setenta. Esta edición ha sido la escogida por
Planeta DeAgostini para licenciar la obra en nuestro país, amoldando la edición estadounidense al formato
absolute, en detrimento de la
Facsimile Edition
con las proporciones y la portada originales que seguramente habría
disparado y encarecido el precio del producto. Esto último será un drama
y un quebradero de cabeza para muchos aficionados que les incapacitará
para poder disfrutar de esta reedición, algunos de ellos pondrán el
grito en el cielo por el recoloreado de la obra, podría ser mejor pero
también peor, otros por la reducción de formato respecto al cómic
original, demostrando su poca fe en el trabajo de
Neal Adams
al asumir que esa brutal ofensa supone una merma de la calidad de sus
lápices, mientras otros maldecirán el hecho de que la portada de la
edición escogida por
Planeta DeAgostini este
“mutilada”
simplemente porque faltan unos milímetros para poder regocijarnos con
el primer plano de la calva de Lex Luthor u observar en uno de los
laterales, junto al histórico
Joe Schuster, la presencia de los famosos y archiconocidos por estos lares
Bert Wasserman,
Jay Emmett o
Joe Namath.
Vaya por delante, como comentábamos más arriba, que en la presente
edición podemos encontrar entre sus extras la portada original
reproducida íntegramente y con un esquema completo y detallado, con
nombres y apellidos, de los rostros populares y personajes de ficción
que
Neal Adams retrató en ella en los años setenta. No
obstante, las quejas son inevitables, tanto que a veces uno diría que
hay un porcentaje bastante elevado de aficionados que nunca compran ni
leen cómics ya que es imposible que encuentren una edición a su gusto,
es decir, personalizada. Muchas veces las ediciones son mejorables,
nadie dice que no pueda ser el caso de este
Superman Vs. Muhammad Ali,
pero parecemos olvidar que lo importante es nuestra pasión por leer
cómics y no sólo por atesorarlos como una reliquia sagrada en una
estantería. Muchos pueden acabar hastiados de tanto elitismo que provoca
que, más veces de las que debería, estemos más preocupados de hablar de
formatos y decisiones editoriales polémicas que de las virtudes y
defectos del cómic de turno y de intercambiar opiniones e impresiones
sobre el mismo.
Nos quejamos, no sin falta de razón, cuando las editoriales nos
avasallan con ediciones de auténtico lujo y a precios indecentes y
desorbitados que hacen a estas obras sólo sean accesibles para unos
pocos y agraciados elegidos pero, indirectamente, es lo que muchas veces
les estamos pidiendo con nuestra actitud puntillosa. En este caso en
concreto, todos los cambios que podemos observar en
Superman Vs. Muhammad Ali han sido aceptados, cuando no auspiciados, por sus autores responsables como bien deja entrever
Neal Adams en la introducción del tomo donde afirma, bastante henchido de orgullo, que cualquiera que piense que
“puede borrar la sonrisa que me provoca la reedición de este cómic, anda muy equivocado” para acabar declarando que
“los cómics son un gran negocio al que dedicarse”. Estas declaraciones hacen referencia a la edición
Deluxe Edition estadounidense, que difiere en algunas cosas de la presentada por
Planeta DeAgostini en nuestro país, pero
Neal Adams no se escandalizaría viendo la presente edición ni evitaría firmársela a nadie en el
Salón del Cómic de Barcelona.
Los autores siempre quieren ver sus obras en el mercado porque es lo
lógico y normal. Deberíamos empezar a entender que las ediciones
personalizadas no existen y que los cómics se editan para todo el mundo,
el cómic es un arte pero también es un negocio como bien defiende
Neal Adams,
se produce en serie como los automóviles, los autores cobran por su
arte y aspiran a vivir de él y que la gente pueda disfrutarlo. El cómic,
al igual que el cine o la literatura, está sujeto a los siempre
injustos devenires comerciales y a la particularidad intrínseca que lo
convierte en un tipo de representación artística que pretende ser
accesible a las masas pero, en cambio, parecemos más intransigentes con
las maniobras editoriales aplicadas a él que las que vemos a diario
obras de carácter cinematográfico o literarias. Disfrutemos de los
cómics porque valen la pena y exigamos ediciones dignas pero no pidamos
piezas de relojería, la nostalgia no es un camino a la objetividad y la
industria del cómic evoluciona y cambia como cualquier otro medio. Este
Superman Vs. Muhammad Ali de
Denny O´Neil y
Neal Adams es un cómic que puede sorprendernos pero debemos estar abiertos a esa posibilidad.